Por José María Arévalo
(Monasterio de Santa María de Huerta)
En la localidad de Santa María de Huerta, provincia de Soria, en tierras de la antigua frontera castellana entre el reino de Castilla y el de Aragón, se encuentra un monasterio cisterciense construido entre los siglos XII y XVI. Creo recordar haber pasado cerca, pero sin entrar, así que me ha sorprendido -y si lo hubiera sabido entonces me hubiera detenido- la información de Irene Mayordomo Cabrejas en Viajar, que titulaba, hace unos días, “El monasterio cisterciense más grande de Europa está en un pequeño pueblo de Soria y es el lugar donde se leyó por primera vez el Cantar de Mio Cid”. Vamos a verla y añadiremos algo de su historia y una visita, tomadas de la red.
“En pleno corazón de Soria, en ese mapa de la España vaciada que tan llena está de historias -reza el artículo- , se alza majestuoso el Monasterio de Santa María de Huerta. A simple vista, podría parecer uno más de esos monumentos que sobreviven al paso del tiempo, pero basta con cruzar sus muros para darse cuenta de que estamos ante un gigante silencioso. No es cualquier cenobio, es el monasterio cisterciense más grande de Europa y el lugar donde, según la tradición, se leyó por primera vez el Cantar de Mio Cid. Palabras mayores.
Santa María de Huerta no solo impresiona por su tamaño, sino también por su majestuosa arquitectura que combina el románico y el gótico más sobrio . Fundado en el siglo XII bajo la protección del rey Alfonso VII, este monasterio ha visto pasar cruzadas, guerras y siglos como quien ve llover. Sus muros de piedra respiran historia y austeridad, al más puro estilo del Císter, esa orden que buscaba a Dios en el silencio y la sencillez.
Su construcción fue posible gracias al apoyo de poderosas familias como los Finojosa. El claustro de los Caballeros, la impresionante cocina medieval con sus chimeneas cónicas (únicas en Europa), o la sala capitular con sus arcos apuntados, todo ello forma parte de un legado arquitectónico de incalculable valor.
DONDE NACIÓ LA ÉPICA
Pero si hay algo que eleva este lugar de importante a mítico es su relación con la literatura. Según numerosos estudiosos, fue en este monasterio donde se leyó por primera vez, allá por el siglo XIII, el Cantar de Mio Cid, uno de los textos fundacionales de la literatura española. Imaginemos el momento, los monjes reunidos en el scriptorium, escuchando las gestas de Rodrigo Díaz de Vivar, el caballero desterrado que lucha por su honor. La épica en estado puro, envuelta en los ecos de las bóvedas cistercienses.
No es descabellado pensarlo, el Císter tuvo un papel fundamental en la conservación y transmisión de saberes durante siglos, y Santa María de Huerta era un centro cultural de primer orden. Se sabe que personajes influyentes, como Pedro Manrique de Lara, jugaron un papel relevante en la protección del convento y en la difusión de la leyenda cidiana. Además, muchos juglares recorrían Castilla relatando sus historias y encontraban en este monasterio un punto de encuentro ideal para compartir y crear. Por eso, Santa María de Huerta no destaca únicamente por su arquitectura, sino por haber sido testigo, silencioso pero firme, de la evolución cultural y literaria de España.
MÁS QUE PIEDRAS ANTIGUAS
Aunque pudiera parecerlo, Santa María de Huerta no es un fósil del pasado. El monasterio sigue habitado por una pequeña comunidad de monjes que mantienen viva la regla de San Benito: ora et labora. Su pan, sus dulces y su hospitalidad son célebres entre los peregrinos, turistas y curiosos que llegan a este rincón soriano. Además, el monasterio ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Ofrece visitas guiadas, exposiciones y actividades culturales, y se ha convertido en un referente del turismo espiritual y patrimonial. Porque sí, hay vida más allá del ladrillo y la piedra tallada.
Lo curioso es que, a pesar de su grandiosidad e historia, Santa María de Huerta sigue siendo un gran desconocido. Quizá porque está lejos de los grandes focos turísticos. Quizá porque en España nos cuesta mirar a lo nuestro con ojos de asombro. Pero no deja indiferente a ningún visitante. En definitiva, si alguna vez te preguntas qué hace tan especial a ese pequeño pueblo soriano, la respuesta está clara: guarda un tesoro monumental donde la espiritualidad, la arquitectura y la literatura se dan la mano. Así que ya sabes, la próxima vez que planees una escapada con alma, no lo dudes, pon rumbo a Huerta y déjate llevar por la historia.
VISITA AL MONASTERIO
La web de estos monjes recoge un apartado de “visita turística a nuestro Monasterio Cisterciense Santa María de Huerta”, que “se realiza en la planta baja del monasterio, la parte artística y más antigua. En la planta alta vivimos la comunidad de Monjes Cistercienses que habitamos esta Escuela del Servicio Divino.
Por nuestro estilo de vida contemplativo la planta alta es de estricta clausura y por eso no forma parte de la visita. La visita que realizas no es a ruinas, es a un monasterio vivo que está en plena actividad monacal.
El recorrido de la visita turística está compuesto por tres grandes bloques: la Iglesia, dos claustros y las dependencias del monasterio. Cuatro estilos: románico, gótico, plateresco y herreriano, que se suman en uno solo caracterizado por su austeridad: el cisterciense. A ello se añade la exhibición de un audiovisual de unos 20 minutos que explican la historia, el arte y la espiritualidad de Císter.
La visita al monasterio comienza por la entrada de la iglesia desde la plaza. Se accede al sotocoro, donde se encuentran pequeños retablos barrocos y el cenotafio de Don Rodrigo Jiménez de Rada, así como una verja de hierro forjado del siglo XVIII. A la izquierda está la entrada a la tienda, donde se entrega una breve guía, dando paso a los claustros.
Por el claustro gótico se accede a la Iglesia que comenzó a edificarse en el s. XII y su finalización fue alrededor del s. XIV. Desde la puerta mayor de la Iglesia se vuelve al Claustro Gótico del s. XIII, de puro arte cisterciense, destacando por la sencillez en las decoraciones y adornado por arcosolios que sirven de sepulturas a caballeros que lucharon en las guerras de reconquista.
Dos salas del s. XVII siguen a continuación, la Sala de Profundis, donde actualmente hay una exposición sobre el agua y su repercusión en el monasterio y la Escalera Real -antiguo calefactorio- que da acceso a la parte superior renacentista.
Seguido está la dependencia más importante de nuestro monasterio, el Refectorio gótico del s. XIII, que es único en todo el mundo dentro del arte cisterciense, y que resalta por su esbeltez y su bóveda sexpartita. Desde el Claustro gótico se contempla en la parte superior el Claustro plateresco o renacentista con sus medallones y rostros de piedra que recuerdan historias y sucesos. Al lado del Refectorio está la Cocina gótica del s. XIII al estilo de las cocinas cistercienses españolas. Pasando por el corredor de los Hermanos Conversos se llega a la sala o comedor de los Hermanos Conversos del s. XII, conocida como «Domus Conversorum», de sobrio estilo románico.
En frente está la Cilla o almacén del s. XII, de estilo igualmente románico, donde se exhibe el audiovisual que complementa la visita. Al salir se retorna al Claustro Herreriano del s. XVII, desde donde se accede a la salida.
HISTORIA
(El refectorio, la joya del monasterio)
Su fundación -explica Wikipedia- se debe al rey Alfonso VII, en cumplimiento de una promesa que hizo en el cerco de Coria. Para este proyecto, el rey trajo en 1142, desde la abadía de Berdoues en Gascuña (Francia), una comunidad de monjes cistercienses, con su abad Rodulfo, que se alojó en un edificio muy pobre construido en un paraje llamado Cántabos, situado en el municipio de Fuentelmonge. El lugar elegido tenía escasez de agua y se decidió un traslado a las tierras cercanas al río Jalón, que se llevó a cabo en 1162.
San Martín de Hinojosa fue el cuarto abad del cenobio. Fue nombrado obispo de Sigüenza pero renunció y regresó al monasterio, donde hizo grandes obras y transformaciones hasta convertir el primitivo edificio en otro de mayores dimensiones y de verdaderos rasgos cistercienses, que todavía perdura. Alfonso VIII de Castilla puso la primera piedra de esta nueva construcción el 20 de marzo de 1179. Se cree que las obras fueron realizadas bajo la dirección del maestro de la catedral de Sigüenza. Avanzaron muy deprisa gracias a la protección real y a las abundantes donaciones.
Uno de los grandes patrocinadores de este monasterio fue el arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada, sobrino de Martín de Hinojosa. En su testamento firmado en París en abril de 1201 dispuso que lo enterraran en dicho monasterio. A lo largo de los años este centro recibió muchas donaciones y limosnas, enriqueciendo constantemente su patrimonio. Muchos de los concilios de la Orden del Císter se celebraron en este lugar.
Patrocinadores importantes fueron los señores de Molina que eligieron el monasterio para su sepultura, incluyendo al primer titular del señorío, el conde Manrique Pérez de Lara, así como su hijo Pedro, ambos enterrados, junto con otros miembros de su linaje, en el panteón de los condes de Molina ubicado en el claustro gótico. También fueron bienhechores del monasterio los reyes de Aragón Alfonso II y Pedro II.
En 1215, Martín Muñoz, mayordomo mayor de Enrique I y sobrino del abad Martín de Finojosa, costeó las obras del refectorio. En el siglo XVI obtuvo ayudas y beneficios de Carlos I y Felipe II. Se levantaron otras construcciones y se agrandó el complejo monástico.
En 1833, con arreglo a la Desamortización de Mendizábal, fueron expulsados los monjes y sólo quedó la iglesia como parroquia. Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo, hizo un estudio exhaustivo de todo el monumento, haciéndose cargo de dar a conocer toda la historia y el inventario de las obras de arte. Gracias a su labor, este monasterio pudo salvarse de la ruina total. En 1882 fue declarado monumento nacional.
Desde 1930 reside en el monasterio una comunidad de monjes de la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO). En la actualidad, la comunidad está formada por unos 24 hermanos, y el abad del monasterio es Isidoro María Anguita.
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