“Los 5 problemas que acorralan a Pedro Sánchez tras el verano: ¿elecciones a la vista?”, de Hugo Pereira; “Marruecos tiene a Sánchez contra la pared”, de Antonio R. Naranjo; “Juan Bravo (PP): «El separatismo quiere los impuestos para el ‘procés’»”, de Javier Gallego; y “Canarias clama ante la inmigración: «¿No ven el drama que vivimos?»”, de Susana Campo
(Viñeta de Nieto en ABC el pasado día 28)
LOS 5 PROBLEMAS QUE ACORRALAN A PEDRO SÁNCHEZ TRAS EL VERANO: ¿ELECCIONES A LA VISTA?
Artículo de Hugo Pereira publicado en Esdiario el pasado día 28
El presidente del Gobierno inicia el nuevo y séptimo curso político. Pero no es uno más. Acostumbrado a ser el ‘último superviviente’ de la política, Pedro Sánchez se enfrenta al rompecabezas más complicado hasta la fecha. Su debilidad es máxima. Concretamente, encima de la mesa de su despacho en La Moncloa tiene cinco grandes problemas que, sin precedentes en su ‘Manual de Resistencia’, conducen a dos únicos escenarios posibles: uno, que un milagro acabe por permitirle encajar las intrincadas piezas del engranaje o, dos, nuevas elecciones ante una imposible legislatura y el creciente descrédito del líder del Ejecutivo en la opinión pública. Y buena cuenta de ello da la última encuesta de NC Report para ‘La Razón’ en la que, si bien el PSOE se mantendría en los 120 escaños o incluso podría escalar a los 123 (la debacle de Sumar tiene mucho que ver), el PP arrasaría con 157 o 160 escaños. En tales condiciones, habría un cambio de color en el Gobierno.
Cinco son los grandes problemas que retumban en La Moncloa y todos ellos tienen un mínimo común denominador: las ansias, pese a todo y a costa de todo, de Pedro Sánchez de mantenerse en el poder Ejecutivo. En primer lugar, los casos de corrupción -que se están investigando- que cercan e impactan en las más altas instancias del Gobierno y del PSOE: el ‘caso Koldo’, el ‘caso Begoña Gómez’ y el ‘caso hermano de Sánchez’. Evidentemente, estamos en un Estado de Derecho y tendrá que ser un juez quien determine si hubo o no algún delito. Pero más allá de la parte legal, está la moral y ética: los tres son casos éticamente inasumibles en una democracia. Sean o no delito. Y claro que están desgastando al Gobierno y, especialmente, a Pedro Sánchez.
En segundo lugar, el concierto económico para Cataluña pactado con ERC a cambio de la investidura de Salvador Illa. Los números no dan por ninguna parte. Para poder aprobar tal concierto, que rompe, por cierto, con la solidaridad entre comunidades que rige en la Constitución, se precisaría de una reforma de la Ley de Financiación Autonómica y, con mucha probabilidad, también una reforma de otras normas como la Ley General Tributaria. Una de dos: o Sánchez engañó a ERC con falsas promesas o ERC se dejó engañar. Es muy difícil para el Ejecutivo, más bien parece imposible, que puedan sacar adelante tales cambios legislativos en el Congreso.
En tercer lugar, en relación con el concierto catalán y la investidura de Salvador Illa, sumado a que Carles Puigdemont todavía no ha sido amnistiado, la desconfianza de Junts con Sánchez está en máximos. Y los siete famosos votos de Puigdemont, indispensables para sacar adelante la legislatura, en peligro. El equilibrio de esa “mayoría progresista”, que cada día se comprueba más que nunca existió, es del todo inestable.
En cuarto lugar, ya advierten los expertos, la única forma de sostener las cuentas sin Presupuestos Generales, con el regreso de las normas fiscales de la Unión Europea (del pacto de Estabilidad) y con un concierto catalán encima de la mesa, es aumentar la presión fiscal. Es decir, los impuestos. Más todavía. Y, desde luego, no sentará nada bien a los ya muy esquilmados autónomos y pequeños empresarios y, en fin, a los españoles en su conjunto.
En quinto y último lugar, pero no menos importante, está la revolución interna que en el interior del PSOE está emergiendo, incluso a nivel público. Ya no solo es García-Page o Felipe González, sino que también Adrián Barbón, Miguel Ángel Gallardo y, recientemente, Josep Borrell que, en clara alusión a la ministra María Jesús Montero, aseguró que lo pactado con ERC es un “concierto económico” y que no quería “quedar como un mentiroso”.
Pedro Sánchez, está claro, se encuentra instalado en una situación insostenible que aguantará hasta que una gota colme el vaso que ya está a rebosar de ‘cambios de opinión’ y de juegos al límite.
MARRUECOS TIENE A SÁNCHEZ CONTRA LA PARED
Artículo de Antonio R. Naranjo publicado en El Debate el pasado día 27
Al fenómeno global de la inmigración descontrolada se le añade el específico de Rabat, del que no puede salir nada bueno. Marruecos acaba de presentar el estadio de fútbol Hassan II en Casablanca, que será, cuando acabe su construcción allá por 2028, el más grande del mundo con sus 115.000 espectadores. No parece, pues, que la situación en el país vecino sea desesperada.
Junto a tan magno proyecto, propio de una potencia que aspira a organizar la final del Mundial de 2030 en detrimento de España, Rabat presume de inversión militar y despliega maniobras periódicas con Estados Unidos para hacer brillar su poderosa flota, paseada a tiro de milla de Canarias sin previo aviso a las autoridades españolas.
Aunque con la mirada europea las cifras económicas, las libertades, los derechos y la legislación marroquí no cumplen los parámetros mínimos exigibles, en su entorno es el primo de Zumosol, con unas relaciones privilegiadas con América, Europa, los países del Golfo y hasta Israel, de no ser por la guerra en Gaza.
Y sin embargo, Marruecos es un problema para España, su principal socio comercial, su máximo cliente y su primer exportador. Lo escribía ayer Bieito Rubido en un valiente artículo en El Debate, a cuento de la invasión migratoria que, lejos de frenar tras la deshonrosa rendición de Pedro Sánchez con el Sáhara, se ha incrementado con escenas como la invasión de la playa ceutí del Tarajal, solo posible con el impulso y el visto bueno del Rey Mohamed VI.
De las intenciones anexionistas de Marruecos sobre Ceuta, Melilla y hasta Canarias no hay duda: es su gran obsesión, un objetivo irrenunciable que nace de una leyenda inventada, similar a la que impulsa al nacionalismo catalán o vasco, según la cual esos territorios le pertenecen históricamente y hay que recuperarlos como sea.
Y probablemente ahí hay que ubicar la presión migratoria, convertida en un arma de coacción que supuestamente se iba a desactivar tras la renuncia de Sánchez a la posición española en el Sáhara, mantenida durante cincuenta años con gobiernos de todos los colores y cedida por el líder socialista sin ninguna explicación decente ni compensación suficiente, justo después de que le descargaran con Pegasus toda la información guardada en su móvil, custodiada con la negligencia habitual en el personaje.
Ningún país puede soportar eternamente una inmigración descontrolada, ni por los que están ni por los que llegan: proteger las fronteras no es solo una obligación germinal de un Estado decente, también es la única manera de que encajen todas las piezas y se frene un «efecto llamada» que acabe generando marginalidad, delincuencia, desesperanza y xenofobia, la consecuencia final de la irresponsable gestión política que, en nombre de un falso humanitarismo, acaba incentivando las muertes en el mar, el negocio de las mafias y el riesgo de delincuencia.
No dejar entrar a todo aquel que quiera hacerlo es la mejor manera de que quienes sí lo hagan dispongan de una oportunidad real de procurarse una vida decente y productiva, para ellos y para su lugar de acogida. Y no entender ni aplicar esta máxima posibilista, que solo debe romperse por razones humanitarias constatables, es tan estúpido como habitual en gobiernos instalados en el mantra, la consigna y los mundos imaginarios.
España se está llenando de subsaharianos jóvenes y fornidos que, en su inmensa mayoría, son pacíficos, quieren trabajar y buscan una oportunidad que no van a tener por la inexistencia de un plan que, a la recepción y traslado a un centro costosísimo sin otra misión que hacer de hostal masificado para enriquecimiento de ONG transformadas en verdaderas empresas del sector con facturaciones millonarias, le añada una hoja de ruta laboral, cultural y económica.
Pero a esto, en el caso de Marruecos, se le añaden otras intenciones inquietantes, bien distintas a las existentes en Senegal o Mali: tenga o no cogido Mohamed a Sánchez por la entrepierna, como sugiere el volantazo del presidente español tras ser espiado, ha emprendido hace tiempo una operación de asalto tranquilo a la frontera sur española que aspira a ser victoriosa con la estrategia del agotamiento. Y ya sabemos cómo se las gasta Sánchez: no hay chantaje que no acepte si en el viaje va incluido su futuro político o personal.
Artículo en: https://www.eldebate.com/opinion/20240827/marruecos-tiene-sanchez-contra-pared_222544.html
JUAN BRAVO (PP): «EL SEPARATISMO QUIERE LOS IMPUESTOS PARA EL ‘PROCÉS’»
Artículo de Javier Gallego publicado en La Razón el pasado día 26
Diputado y vicesecretario de Economía del PP, Bravo advierte de que el concierto fiscal en Cataluña solo servirá para más «políticas independentistas» y desgrana la propuesta alternativa de su partido para la financiación autonómica.
El acuerdo fiscal entre PSC y Esquerra está marcando la agenda política en agosto y, previsiblemente, seguirá en el centro durante los próximos meses. Juan Bravo (Palma de Mallorca, 1974), quien es Inspector de Hacienda y ha sido Consejero de Hacienda en Andalucía, es el máximo responsable del área económica en el PP y lleva la voz cantante en el partido de Alberto Núlez Feijóo en materia de financiación autonómica.
¿A qué cree que obedece el cambio de discurso del Gobierno con las palabras de Montero?
En el caso de María Jesús Montero, ya no sorprende a nadie que cambie de opinión o que mienta. El 15 de julio negaba que fuese a haber concierto, bilateralidad y un trato diferencial; cuando se produjo la investidura de Illa, afirmó que el concierto era bueno y debía extenderse al resto de autonomías; y, ahora escuchamos que dice que no existe concierto. Si es necesario, ella, igual que Sánchez, traicionan al conjunto de los españoles a cambio de conseguir el objetivo de que Sánchez siga durmiendo en la Moncloa, pero ha llegado un momento que ya no se fían de ella ni los españoles ni sus socios.
La reforma del sistema de financiación lleva años pendiente. ¿Se ha acercado el Gobierno a hablar con el PP?
El Gobierno, en ningún caso, se ha dirigido a nosotros para hablar nada del sistema de financiación. Nada. Cuando era consejera de Hacienda, en 2017, Montero decía que el Gobierno del PP tenía la responsabilidad de cambiar el sistema de financiación y hablaba de multilateralidad, de tratamiento de igualdad en la prestación de servicios y que no se podía esperar más a la reforma. Montero lleva ahora seis años en el Gobierno y no han hecho nada por cambiar el sistema de financiación. El PP ha hecho ya más propuestas para el nuevo sistema de financiación que el Gobierno.
¿Cuáles son sus propuestas para mejorar el sistema de financiación?
Hemos hablado de bilateralidad, de crear un fondo para el tránsito hasta el nuevo sistema de financiación, de la necesidad de reducir los plazos de liquidación de dos años a uno, de la necesidad de tener en cuenta como variables la dispersión de la población, el envejecimiento, los costes de vida o el coste efectivo de la prestación de los servicios. También apostamos por la cogobernanza de los fondos europeos, la cogobernanza en inversiones y el análisis bajo el principio del dato. Nadie habla de que si las pensiones crecen, también lo va a hacer el gasto en sanidad y en política social, como la dependencia. Es decir, las 14 autonomías del PP tenemos propuestas y el Gobierno no nos ha llamado y Sánchez se niega a convocar la Conferencia de Presidentes.
¿Hay unidad en el PP en torno a todas estas propuestas? El Gobierno acusa a su partido de estar dividido en torno a los criterios del nuevo sistema de financiación.
Es triste que haya calado el mensaje de la señora Montero diciendo que hay divergencia entre las Comunidades Autónomas del PP: donde tenía divergencias era en las Comunidades del PSOE, por eso jamás convocó el Consejo de Política Fiscal, porque no era capaz de poner de acuerdo a sus Comunidades. Ahora, no quiere que las 14 Comunidades del PP, que sabe que están en la misma línea e, incluso, apoyadas por Castilla-La Mancha o Asturias, puedan llegar a un consenso tan grande como sacar adelante un nuevo sistema de financiación. Cuando alguien tiene que llegar a un acuerdo en materia de financiación autonómica, está claro que ninguna va a sacar el 100%, pero sí van a sacar el 85% de lo que pretenden. El actual sistema, el de 2009, de Zapatero, solo lo votó el 51% del Congreso. El sistema del PP es el de 2002, el de Aznar, que apoyó más del 90% del Congreso. En el PP tenemos una posición consensuada y que busca mejorar el sistema de financiación de todos.
Va a haber un mayor gasto por el envejecimiento poblacional: ¿Cómo se afronta? El PP mantiene que bajará impuestos.
Hemos entrado en una dinámica en que parece que solucionar todos los problemas es a costa de subir impuestos. Sin embargo, tenemos gobiernos, como en Portugal, que bajando impuestos son capaces de crecer tanto como España y, además, hacer superávit fiscal. Eso demuestra que otra forma de gobernar es posible. Entre nuestras propuestas, hay un aspecto muy importante: el gasto. Es necesario hacer una evaluación del gasto ineficiente y superfluo: el Instituto de Estudios Económicos lo cifró en 60.000 millones y la Airef, en 20.000 millones. La Airef habla de partidas en subvenciones o política industrial o de empleo que no se usan eficientemente. No hablamos de recortes, un concepto de la izquierda, sino de eliminación de partidas que no aportan valor añadido: hemos visto ayudas de 200 euros para las rentas más bajas y costaba más la tramitación que la ayuda que recibía el ciudadano. Hay que adecuar la fiscalidad para generar más actividad económica y para generar más inversión, sobre todo, en I+D+i.
Es decir, en cuanto llegue el PP al Gobierno, garantiza una bajada de impuestos. En 2012 se incumplió la promesa.
Nosotros haríamos justo lo contrario a lo que está haciendo este Gobierno. Hay que hacer una profunda reforma fiscal para que se promueva aquello que se está debilitando, como la política industrial, la I+D+i, que es necesario para ser más competitivos, o la incorporación de digitalización. Tenemos que ser capaces de hacer una fiscalidad atractiva y que no sea expulsiva de la inversión en España, cosa que este Gobierno está provocando. El presidente Rajoy se encontró un país quebrado en 2012, con un déficit oculto y miles de millones de factura en los cajones sin pagar. El contexto tampoco es el mismo ya que la Unión Europea exigía austeridad y ahora permite una mayor expansión.
¿Cree que es positivo para España la ausencia de reglas fiscales visto el volumen de deuda que se ha acumulado?
El Gobierno de Sánchez es una máquina de gastar dinero ineficiente: más de 400.000 millones de euros y un nuevo récord de deuda. No es una cuestión de reglas o no, sino de gestión. Portugal tiene las mismas reglas fiscales que España y en 2023 creció y no hizo déficit fiscal. Solo en intereses vamos a pagar 10.000 millones de euros más, casi lo mismo que ha supuesto la subida de las pensiones.
El separatismo denuncia un déficit fiscal de miles millones. ¿Qué diagnóstico hace el PP sobre los problemas financieros en Cataluña, que se han traducido en unos niveles de deuda muy voluminosos?
Frente a ese discurso que utilizaban los independentistas de «España nos roba», creo que la gran mayoría de los catalanes ha visto que la causa de los problemas ha sido la corrupción del 3% y tener un gobierno con un presidente con el mayor salario de toda España, con más consejeros que ninguna autonomía y con voluntad de seguir con «embajadas». Se sigue priorizando el discurso político a la sanidad, educación o dependencia y eso hace que los catalanes tengan que hacer el mayor esfuerzo fiscal de toda España. El problema es de gestión, aunque claro que Cataluña necesita un nuevo sistema de financiación, como Madrid, Baleares, Valencia… pero se debe regir por los principios de igualdad y solidaridad. Somos un país en el que quien más gana, más paga.
Cuando llegue al Gobierno, ¿el PP se compromete a revertir el concierto económico catalán?
Lo ha dicho el presidente Feijóo: nosotros nos comprometemos a constituir un nuevo sistema de financiación autonómico y local nada más llegar, bajo los principios de multilateralidad, solidaridad e igualdad. Con nuestra propuesta de financiación, Cataluña verá reflejadas sus necesidades, como las verá Valencia, Galicia y el resto de Comunidades.
¿Han cuantificado cuáles son las necesidades de Cataluña?
Hemos anticipado algunas de las líneas maestras de nuestra propuesta y hoy prácticamente todo se puede cuantificar. Tenemos nuestros propios cálculos internos, pero a quien procede hacer una propuesta es al Gobierno. Tenemos el trabajo preparado para cuando Feijóo sea presidente.
Si fracasa el acuerdo fiscal entre PSC y ERC, ¿puede dar inicio a otro procés, como en 2012?
Lo que sí vemos es que hay un paralelismo entre Zapatero y Sánchez y el procés en Cataluña. Zapatero, con su apoyo a la reforma del Estatut y con su crítica a la resolución del Tribunal Constitucional, activó el procés; Sánchez, de nuevo, vuelve con la amnistía y la independencia fiscal. Como dijo Margallo, hay un intento de sacar a España de Cataluña.
Tras el concierto, ¿el separatismo pedirá más? Parece que las pensiones han quedado de lado.
Lo que está claro es lo que pide el separatismo, que es la recaudación del 100% de los tributos para quedárselos ellos y luego aportar lo que consideren, sin ninguna generosidad. Pero cuando hablamos de las pensiones, como en el caso de Cataluña son deficitarias porque las aportaciones a la Seguridad Social son inferiores a lo que cobran los pensionistas, esa partida no la quieren. El separatismo solo quiere lo que les da dinero, como los impuestos, para el procés y las políticas independentistas, pero no lo que les llevaría a hacer esfuerzo.
Artículo en: https://www.larazon.es/espana/juan-bravo-separatismo-quiere-impuestos-proces_2024082666cbcf4e797ae1000170b5eb.html
CANARIAS CLAMA ANTE LA INMIGRACIÓN: «¿NO VEN EL DRAMA QUE VIVIMOS?»
Artículo de Susana Campo publicado en La Razón el pasado día 25
Cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa en 2018 vio en la inmigración una oportunidad para dar un primer golpe de efecto que le diferenciara de las políticas de su antecesor, Mariano Rajoy. Acogió al barco «Aquarius» que llevaba días varado en las costas italianas sin puerto en el que atracar porque ningún país europeo quería hacerse cargo. Sin embargo, con el aumento de llegadas de pateras a las costas españolas, especialmente a partir de 2018, efectuó un giro que marcaría sus siguientes medidas: volver a las devoluciones en caliente, las expulsiones exprés –incluidos menores– o el refuerzo de las relaciones con Marruecos a costa del pueblo saharaui. Ninguna de las decisiones que ha tomado ha logrado frenar las llegadas irregulares, que se encuentran en niveles de récord.
El drama migratorio en las Islas Canarias es el nuevo frente que tiene abierto el Ejecutivo, pero no él único. Otros puntos de llegada como Ceuta y Baleares también están soportando una presión migratoria sin precedentes.
Tras reunirse con el presidente canario, Fernando Clavijo, el pasado viernes sin ofrecer una respuesta estatal al fenómeno ni tender la mano al principal partido de la oposición, el Ejecutivo continúa sin un plan mientras los recursos están colapsados y la paciencia de la población en las zonas afectadas está al límite.
El Hierro no puede más. «Lo que está sucediendo en la Isla es un desastre. Parece increíble que esto ocurra en un país soberano y de la Unión Europea. El Gobierno de Pedro Sánchez actúa como si aquí no pasara nada». El que pronuncia estas palabras es Fernando Gutiérrez, portavoz de la Cofradía de Pescadores del puerto de La Restinga. Este tranquilo puerto que pertenece al municipio de El Pinar se ha visto sobrepasado por la avalancha de llegadas de pateras a sus instalaciones. Este embarcadero de la Isla de El Hierro es desde hace unos meses el epicentro de la inmigración irregular como otrora lo fueron Arguineguín en Gran Canaria o Lampedusa en Italia. No importa que para llegar hasta esta pequeña isla canaria de 268,7 kilómetros cuadrados de superficie y 11.000 habitantes quienes se suben a una barcaza principalmente desde la vecina Senegal, Gambia o Guinea Bissau tengas que poner en peligro su vida para recorrer más de 1.700 kilómetros y alcanzar este territorio, que es el más alejado de África. Este aluvión de llegadas está influyendo en la vida de los locales.
«Los españoles, ¿dónde quedamos?», se pregunta. «Van a construir un centro de acogida y aquí llevamos años reclamando una residencia de ancianos que no llega», dice tras exponer que los centros sanitarios están completamente saturados y no hay citas para pruebas médicas. Visiblemente enfadado, insiste en que la llegada de pateras se está convirtiendo en «una auténtica invasión» sin que el gobierno haga nada. «Por qué se ha reunido Sánchez en La Palma en vez de en El Hierro? ¿Es que no quiere ver lo que está sucediendo aquí?», se pregunta. La población local es una de las afectadas por este fenómeno que está poniendo contra las cuerdas las capacidades de esta tranquila Isla hasta hace un año.
Lo sabe muy bien Onalia Bueno, alcaldesa de Mogán, quien recuerda el deterioro de los servicios públicos durante la anterior oleada migratoria en plena pandemia. «La situación actual no tiene nada que con la que vivimos en 2020. Hemos conseguido que tras la crisis en El Hierro, por fin, el Estado asuma retirar los cayucos en 72 horas», asegura. No obstante, las llegadas siguen siendo continuas. No en vano, siempre que se cierra un ruta migratoria, se abre otra. La presión que otrora soportó el Puerto de Arguineguín se ha trasladado a El Hierro donde sus habitantes instan al gobierno a no mirar hacia otro lado.
Artículo en: https://www.larazon.es/espana/vecinos-islas-canarias-exigen-respuesta-inmediata_2024082566ca7567ddf3680001815f73.html
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