Por Carlos de Bustamante
(Soldado. Acuarela de Padilla en todocoleccion.net)
Ruego al improbable lector de este nuevo chascarrillo del coronel de Infantería don Luis Esquiroz, no tome a mal el palabro que bien pudiera calificarse de grosero. Si en el título pude encontrar un sinónimo, a lo largo del chascarrillo y para que fuera tal, hice uso de lo que, sin rubor alguno, define así la Ilustrísima RAE.
No se me rasgue las vestiduras el personal, y no cargue con las culpas de escritura `marrón´ al autor. Y si así os pareciere (que no creo, tratándose de chascarrillos), acudid si os pete a la RAE para, si acaso, compartir culpas.
Ventosidad:
Del lat. tardío ventosĭtas, -ātis, y este der. del lat. ventōsus ‘ventoso’.
- f. Cualidad de ventoso (‖ flatulento).
- f. Gas intestinal encerrado o comprimido en el cuerpo, que se expele por el ano.
Sinónimos: pedo, flatulencia, gases, cuesco.
Vamos ya al chascarrillo:
“Las circunstancias caen fuera del dominio del hombre; pero la manera de conducirse en ellas es cosa que está en su mano. (Disraeli).
En determinada ocasión, cierto teniente, en la Escuela Militar de Montaña -no recuerdo con motivo de qué visita, inspección o solemnidad- tuvo que asistir formando como oficial en una compañía a la preparación de una gran parada en el patio de armas del acuartelamiento de San Bernardo. En lo más solemne de la parada y justo en el momento en que el director de la Escuela pasaba revista a una compañía, un soldado componente de la misma, no pudo evitar dar suelta a una ventosidad que amenazaba con reventar su integridad física. Quiso el Diablo que lo que él pensaba sería un escape suave y silencioso, se transformó en un horrísono pedo capaz de estremecer los cimientos de la peña Oroel.
Algunas veces las `boliches´ de Embún juegan estas malas pasadas (l). El asombro primero y el estupor después, se reflejó en la cara del director que, lanzando improperios sobre la educación y la disciplina, se retiró sin querer saber más de aquella formación con tan extrañas `voces de mando.´
Los oficiales de la compañía comenzando por su capitán, atónitos y perplejos, no sabían cómo actuar ante aquel desaguisado. Pero aquello no podía quedarse así, había que corregir y reprender; pero… ¿Cómo…?
Hasta que Don Roberto, oficial experimentado, de una gran profesionalidad y gran conocedor de la psicología del soldado, haciéndose cargo de la situación, tomó el mando de la Compañía y con gran energía y sin pérdida de tiempo, inició una tanda de movimientos de orden cerrado. La compañía entera se movía como un solo hombre, los soldados no eran dueños de sus actos y se movían como verdaderos autómatas. Al final de una de las series, colocándose al frente de la formación, con voz enérgica ordenó:
— ¡A cubrirse! ¡ Ar! Y tú, ¡más a la derecha! Aquél, ¡más a la izquierda!
Y mientras con la cabeza levantada miraba las hileras, con su mano derecha hacía señales para que se alinearan correctamente todos los soldados. En medio de aquel silencio sepulcral atronó de improviso la voz del teniente:
—¡El del pedo!, ¡un paso a la izquierda!
El autor del estropicio, que en el fondo era un buen soldado, al sentirse aludido tras la barahúnda de órdenes y movimientos anteriores todas seguidas, no se lo pensó dos veces y ejecutó el movimiento ordenado dando exactamente el paso fatídico.
No cabe duda de que Don Roberto era un psicólogo.
(l) Boliche de Embún : judía blanca redonda y mantecosa, famosa por su gran calidad. Las de este pueblo gozan de gran renombre.”
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