Por José María Arévalo
(Collar de vidrio de la tumba 144, necrópolis de Las Ruedas)
El 24 de enero se iniciaba la exposición “Pintia. Joyas de vidrio para la eternidad” en el Museo de la Universidad de Valladolid (MUVa), que se mantendrá hasta el 27 de marzo. Se trata de una muestra que exhibe algunos de los principales hallazgos de vidrio de la Edad del Hierro, fruto de los trabajos de investigación de la Universidad de Valladolid a lo largo de más de cuarenta años, recuperados en la Zona Arqueológica “Pintia”, en los términos municipales de Padilla de Duero/Peñafiel y Pesquera de Duero.
Abarca Pintia 125 ha de extensión que engloban diversas áreas funcionales, entre las que destacan la zona de hábitat de Las Quintanas, su necrópolis de Las Ruedas o el barrio artesanal de Carralaceña. La ciudad, de más de veinte hectáreas de superficie, contó con un potente sistema defensivo compuesto por una muralla de siete metros de anchura, con berma, tres fosos consecutivos y un posible campo minado. El cementerio, de unas seis hectáreas de extensión y una ocupación desde el final del siglo V a. C. hasta el inicio del II d. C., contó con un área anexa de ustrina, conocido hoy como Los Cenizales, donde se desarrollaban los rituales normativos de la cremación de los cadáveres. Finalmente, al otro lado del río, en Pesquera de Duero, se situó el barrio alfarero, en el que se han podido delimitar las zonas de hábitat, talleres, hornos y una necrópolis propia.
Hasta el momento los hallazgos de vidrio se han localizado de forma testimonial en la ciudad de Las Quintanas y de manera abundante en la necrópolis de Las Ruedas.
(Collar mixto de cuentas de vidrio azules gallonadas y metálicas, colección T. Madrazo (Museo de Valladolid)
Función del vidrio en la Antigüedad
El vidrio jugó un papel trascendental en las poblaciones la Antigüedad gracias su carácter de bien de prestigio. Los 1158 hallazgos hasta ahora documentados hacen de esta colección una de las más relevantes de toda la península ibérica. Se trata fundamentalmente de cuentas de collar y algunos colgantes de vidrio que unen a su importancia intrínseca su recuperación en contextos arqueológicos precisos y permiten una lectura social sobre sus propietarios. El estudio interdisciplinar arqueológico y de composición mediante tecnología Raman y fluorescencia de Rx, realizado dentro de un proyecto competitivo de investigación financiado por la Junta de Castilla y León, que tendrá continuidad en otro del Ministerio de Ciencia e Innovación a partir de este año, sitúan a este conjunto pintiano entre los de referencia a nivel europeo, al tiempo que expresan el decidido compromiso de la Universidad de Valladolid, y de su Museo, por revertir a la ciudadanía el conocimiento generado. Una muestra que pone un contrapunto positivo a las tristes y recientes noticias de la destrucción de una parte de Pintia.
Registros funerarios
Los abalorios de vidrio son materiales de gran relevancia por numerosas razones, entre ellas por su marcado carácter profiláctico. Su tecnología de fabricación, probablemente desconocida por las gentes durienses, dio lugar a piezas de diversas formas y llamativos colores, lo que seguramente fascinó a la sociedad pintiana de los siglos V a. C. al I d. C. El interés por adquirir tales “exótica” se ha visto reflejado en el registro funerario. Algunos individuos de alto estatus se las llevaron a sus tumbas, en forma de objetos personales, ofrendas y/o de amuletos protectores para contar con un propiciatorio viaje al más allá. En efecto, una de las características más reseñables de los adornos vítreos es que estamos, sin lugar a dudas, ante elementos de prestigio. Las cifras son suficientemente expresivas ya que, de las 320 tumbas recuperadas hasta el momento en la necrópolis de Las Ruedas, tan solo 13 de ellas contaban con vidrios entre sus ajuares, lo que supone apenas un 4 %. Este fenómeno no es exclusivo del cementerio padillano, sino extensible al resto de camposantos prerromanos ampliamente excavados en el solar peninsular.
De esta manera, en la necrópolis íbera de La Albufereta (Alicante) el vidrio comparece solo en 16 de las 400 tumbas excavadas (4 %); en El Cigarralejo (Murcia) en 87 de 547 (15,9 %); en la celtíbera Numancia (Soria) en 8 de 155 (5,2 %); y en la necrópolis vetona de La Osera (Ávila) tenemos constancia de abalorios vítreos en 68 de las 2.230 tumbas excavadas (3 %). Por tanto, podemos concluir que, estos materiales no estaban al alcance de cualquier miembro de la sociedad, menos aun teniendo en cuenta que eran objetos importados, verdaderos exotica, cuya materia prima y tecnología provenían de lugares muy lejanos. Asimismo, junto a su función representativa tenemos que valorar su faceta ornamental. De esta forma, collares, pulseras, gargantillas y colgantes serían combinados en la vestimenta de la aristocracia vaccea junto a fíbulas, torques, anillos, armas, amén de distintos tipos de elementos de cuero y/o correajes.
( Tumba 290, necrópolis de Las Ruedas)
Lamentablemente, no somos capaces de conocer, de forma precisa, cómo se articularon estos elementos sobre las distintas partes del cuerpo por la falta de documentación iconográfica (escultórica o pictórica), pero no cabe duda sobre el papel que debieron de jugar en conjunto como símbolos visibles y representativos de posición social, riqueza, fortuna, poder o protección divina, erigiéndose en modelos que favorecerían la convivencia, la solidaridad o la sociabilidad, en diversos momentos de la vida y en la muerte.
En lo que respecta a sus funciones profilácticas, como amuletos protectores, cabe mencionar que, en términos generales, todas las sociedades de la Antigüedad creían que determinados objetos tenían poderes contra las maldiciones y los malos espíritus, más aún en su viaje al más allá. La gran cantidad y variedad de amuletos documentados a lo largo y ancho del Mediterráneo —tanto de temáticas egiptizantes, helenísticas y semitas, entre otras— pone de manifiesto la preocupación por la buena suerte y la fortuna en diversos temas como la fertilidad, los intercambios comerciales, la fundación de ciudades, y por supuesto en la muerte.
Talleres de producción de vidrio
A este respecto, los vacceos debieron de contar con códigos específicos, asignados a determinados amuletos y objetos, como muestran distintos elementos de la tumba 127b (huevo de oca, sonaja, 117 gargantilla, fíbula de cabeza de lobo, etc.) perteneciente a una joven princesa. En esta línea hemos de interpretar las cuentas oculadas y la bifronte de la tumba 144, ya que ambos tipos se han relacionado con una marcada función profiláctica. Por otro lado, el registro de vidrios de Pintia nos permite debatir sobre la cuestión de la ubicación de los talleres secundarios de producción de vidrio. La presencia de un número de cuentas elevado, unido a la recogida de vidrios termoalterados, espumas vitrificadas, etc. ha dado pie a algunos autores, pese a tratarse de hallazgos superficiales, a proponer la existencia de talleres secundarios de producción de vidrio. Por nuestra parte, entre los materiales recuperados en la necrópolis de Las Ruedas de Pintia podemos observar idénticas circunstancias a las señaladas y, sin embargo, no creemos prudente plantear una producción local. La diferencia en nuestro caso es que contamos con abundantes cuentas procedentes de un cementerio de incineración. Algunas de ellas, como las de la tumba 247a, han sido analizadas y muestran una alteración generada en el proceso de cremación del cadáver, a unos 600 ºC, tal y como se ha descrito en el apartado correspondiente.
(Collar mixto de cuentas de vidrio azules y conchas marinas, tumba 247a, necrópolis de Las Ruedas)
Sin embargo, sabemos que para su fabricación se requiere de unas temperaturas de 1000-1200 ºC. Siendo poco probable la producción local como decimos, debemos preguntarnos cómo estos objetos y en tan abultado número alcanzaron el Duero medio. Como veremos no es una cuestión fácil de dilucidar ya que en algunas zonas el estudio del vidrio prerromano se encuentra aún en un estado muy incipiente. En cualquier caso, la observación de los hallazgos vítreos peninsulares en un mapa de dispersión parece mostrar una vía de penetración desde la costa atlántica centro-occidental hacia la meseta hasta alcanzar la cuenca del Duero, una ruta en la que destacan algunos sitios por el gran número de abalorios de vidrio documentados: Porto de Sabugueiro, en la desembocadura del Tajo, con 228 cuentas de collar, Cabeça de Vaiamonte (Portalegre) con 900, Pajares en Villanueva de la Vera (Cáceres) con más de trescientas, El Raso de Candeleda (Ávila) con 789, y por último Pintia, con 1158 ejemplares. Esta posible ruta habría que ponerla en relación con el aumento del poder comercial púnico en toda la fachada atlántica y cornisa cantábrica, donde se percibe un incremento nunca antes visto de las importaciones mediterráneas en asentamientos locales a partir de la Segunda Edad del Hierro, y particularmente en los siglos IV-II a. C.
Otra posible ruta de penetración de los vidrios es la que viene desde la Europa céltica. En estas regiones se tienen atestiguados talleres donde se fabrica el denominado “vidrio céltico”, cuyas piezas más características son los brazaletes, los cuales se documentan desde al menos el siglo III a. C. En cuanto a las cuentas de collar, parece que su producción en estos territorios es más tardía, se registran a partir del siglo II a. C. e irán desbancando a los brazaletes a lo largo del I a. C. Con todo, hemos de contemplar esta vía de penetración, no solo por la documentación de vidrios producidos en la Europa céltica, sino por la constatación de un comercio prerromano que mueve productos a través de la costa aquitana, con la subsiguiente penetración de bienes a través de la cornisa cantábrica y de ahí a la meseta.
Además, no debemos olvidar que, en la llanura húngara y eslovena, zonas tradicionalmente asociadas a poblaciones celtas europeas, se documenta una inusual concentración de cabecitas 119 con dos rostros como la hallada en la tumba 144 de Las Ruedas, lo que viene a reforzar esta posible vía de penetración de vidrios hacia la meseta Norte y Pintia. Así y todo, ambas rutas comerciales son compatibles con el registro de vidrios pintiano, e incluso habría que contemplar otros caminos intrapeninsulares, desde el área tartesia, como la vía de la plata, o desde el SE peninsular ibérico. Tampoco podemos descartar que en un primer momento (siglos IV-III a. C.) la principal ruta fuera la mediterránea y atlántica, mientras que más tarde (siglos II-I a. C.) la balanza se inclinara más por productos importados desde Centroeuropa, si bien estas hipótesis deberán ser corroboradas en futuros trabajos.
(Una de las cuentas con “ojos”, con el cuerpo amarillo y los “ojos” en blanco y azul)
Procedencias
En definitiva, aún quedan muchas preguntas por responder sobre la posible variabilidad de rutas y procedencias de estos pequeños objetos, sin que debamos descartar con rotundidad la existencia de talleres locales, aunque actualmente no nos parezca probable. Igualmente, poco podemos decir aún sobre dónde residieron los habilidosos artesanos que dieron forma a estas piezas, particularmente las más sofisticadas como el colgante bifacial. Para encontrar respuesta a esas cuestiones será necesario seguir dando “voz” a estos materiales, ya no solo a los recuperados en el yacimiento vacceo de Pintia, sino a mayor escala, a otros de diversos enclaves de la península Ibérica e Islas Baleares, como primer paso, y posteriormente todo el Mediterráneo. Sólo de esa forma podremos vislumbrar, a través del estudio arqueológico y arqueométrico, la biografía de las cuentas de vidrio prerromanas.
El primer paso hacia ese ambicioso objetivo ya está en marcha, el grupo de investigación AHMAT y el CEVFW de la UVa extenderán este estudio a escala peninsular e Islas Baleares con el proyecto “Lithos Chytos (ex tes) Iberias. Análisis físico-químico de cuentas de vidrio prerromanas: una ventana al pasado de Iberia”, financiado por la Agencia Estatal de Investigación para el periodo 2023-2026 (PID2022- 142495NB-I00), con el objetivo de trazar las rutas de introducción de las cuentas de vidrio prerromanas desde los emplazamientos costeros hasta el interior peninsular, y de esa manera comprender un poco mejor, a partir del estudio de estos materiales, nuestro pasado.
Home