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73 acrílicos de Luis Pérez en la galería Rafael

Tres foramontanos en Valladolid 30 Nov 2024 - 07:20 CET
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Por José María Arévalo

(“Simancas. Verano 5,56 am”. 2021 50×73)

El artista vallisoletano Luis Pérez reúne en la galería Rafael de Miguel Iscar, 73 trabajos en ‘Obras recientes’, su muestra más ambiciosa, en la que reúne paisajes urbanos y naturales hiperrealistas así como algunos retratos, y todos ellos -se ha dicho- “en busca de la luz”.

Por tratarse de obras hiperrealistas -que no aprecio demasiado- y de grandes urbes -según las fotos que he visto en la prensa local-, y además en acrílico -que tampoco suelo utilizar, salvo excepciones a mi habitual trabajo como acuarelista- y todo ello en la galería Rafael -que hace tiempo que no es ya sala de exposiciones, sino solo tienda de arte- no había pensado escribir en este blog sobre la exposición de Luis Pérez, pero varios comentarios de mis compañeros acuarelistas sobre el enorme impacto que les han producido algunos de los cuadros expuestos de temas vallisoletanos como el Campo Grande o el Canal de Castilla, me han obligado a acercarme a ver la exposición a punto ya de concluir -finaliza hoy, día 30-, lo que siento por no poder animar a verla a más amantes del arte. Pero al menos creo es conveniente dejar constancia de lo que ha sido un acontecimiento en nuestra ciudad, de cara también a no dejar de ver una próxima muestra del autor que dice la prensa local -de la que recojo algunos comentarios- puede producirse, como ahora veremos.

Antes de darles un resumen de las principales opiniones de la prensa local sobre esta exposición, voy a expresar la mia, en algunos aspectos positiva pero en otros no tanto, eso sí con el debido respeto, y teniendo en cuenta aquello de que “sobre gustos hay mucho escrito”. A pesar de los elogios de prensa y compañeros, me acerqué a la exposición con alguna reserva, porque las fotos que daba la prensa no eran de los temas vallisoletanos que también incluye y que es donde puede uno valorar la creatividad aportada, por cuanto los hemos pintado cientos de veces y sabemos donde está en cada uno la dificultad y el posible valor. Pues bien, de los cuatro cuadros de Valladolid -incluyo fotos de los cuatro-, solo me ha parecido sobresaliente el de los pinos, con que encabezo este artículo, y que titula “Simancas. Verano 5,56 am”, sin duda para hacer constar que el tema recogía la luz de madrugada, que efectivamente recoge con pincelada maestra. Es un acrílico de 2021 y de los de mayor tamaño de la muestra -en general son de formato mediano- de 50×73 centímetros.

Los otros tres cuadros de tema local no me dicen mucho, ni los de agua ni el del Campo Grande -que no sé por qué titula “Plaza de Zorrilla”, que apenas se ve, menos desde luego que la calle de Santiago- aunque reconozco en este cierta originalidad. Pero ya les he dicho que no soy partidario del hiperrealismo, y añado que mucho menos del hiperrealismo fotográfico, por lo que para que lo aprecie tiene que tener algo más de creatividad que justifique esta técnica. Ya digo que lo tiene el cuadro del pinar, y algunos de los de reflejos de escaparates, francamente conseguidos, como el último cuya foto incluyo, titulado “Prince & Greene St./ NYC”, de este año 2024, y de los de mayor formato, 70×115.

(“Plaza de Zorrilla”, 2024, 100×70)

Por cierto que algunos de los comentarios de prensa, inducidos creo por el propio pintor, parecen relacionar el hiperrealismo de Luis Pérez con el de Antonio López, al recordar una ocasión en que parece colaboraron ambos. Pues nada más ajeno a la realidad. El estilo de Antonio López ya hemos comentado en estas páginas que no es en absoluto hiperrealista -lo fue en sus inicios pero con un hiperrealismo surrealista, nada fotográfico como es el de Pérez- sino más bien de un realismo impresionista como el de Velázquez.

Y vayamos ya a los comentarios de la prensa local, no sin antes insistir en que la galería Rafael no va a seguir con actividad expositiva ninguna, que esta ha sido una excepción, como me confirmaron en ella ante mi sorpresa de que hayan habilitado en este caso un muy amplio sótano que yo no conocía, en el que caben tantos cuadros como en el nivel de la calle. Una pena, pues queda una estupenda sala de exposiciones y tan céntrica, ahora que nos hemos quedado sin salas dignas en Valladolid, desde que cerraron las de las antiguas cajas de ahorro y la del Banco Bilbao.

Con más de veinte años de trayectoria a su espalda -comentaba El Mundo-, en los que ha mostrado su arte en numerosas galerías de Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Japón, China, Alemania, Suiza o Sudáfrica, Luis Pérez (Valladolid, 1978) ha protagonizado hasta hoy en nuestra ciudad la exposición más ambiciosa de las que haya celebrado hasta la fecha, por el volumen de obras reunidas, que permite ofrecer al espectador la más completa panorámica del universo artístico del aplaudido pintor hiperrealista, con sus paisajes urbanos y naturales como protagonistas principales.

(“Rio Duero, Septiembre” 2024 . 46×30)

En la que fuera la antigua Galería de Arte Rafael (calle Miguel Íscar, 11), Luis Pérez ha desplegado estos días 73 obras en acrílico de reciente creación, en las que muestra su talento para atrapar la luz, para multiplicar los espacios jugando con los reflejos, para mostrar que la belleza puede estar en cualquier lugar si existe una mirada dispuesta a buscarla: en estampas idílicas de un luminoso pueblo blanco del Mediterráneo o en un solitario y estrecho callejón de Chicago, con una maraña de cables que se elevan sobre el suelo nevado.

«Esos paisajes un tanto costumbristas de Cádiz son dos rarezas en mi trayectoria, pero es que estoy en un momento en el que quiero pintar lo que me apetezca… Y esas calles eran pura luz», reconocía en declaraciones a El Día de Valladolid Luis Pérez, horas antes de inaugurar la exposición “Obras recientes”, que permanecerá en el citado espacio hasta el próximo 30 de noviembre.

Con esa libertad -continuaba el artículo-, Luis Pérez vuelve a mostrar su amor por Richard Estes, refractando la luz sobre la carrocería y la luna de un lujoso coche –un motivo que hacía tiempo que no abordaba– aparcado en una calle de Londres, o confundiendo al espectador al crear una especie de díptico asimétrico a partir del reflejo de un escaparate que duplica la realidad contemplada. Y luce otra «típica» composición suya, con una calle cubierta por la nieve, en una zona residencial de Nueva York, convirtiendo el asfalto en una suerte de ondulante lienzo blanco sobre el que proyectar huellas y sombras.

(“Canal del Duero. Otoño”. 2024. 46×30)

Y nos muestra el skyline de Nueva York al anochecer, con su miríada de ventanales iluminados, tantos como historias sugieren. Frente a esa composición, un puñado de escenas cercanas que anticipan proyectos por venir, con el río y los pinares de Valladolid como protagonistas; también con rincones reconocibles de la ciudad, como el carrusel de la plaza Mayor en Navidad.

En Obras recientes, Luis Pérez se deja seducir tanto por arquitecturas minimalistas, como la Fransworth House de Mies Van Der Rohe, como por la colosal naturaleza de EEUU, llevando al lienzo escenarios cinematográficos como la Cannon Beach de Oregón (Los Goonies) o la Hoh Rainforest de Washington (El retorno del Jedi ). A veces, la monumental naturaleza no es sino el particular macguffin del pintor, pues lo que importa es la luz, anaranjada sobre las aguas de la costa de Washington al atardecer, malva sobre una de las caras del Mount Rainier, o clara en una luna menguante sobre el citado monte, que el vallisoletano se atrevió a pintar el pasado año.

(‘Luna menguante sobre el Monte Reinier’)

En “Obras recientes” también se puede contemplar media docena de mujeres anónimas, pintadas este mismo año por el responsable de la serie Citizens, junto a un retrato de un pensativo columnista vallisoletano en una mesa de El Colmao de San Andrés.

Por su parte Jesús Bombín, en El Norte de Castilla, destacaba cómo “Minucioso en el manejo de la cámara fotográfica, lo es aún más en su estudio, ante el lienzo, cuando replica, concienzudo con el pincel, detalles de una avenida de Nueva York o del Paseo del Príncipe del Campo Grande de su ciudad. La atención al detalle es irrenunciable para Luis Pérez (Valladolid, 1978), con clientes particulares y galerías que le piden obra desde Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Suiza… y por supuesto, España. Mantiene la querencia por un hiperrealismo ya premonitorio en sus primeros dibujos de ambiente de cafés y estaciones que de joven colgaba en las paredes del Café Teatro o La Tertulia. Luego vendrían retratos de actrices y actores de Hollywood, como uno que no olvida de Greta Garbo. «Tuve cierto éxito, vendía lo que hacía, se me daba bien, la gente me preguntaba por qué no me dedicaba de lleno a pintar», recuerda de su época como estudiante de Historia del Arte en la Universidad de Valladolid. Ya entonces tenía claro que no se dedicaría a la docencia, así que la salida natural era pintar y pintar, lo que más le llenaba y con lo que se sentía a gusto.

(Un paisaje nevado)

Un viaje a Londres con su novia de entonces y hoy su esposa le llevó a afincarse allí durante cuatro años, entre 2004 y 2008, un paréntesis «inolvidable» que asentó en él ciertas convicciones pictóricas. Entre ellas, ese aire hiperrealista plasmado en acrílico sobre lienzo que sedujo a algunos galeristas londinenses que le solicitaban sus creaciones cada vez con mayor frecuencia.

«Tenía 24 años y aquella ciudad me fascinó; pintaba cuadros que después me compraban clientes de unas galerías, me pagaban dinero y me pedían más, así que empecé a dedicar todo mi tiempo a pintar». Tanto le marcó aquella época que sigue pintando sobre una mesa, en horizontal, «porque el estudio donde vivíamos era pequeñín, sin espacio para un caballete, así que solo recurro a esta estructura cuando tengo que pintar un lienzo grande, y me resulta incomodísimo».

(“La Quinta Avenida de Nueva York”)

Los cuatro años de vivencias londinenses fueron suficientes para que la nostalgia cuajara en el retorno con su pareja a Valladolid, donde reside actualmente y sigue trabajando para galerías y atendiendo a encargos de particulares nacionales e internacionales, así como exposiciones. «En 2012 fue elegido para participar en un taller del programa municipal CreArt impartido por Antonio López en el Museo Patio Herreriano. De aquella experiencia recuerda al artista manchego como «un hombre muy zen, calmado, siempre queriendo enseñar y transmitir cosas». Aunque ambos militan en el hiperrealismo, recuerda con una sonrisa la «lucha» que tuvieron ambos: «Él es de pintar al natural, así que me pedía que acudiera al lugar cuya escena iba a captar, pero a mí me gusta lo contrario, trabajar primero con la fotografía y luego plasmarlo en el estudio».

«Donde más me reclaman paisajes urbanos de Nueva York es en España», decía. La sensación de que cada objeto está en su sitio impera en el espacio en el que pasa sus horas el artista vallisoletano, entre pinceles y un centenar de tubos de pintura perfectamente alineados dentro de una caja, a la vista y a mano, para no perder tiempo en caóticas búsquedas. Se intuye que esta sensación de armonía fluye después por contagio por sus lienzos, cuando hermana proporciones, estructuras y composiciones rectilíneas. Y el detalle. Siempre pendiente del matiz más recóndito de las escenas que traslada de sus fotografías al cuadro.

(Cuatro figuras femeninas)

Jugar con imágenes

¿Qué responde a quien cuestiona al hiperrrealismo por copiar la realidad cuando ya existe la fotografía? «Para mí lo bonito es la fase de creación, no solo el resultado final del cuadro, sino el proyecto previo de ir a hacer las fotos, jugar con ellas…. al final son muchos los parámetros que influyen en la captación de una escena. Y hay muchas decisiones que tienes que ir tomando a medida que avanzas en la creación. Y un cuadro, vale, es equiparable en cierto modo a una fotografía, pero jugamos con muchas exposiciones y una gama de opciones que no manejamos en la fotografía. Lo que pintamos puede parecerse al resultado de una foto pero no pretendemos hacer una foto», dice quien cuenta entre sus inspiraciones a Mark Rothko –«que no es precisamente realista»– y también a Edward Hopper y a Richard Estes.

«Me piden muchos cuadros con escenas de nieve, que ofrece texturas y luminosidades que dan mucho juego». Mientras habla, sigue extrayendo Luis Pérez detalles de su última creación en un estudio de paredes blancas, bañadas por una luz matinal que entra por un ventanal con vistas a una masa boscosa de árboles de un jardín en trance de mutar el verde por el anaranjado otoñal. Es aquí donde haya sosiego para captar la esencia de las imágenes que ha tomado con su cámara fotográfica. En escenas urbanas de las calles de Nueva York es donde más han reincidido sus pinceles. «Es la ciudad que más he pintado y donde más me reclaman cosas en España, quizás por ser el lugar al que mucha gente quiere viajar o conocer alguna vez por la influencia del cine y todo lo que identificamos por familiaridad. También he pintado mucho de San Francisco y Chicago».

A su estancia en Londres debe su pasión por pintar automóviles, «un objeto en sí de diseño; al llevarlos a un lienzo puedes analizarlos de muchas maneras, dan mucho juego», anota este artista en cuyo salón cuelgan dos ejemplares de su hacer con la paleta y el pincel. Uno de ellosrepresenta la Casa de la Cascada, emblemático edificio diseñado por el arquitecto estadounidense Frank L. Wrigth. «Me encanta la arquitectura, y esta casa en concreto me transmite calma, es una maravilla», cuenta quien se confiesa también atraído por la cultura y el arte japonés.

(“Prince & Greene St./ NYC”, 2024, 70×115)

En Mark Rothko, Edward Hopper y Richard Estes halla inspiración

Otro de los cuadros que lleva su firma en un extremo del salón de su casa en Simancas muestra una calle de Nueva York repleta de nieve. Porque las escenas de nevadas son un clásico entre su clientela. «Me piden muchos cuadros de nieve, una de las especialidades que me identifica; a mí no me gusta la nieve real, pero visualmente es muy atractiva, a un pintor le ofrece texturas y luminosidades que dan mucho juego».

Sigue cavilando este creador autodidacta futuros espacios que atrapar, primero en fotografías, después con el pincel. Protagonista estelar será el río Duero, desde su nacimiento en los sorianos Picos de Urbión hasta su desembocadura en Oporto. «Tengo ya un montón de fotos tomadas en varios lugares con diferentes luces, ambientes y perspectivas; se me ocurren tantas cosas… pero me falta tiempo para pintarlas». Después, le aguarda una serie sobre vistantes de museos observando obras icónicas de otros artistas.

Galerías, coleccionistas y amantes de la pintura en España, Reino Unido, Francia, Italia, Suiza, Estados Unidos, Australia, Canadá, México y Japón, entre otros países, tienen obra de Luis Pérez, vallisoletano de 46 años. Formado en Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, comenzó en 2001 mostrando sus dibujos de ambientes de cafés en bares de su ciudad. Cuatro años de estancia en Londres le valieron para trabar contacto con galeristas a quienes vendía su obra en lienzo sobre acrílico, principalmente paisajes urbanos. A su vuelta a Valladolid se dedicó de lleno a la pintura hiperrealista. En 2012 realizó un taller con Antonio López dentro del programa municipal CreArt. Ha participado en exposiciones nacionales e internacionales de la mano de galerías en las que ha popularizado las escenas de calles de Nueva York, Chicago, San Francisco, Londres o París. En noviembre abrirá un local temporalmente en la calle Miguel Íscar con la idea de exhibir y vender su obra. Incluirá retratos, paisajes naturales y urbanos.”

El universo del joven pintor hiperrealista vallisoletano Luis Pérez

Por su parte Silvia García escribía: “Los albores de la realidad se vuelven difusos cuando aparece en escena la obra del joven pintor vallisoletano Luis Pérez. Luis Pérez goza ya de una merecida proyección internacional. Y es que no es para menos, sus pinturas hiperrealistas rozan la perfección. Hamburgo, Londres o Madrid han sido escenario para proyectar su universo.

El hiperrealismo de Pérez nos hace dudar sobre si estamos ante una foto o un cuadro. Con un dominio absoluto de la luz, el artista vallisoletano asegura que desde que recuerda, disfruta dibujando y pintando por lo que a nadie le sorprendió que decidiera encaminar su futuro profesional al mundo del arte.

Estudió Historia del Arte en la Universidad de Valladolid y, en cuanto tuvo la ocasión se marchó a Londres. Aunque comenzó haciendo sobre todo retratos con un estilo muy pop, Luis enseguida encontró su camino en los paisajes urbanos y en los juegos de luz y los reflejos, ámbito en el que se ha convertido en un maestro y en el que no le faltan los reconocimientos, sobre todo internacionales.

“Me gusta pintar lo que veo, lo que me rodea y me llama la atención. Pinto el tiempo en el que vivo como han hecho los artistas durante siglos y seguirán haciendo. La inspiración surge continuamente en el día a día, en los viajes, en lo que ves, lees, hablas o escuchas. Un artista siempre está absorbiendo cosas y luego filtra y plasma eso en su obra”.

Y así surgieron obras importantes en las que grandes ciudades como Nueva York, Madrid, San Francisco o Londres se presentan ante los ojos del espectador como auténticas ventanas al exterior, a la realidad. Aunque adora el olor de las pinturas, los aceites y los disolventes, confiesa que no podría soportar vivir todo el día rodeado de ellos.

“Siempre he trabajado con acrílico sobre lienzo, desde mi punto de vista es mucho más cómodo que el óleo y me da cosas que no me darían otros medios. Además al tratarse de pigmentos al agua apenas se perciben olores y es mucho más limpio”

 

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