Por José María Arévalo
(Detalle del óleo sobre tabla del Maestro de Gamonal)
Me ha parecido muy interesante la noticia de la recuperación para el Museo Nacional de Escultura vallisoletano de una ‘Virgen del Rosario’ del siglo XVI, tanto en s interés artístico como por las vicisitudes de la obra, que ahora ha adquirido el Estado para el MNE, por 180.000 euros, y que fue vendida en 1911 por 1.400 pesetas por las religiosas del convento de Santa Clara vallisoletano. Veamos los detalles que recoge la prensa local.
La tabla muestra en el centro de la composición a la Virgen con el Niño. En el lado izquierdo, junto a Santa Clara –identificable por el halo y la custodia que utilizó para hacer retroceder a los ejércitos enemigos en Asís–, se despliega un séquito de monjas de la orden; en el derecho, aparece probablemente representado Santo Domingo con los donantes y sus hijos. En los ángulos se disponen cuatro hornacinas fingidas con fondo de paisaje donde se sitúan San Antonio de Padua, San Bernardino, San Miguel Arcángel y San Francisco.
Más de cien años después de su salida, el Ministerio de Cultura ha recuperado para la ciudad el óleo sobre tabla del Maestro de Gamonal (siglo XVI), que durante casi cuatro siglos perteneció al convento de Santa Clara de Valladolid hasta que acabó adornando el Museo de Zuloaga en Zumaya, iluminando una de sus paredes junto a un Retrato al general Palafox de Goya o un Cristo en la cruz del Greco. Se trata de La Virgen del Rosario entronizada con donantes, adquirida a comienzos de octubre en subasta pública celebrada por la sala madrileña Abalarte. El Estado, ejerciendo su derecho de tanteo, se hizo con la obra tras abonar 180.000 euros. Es pues, una joya que pasará a formar parte de los fondos del Museo Nacional de Escultura, donde permanecerá en depósito.
(Una imagen de la obra en el Museo Zuloaga)
No fue hasta finales de los años ochenta del siglo pasado cuando el historiador del Arte Matías Díaz Padrón (1935-2022), quien fuera consejero técnico y jefe del departamento de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte hasta 1700 del Museo Nacional del Prado, atribuyó de forma definitiva la autoría de la obra al Maestro de Gamonal, descartando hipótesis previas que apuntaban a Antonio del Rincón –algunos vieron semejanzas con su Virgen de los Reyes Católicos–, al Maestro de la Calzada o al pintor flamenco Michel Sittow.
A su juicio, fue el citado autor, pintor activo en Burgos y Valladolid, el responsable de la tabla, que «quizá podría fecharse hacia 1515», siendo así posterior al retablo que realizara para la iglesia de Santa María la Antigua. «Era la pintura más comprometida con la vida y la historia del convento, pero ninguna referencia encontramos sobre ella en los viajeros de los siglos XVIII y XIX», advirtió el investigador. En su estudio, Díaz Padrón recoge diversos testimonios para relatar cómo fueron los últimos años en Valladolid de una joya que permaneció oculta para la mayoría –de ahí la falta de alusiones a su existencia–, al permanecer a lo largo del tiempo en el espacio del convento vedado para toda aquella persona ajena al mismo. Así, cita al que fuera arquitecto municipal y director del Museo Provincial de Bellas Artes Juan Agapito y Revilla (1867-1944), que refirió haber visto la tabla en la clausura del convento vallisoletano y lamentó «la ligereza de las monjas al obstaculizar su estudio, negando incluso su existencia en la clausura».
Por la «cifra irrisoria» de 1.400 pesetas fue adquirida en 1911 por el escultor romano Paolo Bartolini (1859-1930). «Ahora anda viajando de un lado a otro hasta que para en algún museo extranjero», lamentaba en 1921 Juan Agapito Revilla. En 1927 pasó a la colección de Ignacio Zuloaga (1870-1945), donde ha permanecido casi el último siglo hasta su regreso a Valladolid. «Zuloaga demostró en su faceta de coleccionista una envidiable visión y comprensión de los estilos del pasado medieval y de los inicios del Renacimiento en Tierras de Castilla, suelo que amó a la par que el suyo propio», celebró Díaz Padrón.
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