Por Carlos de Bustamante
Vamos con el vigésimo primer chascarrillo de los que escribiera Luis Esquiroz Medina. Y como siempre, permítanme una introducción. Más viejo que la tos, pasé mis primeros años de teniente -antes, en medio, y después de la independencia de Marruecos (tres años)- destinado en el Regimiento África nº 53 de guarnición en Xaüen. Ni que decir tiene que esos tres años fueron en los que más intensamente viví la milicia. Todo cuánto aprendí durante cinco años en las Academias General Militar de Zaragoza y de Infantería en Toledo; pero con realidades más que con `supuestos tácticos´.
Por el repliegue forzoso a la Península y la disolución de mi querido Regimiento africano, me vi obligado a pedir nuevo destino. Quiso la Divina Providencia que se produjera una vacante en el 7º Grupo de Automóviles de guarnición en Valladolid. Aun no siendo santo de mi devoción, al tener preferencia los africanos, la pedí y me la dieron.
Tanto me daba que no fuera aquella unidad de combate. Eran tropas españolas y mi derecho y deber era formarlas e instruirlas como verdaderos soldados, útiles para servir a España como España merece ser servida.
Por supuesto que allí no había moros, pero sí una banda de asesinos en España – la canalla de eta- que asesinaba a traición e indiscriminadamente a soldados, hombres, mujeres y niños.
Conclusión: entrenamiento. En Valladolid capital, aquí sí: `Supuesto táctico´. Con los debidos permisos,`supuesto´nocturno.
Un teniente al mando de una sección de veteranos cubría en estrecha vigilancia todos los posibles accesos al acuartelamiento; y con doble vigilancia los más probables de penetración. Y de entre ellos, mayor, si cabía, los más peligrosos.
No sin repugnancia, el africano con otra sección hacía de eta. Acuartelamiento inexpugnable.
¡Sobre el hombro, armas! La voz del africano rompió el silencio de la noche. Y enseguida: “Soy el corneta, con más pupila/ el más castizo del batallón/ tengo sitiada a la Cirila/, que es una chica que está cañón…/. Pa conquistarla más fácilmente/ me puse el traje de mi teniente/pues de corneta no me hablaba/ y de mi se pito- pitorreaba…/. En perfecta formación la sección de eta desfilaba marcial por la calle que conducía a la entrada principal del acuartelamiento. ¡Y lo hacía cantando!
¡Cabo de guardia! – gritó el centinela.
Ignorante de todo el tinglado que se traían los tenientes, el suboficial de guardia cumplió exactamente el reglamento:
-¡Guardia a formar con armas! La sección de eta, se introdujo así en el 7º Grupo de Automóviles con todos los honores de la guardia: armas sobre el hombro como exactamente venían ellos. ´
Parte al capitán de cuartel y de éste al coronel jefe: bajas, un teniente y toda la sección de vigilancia prisionera. Protestó enérgicamente el teniente avergonzado al coronel. Y éste: ¡Usted cállese que está muerto!
Vamos ya con el chascarrillo de hoy.
“Se habían realizado unos ejercicios tácticos de doble acción, de guerrillas y contraguerrillas en la zona comprendida entre las Sierras de San Juan de la Peña, Santa Isabel, Javierre, Loarre y Caballero, que por la gran extensión de la zona y de lo abrupto del terreno que impedía mover las tropas con rapidez, se montaron una serie de destacamentos fijos que protegían los objetivos importantes, por lo que al finalizar las maniobras y mientras se concentraban otra vez en los puntos de reunión cada una de las compañías, por tratarse de un domingo, se consideró de descanso para las unidades que ya estaban concentradas esperando el embarque a la mañana siguiente.
Al final de la comida, se presentó en el imperio del puesto de Mando, situado en las afueras de un pueblo, un individuo paisano, dueño del local donde se proyectaba el cine, preguntando si mientras esperaban el embarque, podía contar la tropa a Cía. PIM. y todos los Servicios, más dos Cías. de Cazadores que también se habían concentrado ya a la orilla del río-, con permiso para asistir voluntariamente a una sesión de cine extraordinaria que quería proyectar. Estudiado el asunto y visto que nada entorpecía y que, es más, hasta casi era preferible que estuvieran allí reunidos que, deambulando por el pueblo, se autorizó a su asistencia, montando simplemente el correspondiente servicio de vigilancia y asistiendo igualmente bastante número de oficiales y suboficiales francos de servicio
El cine, de imagen no estaba mal, pero de condiciones acústicas ya estaba peor, tenía algunos ecos y resonancias que hacían perderse parte de los diálogos. Aun así el llenazo fue total y el público de caqui aguantó hasta el final, y eso que durante la proyección hubo comentarios y anécdotas de todo tipo.
En uno de los momentos más interesantes, un niño empezó a llorar, la gente se inquietó, se removió en los asientos, pero nadie dijo nada, gracias a Dios el llanto fue corto.
Al poco tiempo los lloros se repitieron, y entonces un soldado ya gritó:
— ¡¡Dale teta!!
En la oscuridad del local nadie supo si se llevó a efecto la sugerencia hecha por el soldado, pero el silencio reinó nuevamente. Varias fueron las actuaciones del niño con su monótono lloriqueo, y varias las veces que el soldado daba siempre el mismo consejo:
– ¡¡Dale teta!!
Casi al final de la sesión y ante una nueva actuación del niño, el soldado más fuerte que nunca gritó:
— ¡¡Dale teta, mañaaa!! ¡¡Dale teta!!
La madre muy indignada contestó:
— i i Que tié siete años!!
A lo que el soldado, rápido, le dio su último consejo:
—¡ ¡Pues dale una torta, coño!!
No fue una torta precisamente lo que aconsejó el soldado, pero aquí podría sonar irreverente, aunque la intención del muchacho fuera buena.
Home