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San Esteban de Gormaz acogió las primeras Cortes de Castilla y León

Tres foramontanos en Valladolid 24 Ene 2025 - 07:22 CET
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Por José María Arévalo

(Iglesia de San Miguel, del s.XI, joya románica de San Esteban de Gormaz)

Me ha llamado la atención un artículo de La Gaceta Regional sobre San Esteban de Gormaz, el pueblo que acogió las primeras Cortes de Castilla y León. Al ver la foto con que ilustraba el artículo, de la iglesia románica que tiene en su cumbre, recordé inmediatamente mi paso por esta villa, cuando fui en bicicleta, de joven, con un amigo, desde Zamora. Recuerdo que paramos en san Esteban para verla más despacio, aunque la encontramos cerrada. Pero esta iglesia y todo el pueblo nos impresionaron.

Efectivamente – decía la Gaceta-, Castilla y León cuenta con el privilegio de ser una de las cunas de la historia de España, gracias a la cantidad de pueblos que tiene y que pueden presumir no solo de tener unos edificios espectaculares, sino también unos parajes naturales increíbles, además de unas tradiciones arraigadas.

Y, en la amplia lista de localidades que figuran en la comunidad autónoma con esas características -destacaba La Gaceta-, uno de los destinos que resultan ser parada obligatoria para los aficionados a viajar es una localidad soriana, de apenas 3.000 habitantes, en el que se ‘levantó’ el que, a día de hoy, es uno de los monumentos más increíbles de toda Castilla.

A orillas del río Duero, en pleno Camino de El Cid, nos encontramos con un pueblo realmente espectacular y mágico, que, a su vez, parece estar sacado de una gesta medieval. Y es que, en San Esteban de Gormaz, declarado como conjunto histórico-artístico, se encuentra la iglesia románica porticada más antigua de Castilla, el cual se une a un casco antiguo repleto de historias legendarias y que han hecho de este municipio un destino totalmente imperdible por el arte y la arquitectura que rebosa.

San Esteban de Gormaz es, además, un pueblo que reconecta con la historia de España. De ahí que genere tanta atracción en todas aquellas personas que lo visitan. De hecho, son muchas las joyas románicas con las que cuenta, entre las que destaca la Iglesia de la Virgen del Rivero, su castillo medieval o su ruta del vino, de 35 kilómetros.

Pero, realmente, lo que hace que esta localidad sea realmente interesante es que acogió las primeras Cortes. Y es que, en el mes de mayo del año 1187, se celebró, con Alfonso VIII a la cabeza, una reunión de la Curia Regia, en la que participaron distintos representantes de los Concejos castellanos -hasta ese momento, integrada por los nobles más importantes y, desde entonces, frecuentada por los representantes de distintas ciudades y villas-.

He ampliado la información de La Gaceta con la historia del pueblo en Wikipedia, que explica cómo la zona donde se encuentra emplazado el pueblo ha conocido asentamientos humanos desde la prehistoria. La primera referencia de vida humana es un hacha de talón de la época celtíbera, fechado en el año 900 a. C. San Esteban de Gormaz era un castro de cierta importancia, como cruce de caminos entre Clunia y Tiermes y Uxama y Segontia Lanka.

Adentrándonos ya en la historia, encontramos asentamientos romanos y árabes de los que aún se conserva cierto patrimonio. Los árabes la consideraban un importantísimo núcleo cristiano, por lo que fue objetivo militar de ambos bandos durante 200 años: desde que se inició la construcción de su castillo por los árabes en el siglo IX (tiempo en que la población se llamaba Castromoro), hasta que cayó finalmente en manos del reino de Castilla. Las innumerables contiendas que tuvieron lugar durante todo este tiempo no fueron óbice para que este lugar situado en la frontera de Castilla se consolidara como núcleo urbano.

Alfonso X el Sabio estuvo dos veces en la villa sanestebeña y la inmortalizó al componer sus Cantigas de Santa María, una de las cuales relata la leyenda del Vado de Cascajar. En 1187 se celebraron en la villa las primeras Cortes de Castilla y su importancia siguió creciendo hasta que a finales del siglo XIII alcanza su máximo esplendor. Para esta fecha ya contaba con 3000 habitantes (120 caballeros), cuatro parroquias y dos monasterios situados fuera de los límites de la villa. A partir de esta época, irá decayendo lentamente. Los Reyes Católicos concedieron en 1504 a San Esteban el privilegio de abaratar el pan.

A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituyó en municipio constitucional, conocido entonces como San Esteban de Gormaz y Pedraja, en la región de Castilla la Vieja que en el censo de 1842 contaba con 192 hogares y 876 vecinos. Hacia mediados del siglo XIX, la villa tenía contabilizada una población de 800 habitantes.

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