Por José María Arévalo
(Junto a una talla del MNE, dos obras de juventud de Sorolla)
El Palacio de Villena, del Museo Nacional de Escultura acoge la muestra ‘Viajar para pintar. Sorolla y la escultura pintada’, con lienzos realizados por el valenciano en sus viajes por Segovia, León, Burgos o Ávila en la primera década del siglo XX
El Museo Nacional de Escultura se suma así a los actos organizados con motivo del centenario del fallecimiento de Joaquín Sorolla (1863-1923) acogiendo, hasta el próximo 25 de agosto, la muestra “Viajar para pintar. Sorolla y la escultura pintada”, una ocasión para disfrutar del pincel del maestro valenciano, del artista maduro que se alejó de la luz y del color de su Mediterráneo en busca de nuevos motivos, de inspiración, recalando, entre otros rincones, en Burgos, León o Segovia.
(‘Puerta antigua del claustro de la Catedral de Burgos’)
La muestra que llega a la sede de Cadenas de San Gregorio forma parte de un ciclo que ha tenido, como capítulos previos, otras entregas en San Sebastián, Toledo o La Coruña, en las que se mostró a un Sorolla que se recreaba en los elegantes veraneos a orillas del Cantábrico, que se detenía ante la belleza del campo castellano, que retrataba costumbres populares. Para su exposición en Valladolid, dada la naturaleza de su sede, el motivo no podía ser otro que el propio arte esculpido en madera o piedra.
En la presentación de la muestra, el primero en tomar la palabra ha sido el máximo responsable del centro museístico, quien ha detallado que las piezas que se van a poder contemplar en esta muesta «se alejan quizás de aquellas más identificativas del autor, pero, sin embargo, son piezas, obras que van a sorprender». Esto en la medida en que la mayor parte de ellas son «desconocidas» para el gran público y en ello también reside la particularidad de esta exposición, en la que los visitantes podrán ver la estancia de Sorolla en ciudades como Burgos, en lugares como La Granja, León, y se abrirá de esta forma, a través de la Sala 1 del Palacio de Villena, una puerta para que los visitantes y los castellanoleoneses puedan establecer un vínculo emocional con esta exposición.
(Portada del Palacio de los Dávila realizada por Sorolla
«Porque, al fin y al cabo, si algo crea particularmente el arte y, lógicamente también, Joaquín Sorolla, es precisamente eso, emociones», ha expresado Nuevo, para subrayar que este proyecto, comisariado conjuntamente entre el Museo Sorolla y el Museo Nacional de Escultura es una oportunidad para mostrar para mostrar en las salas expositivas del Palacio de Villena algunas de estas piezas.
También ha mostrado su agradecimiento al Museo Sorolla por esta iniciativa y por la confianza a la hora de configurar la muestra y también el «empeño, trabajo y la ilusión de los dos comisarios de la muestra, Elvira Guerra y Fernando Delgado, quienes van a trasladar a los visitantes a este Sorolla que bebe del arte de la escultura como fuente de inspiración».
(Arcos de la portada de una iglesia)
Escultor a pinceladas
Acto seguido ha intervenido el director del Museo Sorolla, quien ha explicado que con la intención de buscar nuevos diálogos y relatos en torno al propio Sorolla y hermanarse con otras instituciones, como es el Museo Nacional de Escultura, y viendo que dentro de la colección del museo se atesoraba una serie de cuadros «muy especiales, también muy inéditos», en los que Sorolla se convierte en escultor a pinceladas.
Varela Agüí ha señalado que este fue el motor que llevó a plantear un proyecto distinto en el que no se fuera a territorializar esa presencia de Sorolla en Salamanca, Ávila o Burgos, donde tuvo una «huella especial» en el año 1910, sino que se fijara en ese interés pictórico del artista por la escultura.
Se trata de un proyecto que saca a Sorolla de la zona más conocida por todos y llevarle hacia un territorio en el que se produjera un diálogo entre pintura y escultura. «Y esto fue lo que los comisarios, Elvira y Fernando, a los que felicito vivamente, por el proyecto, se pusieron a trabajar y armar un proyecto en el que la colección de cuadros, de vistas de sepulcros, de esculturas, de retablos o de portadas que realiza Sorolla, dialogara con una muestra muy selecta de esculturas de la propia colección de este museo», ha apostillado.
El presidente de la Comisión Permanente de la Fundación Museo Sorolla, por su parte, ha incidido en que esta exposición está fuera de lo que es el Sorolla más conocido, pero es «justamente el tipo de exposiciones que interesa también hacer porque permiten aprender y conocer más tanto la obra como al personaje».
(Imagen sedente, de Sorolla, en un lateral de la muestra)
Al hilo de estas palabras, Moyá ha hecho énfasis en el interés de Sorolla por la escultura, por ver catedrales o por ver sepulcros, «que a nadie se le ocurra que pueda ser un tema interesante, sin embargo, lo hace y lo hace muy bien».
Una de las comisarias de la muestra Elvira Guerra, del Museo Sorolla, ha explicado a los asistentes a la presentación que organizar esta exposición ha sido un trabajo de muchos meses que ha requerido de «mucho trabajo», en tanto en cuanto hay muchos actores involucrados en esta exposición temporal.
En palabras de Guerra, esta es una exposición «inédita y muy curiosa de gabinete» que «por fin va a hacer justicia a uno de los géneros más desconocidos de la pintura de Joaquín Sorolla». «Nosotros pensamos en este valenciano inmortal un recorrido vital de un viajero que se detuvo en la escultura», ha explicado, para detallar que durante los trabajos de organización de la exposición de ha rastreado en los fondos del archivo del Museo Sorolla, que ha sido uno de los trabajos «más gratificantes» que ha realizado.
Tras ella ha intervenido otro de los comisarios de la muestra, en este caso Fernando Felgado López, del Museo Nacional de Escultura, quien ha resaltado el trabajo que ha supuesto todo este proyecto a través de una tarea de búsqueda y conservación preventiva realizada con «mucha profesionalidad».
Como se va a poder ver en la exposición, en las pinturas expuestas, Sorolla plasma algunos de los monumentos más representativos del patrimonio cultural castellanoleonés y lo hizo en un momento en el que la salvaguarda y protección de ese patrimonio empezaba a tener «cierta consideración tanto en autoridades políticas como en círculos intelectuales».
El último en intervenir ha sido el subdelegado del Gobierno, Jacinto Canales, que ha aprovechado para indicar que ‘Sorolla y la escultura pintada’ constituye un «claro ejemplo» de colaboración entre diferentes centros de trabajo de una misma administración.
Del mismo modo, Canales ha explicado que este ciclo que arrancó en 2023 para conmemorar el centenario del fallecimiento del pintor valenciano es un proyecto «vivo que ha ido tomando forma en función de las ciudades en las que ha ido recalando». Así, se ha podido disfrutar en Toledo, Coruña, San Sebastián, Madrid y ahora en Valladolid hasta el 25 de agosto.
El subdelegado del Gobierno en Valladolid se ha mostrado «sorprendido» por la elección de el tema escogido para articular esta muestra, en la medida en que «desconocía» esta vertiente del artista. No obstante, ha asegurado que en esta ocasión los protagonistas que cobran vida a través de sus pinceles y paleta de colores son las esculturas que adornan las fachadas o interiores de las «maravillosas» catedrales, palacios, iglesias o jardines de la Comunidad.
Son modelos «numerosos, variados y de gran calidad que se encontró en nuestro en este territorio», ha reconocido Canales, al tiempo que ha señalado que Castilla y León destaca por ser una de las regiones con «mayor riqueza cultural, patrimonial, etnográfica, y natural del país».
Los viajes de Sorolla por nuestra tierra
Sorolla entró en el siglo XX como un artista reconocido, con distinciones en París, Múnich, Viena; con el Grand Prix que le otorgaron en la Exposición Universal de 1900. En 1903, como se recuerda en “Viajar para pintar”, Sorolla visitó con su familia León donde se detendría a pintar el interior de la Catedral. Supuso, advierten desde el MNE, uno de «sus primeros acercamientos a las portadas medievales».
Luego llegarían viajes a Segovia, en 1906, donde el frío que lo recibió le llevarían a buscar interiores más acogedores, como el del Monasterio del Parral, donde fijó su caballete ante el sepulcro de Beatriz Pacheco que se puede ver en el Palacio de Villena. Y la luz cálida bañando unos árboles en La Granja, con sus hojas rojizas y verdes envolviendo una escultura pétrea apenas sugerida por Sorolla.
No se libró del frío en Burgos. De aquel viaje, en 1910, surgieron estampas como la del exterior de la Catedral en plena nevada –tuvo que meterse «hasta las rodillas en la nieve», recordaría después en una entrevista.–; una imagen de la puerta antigua del claustro así como de la Capilla del Condestable de la seo. Sorolla buscó también la compañía de los maestros del pasado como Gil de Siloé, cuyo retablo en la Cartuja de Miraflores quiso trasladar al lienzo. Tampoco en Ávila, visitada ese año, en marzo, de la que se fue con un óleo de la portada del Palacio de los Dávila. Una pequeña fotografía de Alfonso Vadillo muestra al pintor, bien abrigado, trabajando ante los curiosos burgaleses en la calle Fernán González.
La piedra hecha lienzo por Sorolla
En Viajar para pintar, los comisarios ponen frente a sus óleos tallas del Museo Nacional de Escultura que, en ocasiones, parecen reflejar hasta la imagen pintada, como ocurre con una Virgen con el niño en madera policromada, motivo que el valenciano también reprodujo, en sus años de juventud, en torno al 1880.
La muestra también ofrece al espectador algunos de los trabajos que Sorolla realizó en el refugio de su casa, en los jardines de su palacete –hoy sede del Museo Sorolla– donde también tenía su estudio. Allí, por ejemplo, llevó a la tela la figura serena de un San Juan Evangelista, una talla gótica que podía contemplar allí. Ambas se exhiben en el Palacio de Villena junto a un Fauno danzante o una Virgen de la Anunciación de los fondos del Museo Macional de Escultura.
En fin, la exposición ‘Viajar para pintar. Sorolla y la escultura pintada’, abierta hasta el 25 de agosto, explora la admiración del pintor valenciano por la escultura a partir de los viajes que realizó a diferentes ciudades a través de un diálogo plástico. Una exposición «inédita» en Valladolid que explora la admiración del pintor valenciano por la escultura a partir de los viajes que realizó a diferentes ciudades a través de un diálogo «fantástico».
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