Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Chascarrillos militares. 20. El celo 

Tres foramontanos en Valladolid 25 Abr 2024 - 07:20 CET
Archivado en:

Por Carlos de Bustamante

Vamos con el vigésimo de los chascarrillos de Luis Esquiroz Medina, pero permítanme una breve introducción.

Cuentan que cuando muchos de nuestros soldados voluntarios se incorporaron en Rusia a las fuerzas del tercer Reich en la División Azul   no iban por lo general bien equipadas para vivir moverse y combatir.  Los recuerdo bien:  macuto cogido por el asa en una mano, manta en bandolera, mosquetón Mauser, español, fabricado en la Coruña, terciado al lado contrario de la manta, jarrillo   colgando del correaje… y una maleta de cuero, cartón piedra o madera en la mano libre.  Maleta que además de contener útiles y objetos personales, era imprescindible como mesa, escritorio e incluso almohada.

En breve la transformación fue completa en armas e impecable uniformidad. Mas ¡oh el soldadito español!  A las primeras de cambio, volvieron a aparecer las maletas. Lo que en absoluto fue óbice, para que sobre la terrible estepa rusa se escribiera una de las   gestas más gloriosas, asombro del mundo. Dispensad mis amigos y probables únicos lectores si a los `alamares´ de nuestros soldados los ponga como ejemplo de lo que no es lo más propio imitar.  Digo solo que cuando de satisfacer algo para provecho propio se trata, sea o no ordenado por el mando, difícil superar la iniciativa de nuestros soldados, bien para cumplir una orden, bien para cubrir sus necesidades más perentorias.  Con lo dicho os dejo, mis amigos, con el chascarrillo con el  que hoy  nos  entretiene  Luis  Esquiroz Medina.

La cita que precede a este chascarrillo es: “De ciencia no se debe hablar antes de hacer. De arte no se debe hablar antes de hacer. De literatura no se debe hablar antes de pensar.” Y vamos ya al chascarrillo:

“Serían los años cincuenta y tantos, cuando por toda la zona fronteriza de nuestro Pirineo, el Regimiento de Ingenieros de Fortificación, creo que era el «Fortaleza», se dedicaba arduamente a la construcción de fortificaciones de la llamada l línea «P». Aún los veo cubiertos del polvo que desprendían los compresores horadando las duras rocas. Oigo el ruido infernal que se multiplicaba en veinte ecos dentro de las cavernas, todo aquel hacer y deshacer para ir delineando las distintas posiciones, que en aquel entonces era lo mejor y que hoy, al paso de tantos años y de las evoluciones de la técnica y de la táctica, tal vez se hayan quedado anticuadas, pero que aún así son un claro exponente del espíritu de independencia y entrega total de un Ejército que velaba por la defensa de nuestra Patria.

Hoy cuando veo a nuestros jóvenes oficiales mirar estas obras con la misma frialdad que si miraran una calzada romana, sin ver que ellas casi tienen alma y sentimientos, porque alma y sentimientos tenían aquellos hombres de Ingenieros que con tanto esfuerzo y tan pocos medios la construyeron. Nadie sabe, y si sabe no lo recuerda, la falta o por lo menos la escasez de materiales con que trabajaban, lo corto de los plazos de entrega de obra. lo duro del clima a esas alturas y los rudimentarios medios de castrametación y equipo con que contaron. A ellos, les quiero hacer l legar una anécdota que refleja, a mi juicio, la entereza y la rudeza de aquellos oficiales; porque rudo era el hábitat en que se forjaron.

En una de las inspecciones hechas a las obras que llevaba un teniente, fue duramente recriminado por la autoridad inspectora, por no estar terminado en el plazo señalado, un asentamiento en «caverna» para una pieza contracarro. El Teniente quiso exponer los motivos por los que había sido imposible terminar la obra, diciendo:

— Mi General, hace un mes que no recibo cemento, por más que lo pido.

— Súplalo Vd. con su celo. – Fue la contestación de la autoridad-.

El oficial, muy amostazado, tuvo la desafortunada idea de contestar:

— Ya lo intenté, mi General.    , ¡pero no fragua!

El final se lo dejo a cada lector.»

 

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by