Por José María Arévalo
(Parte superior de la fachada principal del Teatro Lope de Vega en 2006)
Hace un año, por esta fechas, daba cuenta la prensa de los planes previstos para el teatro Lope de Vega, tan próximo a mi casa que lo veo todos los días esperando que por fin empiecen las obras en él para dar un uso a este magnífico teatro que tenemos en Valladolid. Desde entonces no he visto nuevas noticias al respecto, aunque lo cierto es que los planes entonces publicados son a más largo plazo. Entre tanto ha cambiado la composición del Ayuntamiento, tras las recientes elecciones, y el nuevo no ha comentado cambio de planes para este edificio, ni en su programa electoral ni después del cambio. Veamos entonces cuales son los vigentes.
El Ayuntamiento anterior había previsto invertir en el Lope de Vega unos 7 millones para recuperar un conjunto sostenible para incluir «tres edificios en uno», versátil y flexible para garantizar «su mayor uso posible» a lo largo del año.
El Lope de Vega, el coliseo más antiguo de Valladolid, ya tiene, desde hace un año, planes para reabrir antes de 2026 convertido ya en un teatro del siglo XXI, respetuoso con el medio ambiente y de consumo energético casi nulo, accesible y, por encima de todo, mutado en un espacio polivalente. Porque el histórico edificio, diseñado a mediados del XIX por Jerónimo de la Gándara, está previsto vuelva a la vida pública rebautizado como Espacios Lope de Vega, «tres edificios en uno» dispuestos para acoger las más diversas propuestas escénicas, pero también congresos, proyecciones de cine, talleres o exposiciones.
Mucho más que un lavado de cara que exigirá una inversión cercana a los siete millones de euros. Las obras comenzarán ya en 2023, una vez cerrado el plan de intervención.
«Va a ser una de las operaciones en el patrimonio histórico de Valladolid más importantes de los próximos años», apuntaba hace un año el entonces alcalde de Valladolid, Óscar Puente, en la presentación del proyecto de rehabilitación escogido para recuperar el espacio, diseñado por los estudios de arquitectura del vallisoletano Óscar M. Ares y de los madrileños Ángela García de Paredes e Ignacio Pedrosa.
«Entendíamos que ese carácter polivalente era fundamental para dar al Lope de Vega el mayor uso posible durante el máximo tiempo del año», subrayó Puente en la presentación. A su lado, Manuel Saravia, como responsable de Planeamiento Urbanístico del Ayuntamiento de Valladolid, reivindicó el trabajo realizado por el Consistorio para hacerse con la propiedad del edificio, en 2020, tras haber intentado en vano que su anterior responsable, Unicaja, se hiciera cargo de su recuperación, y encontrándose también con la negativa de la Junta de Castilla y León a declarar el inmueble Bien de Interés Cultural.
Siete millones para recuperar el teatro
La recuperación del Lope de Vega requerirá de una inversión cercana a los siete millones de euros (6,8), como ya anticipara en 2006 la extinta Caja Duero. El Ayuntamiento solicitó las ayudas del Programa de Impulso a la Rehabilitación de los Edificios Públicos, por lo que podría contar con una inyección de tres millones de euros siempre y cuando las obras concluyan antes de 2026. Entre otras intervenciones, está prevista la ampliación de la torre escénica, proporcionando un cerramiento bioclimático al edificio así como una estructura de paneles fotovoltaicos.
Con la intención de devolver al Lope de Vega el protagonismo en la vida cultural de la ciudad –que dispondrá, como recordó el regidor, de siete teatros–, el proyecto concebido por Ares y Paredes-Pedrosa pretende hacer que sus tres edificios «funcionen simultáneamente o de manera autónoma».
Esos tres edificios, según apuntó ayer Ares, tienen en la Gran Sala su corazón. Tendrá un patio de butacas móvil con hasta seis disposiciones distintas: graderío con y sin foso, con capacidad para entre 534 y 552 personas, respectivamente, para espectáculos de zarzuela, danza y teatro; graderío sin foso más caja acústica, para recitales, conciertos de cámara y propuestas de magia; platea plana en posición baja, para conciertos; platea escalonada, para montajes de café teatro; y platea plana en posición alta con escenario central, para monólogos, microteatro o teatro participativo. Los palcos de las plantas segunda y tercera se sustituirán por sendas galerías de butacas, manteniéndose los de las plantas baja y primera.
Anejos al espacio histórico estarán los denominados Espacio Veinte de Febrero y Espacio María de Molina. El primero, tras ser rehabilitado, se transformará en sala polivalente para distintas celebraciones y presentaciones culturales, acogiendo también la cafetería del teatro. El segundo, iluminado por un gran lucernario, no solo servirá como espacio de conexión, ya que contará también con gradas retráctiles que reconfigurarán un lugar llamado a ser mucho más que un simple hall de acceso.
Estado de las instalaciones
Durante su intervención, Saravia destacó el estado en el que se encontraba entonces el patio de butacas, «mejor de lo esperado», no así la zona de camerinos o el llamado Espacio 20 de Febrero, aquejado de filtraciones, por ejemplo. Cuando cerró el Lope de Vega, en abril de 2000, ofrecía a los vallisoletanas 934 plazas, 168 de ellas de visibilidad reducida.
Hay cuatro elementos destacables en este proyecto, el primero es el espacio de María de Molina, donde se jugará con una sala polivalente que será retráctil y si el visitante se adentra más se encontrará un lugar pequeño y bien iluminado que se abrirá poco a poco «de manera sorpresiva».
En cuanto a la zona de accesos, una de las partes «más devaluadas del teatro», no solo por el hundimiento del lucernario principal, sino también «por las diversas disfuncionalidades que se han ido sucediendo se ha diseñado un nuevo cortavientos de acceso que iluminará la estancia».
La entrada contará con una rampa con una ligera pendiente de menos del 4 por ciento, «en consonancia con la voluntad inclusiva del proyecto», la cual permitirá eliminar los peldaños actuales y conducirá al espectador a un gran atrio en triple altura, bañado por la luz natural del lucernario que se dispone.
El patio de butacas, por su parte, va a tener hasta seis variaciones posibles, y se configurará como un espacio en el que se podrán realizar exposiciones, desfiles, obras, etc. Por último, el arquitecto hizo énfasis en que la organización del teatro también piensa en el medio ambiente, ya que se ha pensado como un lugar «muy complejo» en el que se potenciará el uso de energías renovables con un consumo energético casi nulo.
En fin, esperemos que este proyecto siga adelante en manos del nuevo Ayuntamiento del P.P. más Vox, para no incurrir en más retrasos. Seguiremos atentos por si hay cambio de planes.
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