Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Los tapices de la catedral de Zamora

Tres foramontanos en Valladolid 04 Jun 2025 - 07:26 CET
Archivado en:

José María Arévalo

(Paso de los Alpes, de la serie La Historia de Aníbal)

La Fundación Carlos de Amberes, en colaboración con Grupo Enciclo y la Embajada de Bélgica en España, ha presentado este año uno de sus proyectos culturales más ambiciosos: la nueva web de tapices flamencos en España: flandesenhispania.org. Nueva herramienta que se define ya como el más completo y moderno repertorio digital de tapices flamencos en España. Una noticia de especial relevancia, teniendo en cuenta que la escuela de Flandes se convirtió en la más importante en cuanto a producción de tapices, y que las colecciones españolas de esta manufactura son consideraras como de las mejores del mundo. Tras varios años fotografiando in situ y a gran calidad, así como catalogando y estudiando cientos de tapices por todo el país, bajo la dirección científica de Miguel Ángel Zalama, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, la fundación ha presentado esta nueva herramienta puntera, que sustituye a la web original, y que resulta fundamental para el conocimiento y la difusión de este importante patrimonio textil que normalmente no es tan conocido por el público general.

Efectivamente, he entrado en la web y he buscado los tapices que más me interesan, como buen zamorano, los de la Catedral de Zamora, que además son uno de los conjuntos más importantes de tapices flamencos en nuestro país. Junto con sus tapices, la web omcluye una breve reseña de la catedral: Emplazada en la parte más alta de la ciudad, dominando el río Duero, la catedral de Zamora fue construida entre 1135 y 1159 por iniciativa de Alfonso VII de Castilla y León. Ese breve lapso de tiempo que duró su construcción aseguró la unidad de estilo del templo, un espléndido románico severo y pulcro que recuerda a la arquitectura cisterciense. Presenta planta de cruz latina, con crucero poco marcado, tres naves de cuatro tramos y tres ábsides, que en el siglo XVI fueron sustituidos por una cabecera gótica. De las tres portadas originales sólo se ha conservado en su integridad la del Obispo. La torre de San Salvador es del siglo XIII, y el claustro es herreriano (siglos XVI-XVII). Destaca, especialmente, el cimborrio que se eleva en el centro del crucero, joya del conjunto catedralicio (1152-1207). Su cúpula gallonada (sobre tambor y pechinas), con cuatro torrecillas angulares, de inspiración bizantina y normanda, sirvió de inspiración para el de la catedral vieja de Salamanca.

En su interior destaca la capilla mayor gótico-plateresca, con el retablo de la Transfiguración de Cristo (siglo XVIII) de Ventura Rodríguez; los sepulcros, tallas y retablos de sus capillas laterales, obra de artistas como Juan Montejo, Fernando Gallego y Bartolomé Ordóñez; y la sillería del coro (1512-1516), de Juan de Bruselas, con rejería de Diego de Hanequín, fray Francisco de Salamanca y Esteban de Buenamadre.

Y sobre el emplazamiento de los tapices en el museo de la catedral, hemos buscado en la red un resumen, ya que la web de los tapices no lo incluye: La verdadera razón de ser del museo es su colección de Tapices Flamencos, compuesta por unas veinte piezas, aunque en las salas habilitadas, en la segunda planta de la crujía norte del claustro, no están expuestas todas, con ausencias lamentables. Los cuatro paños de los doce que formaban la serie de La Guerra de Troya, de grandes dimensiones, son quizá los más estudiados de la colección. El acontecimiento histórico entre aqueos y troyanos del segundo milenio aC. que representan fue recogido a partir de la tradición oral por primera vez en La Ilíada del siglo VIII aC. y ha sido reelaborado a lo largo de la historia del hombre en sucesivas leyendas que fueron enriqueciendo los hechos y terminaron convirtiéndose incluso en más conocidas que el propio poema homérico, como es el caso de Le roman de Troie de Bernoít de Sainte-Maure de 1184, que inspiró famosas representaciones medievales en lujosos libros miniados y en tapices.

Se cree que fue Carlos el Temerario, duque de Borgoña, el que en 1472 encargó la primera serie de tapicería sobre la Guerra de Troya, no en vano su estirpe afirmaba que Príamo, el último rey de Troya y padre de Héctor y Paris, era uno de sus antepasados. Pero rápidamente fue emulado por otras relevantes figuras de la época, como Federico de Montefeltro, duque de Urbino, Enrique VII de Inglaterra, Matías Corvino de Hungría, Carlos VIII de Francia, Ferrante I de Nápoles o Ludovico Sforza, duque de Milán .

Y es que, dada la envergadura del encargo, una serie tan grande y costosa, sólo estos grandes señores podían permitirse semejante lujo, encajando, además, a la perfección, dentro del concepto de magnificencia que tan bien empezaron a utilizar a partir de la segunda mitad del siglo XV estos príncipes europeos en relación con el esplendor y la grandeza que eran capaces de mostrar estas espléndidas piezas a quienes visitaban sus cortes.

Los cuatro paños de Zamora fueron donados a la catedral en 1608, junto al de Tarquinio Prisco, por don Antonio Enríquez de Guzmán y Toledo, VI conde de Alba y Aliste. Tres de ellos, lo mismo que el de Tarquinio, presentan bordados los blasones de don Íñigo López de Mendoza y Quiñones, II conde de Tendilla, una estrella de ocho puntas con la divisa “buena guía”, concedidas por el papa Inocencio VIII en 1486 para él y sus descendientes, al que en 1512 Fernando el Católico le concedió también el marquesado de Mondéjar.

Los escudos están ubicados entre las cartelas explicativas superiores pero sin ir incorporados a la trama del tapiz, lo que indicaría que él no fue su primer propietario. Hasta 1925 estuvieron cubiertos por los escudos de armas del condado de Alba y Aliste de fines del siglo XVI, también sobrecosidos y retirados en una restauración en 1926.

Quizá estos cuatro paños pertenecerían a la serie que encargó Ferrante I de Nápoles y llegarían a manos de don Íñigo por donación de ese monarca como recompensa por su labor diplomática. De todos modos, es sólo una hipótesis, pues hay investigadores que apuntan, por el análisis de forma de la heráldica, que ésta sería añadida por el III conde de Tendilla, don Luis Hurtado de Mendoza, como una forma más de honrar la memoria de su padre, abriendo la puerta a la idea de que fuera éste, y no su padre, el dueño de los tapices.

Sobre cómo llegaron después a los Alba y Aliste, entre las muchas ramificaciones genealógicas de los Mendoza se sabe de su vinculación con esta familia, a la que las piezas pudieron ser heredadas, aunque sin que pueda descartarse la adquisición. Lo que sí está constatado es que ya figuran en el inventario redactado en 1562 a la muerte del IV conde, don Enrique Enríquez de Velasco, decorando varias salas de su palacio en Zamora, hoy Parador Nacional.

La serie completa de doce paños representaba desde los prolegómenos de la guerra hasta la destrucción de Troya. La teoría más aceptada en la actualidad es que fueron realizados entre 1475 y 1485 en un taller de Tournai, en ese momento ciudad borgoñona, quizá en el del afamado tapicero Pasquier Grenier, que es quien realizó la primera serie para Carlos el Temerario en 1472 y otro conjunto para Enrique VII de Inglaterra en 1488, a partir de cartones diseñados por el Maestro de Coëtivy, pintor, iluminador de manuscritos y diseñador de tapices y vidrieras flamenco que se ha identificado con Herni de Vulcop y al que se le atribuyen nueve dibujos preparatorios de la serie, unos enteros y otros parciales, conservados en el Louvre, y otros dibujos recientemente localizados en el Victoria & Albert de Londres.

Los tapices están realizados con urdimbre y trama de lana en los colores azul marino, azul, rojo, rosa, violeta, verde, blanco, gris, crema y pardo, y seda en oro, crema, azul y verde, dominando los colores claros y el rojo intenso.

No hay separación entre escenas, con gran cantidad de personajes en cada tapiz, la mayoría identificados con el nombre. La lectura es de izquierda a derecha y de arriba abajo, concentrando los temas más importantes en la parte inferior y dejando la superior para lo más anecdótico. También presentan inscripciones en francés en la parte superior y en latín en la inferior en las que se va narrando la historia, con letras en amarillo sobre fondo rojo.

El paño del «Rapto de Helena» es el único conservado de este asunto de las series conocidas. La historia se desarrolla de izquierda a derecha, con Príamo en su palacio escuchando de sus hombres cómo los aqueos se niegan a devolver a su hermana Hesione, a la que tienen secuestrada, la expedición saliendo de Troya, llegando a Citerea y saquéndola, el encuentro de Paris y Helena en el templo de Afrodita y la llegada de ambos a Troya, donde Helena recibe la bendición de Príamo. Lamentablemente, no siempre se puede ver, parece ser que se coloca en la sala capitular de la catedral -porque no cabe en las salas del claustro-, que no está siempre abierta a la visita.

El paño de la «Tienda de Aquiles» de Zamora está incompleto, pues en un incendio se perdió una cuarta parte por la izquierda en la que, según los dibujos preparatorios de la serie conservados en el Louvre y otras ediciones de tapices, sobre todo un fragmento en The Cloisters del Metropolitan de New York, representaba la quinta batalla, en la que se narra la muerte del centauro Sagitario a manos de Diomedes, la de un guerrero a manos de Héctor y la de Hupón el Grande a manos de Aquiles. En la parte conservada en Zamora se relata la entrevista entre Héctor y Aquiles en el campamento de los aqueos en el que el primero propone un combate singular que los aqueos no aceptan, la lucha entre aqueos y troyanos mientras las mujeres observan desde las murallas y la preparación de Héctor para el combate con Aquiles.

El paño de la «Muerte de Aquiles» también es otro de los que sólo se conservan en Zamora de las series conocidas y el único que no lleva los escudos de la casa de Tendilla. En él sólo aparecen batallas. Destaca la muerte de Troilo, al que Aquiles corta el cuello, la muerte de Aquiles a manos de Paris, que le clava un dardo en el talón, su única parte vulnerable, y le remata con flechas en el pecho y la frente, y la muerte de Paris por un tajo en el rostro propinado por Ayax, a su vez herido mortalmente por una flecha que ya le había lanzado Paris.

El paño de la «Destrucción de Troya» es el último de la serie y narra cómo los aqueos utilizaron la estrategia del caballo ideada por Ulises, ubicado en la parte izquierda, para entrar en la ciudad, la muerte de Príamo a manos de Pirro y la captura de Polixena, Hécuba y Casandra por Ayax, que se dispone a decapitarlas. Además del relato histórico, este último paño de la serie muestra, en el extremo derecho, separado de la historia troyana, un escritorio en un ámbito gótico en el que un personaje barbado representa al autor del relato, que culmina en la última inscripción: “Ansi fine li store miserable de la cite digne de grantrenom” (así termina la miserable historia de una ciudad digna de gran nombre). Lo mismo que el paño del «Rapto de Helena», también está en sala capitular.

El tapiz de «Tarquino Prisco» es también obra flamenca, fechada en 1475, un único paño de una serie que estaría centrada en la Historia de Roma y otro de los donados a la catedral en 1608 por el VI conde de Alba y Aliste, con la misma heráldica bordada, sin formar parte de la trama, de don Íñigo López de Mendoza y Quiñones, II conde de Tendilla. La escena parece seguir, con ciertas licencias, y seguramente a partir de una de las traducciones francesas del texto clásico realizadas en la Edad Media, el relato de Tito Livio de la historia del quinto rey de Roma, Lucio Tarquinio Prisco, también conocido como Tarquinio el Viejo, al que la tradición considera fundador de la ciudad. Como era habitual en los tapices de esta época, no tiene bordura pero presenta en la parte superior tres inscripciones que relatan los acontecimientos representados mediante abundantes figuras separadas en tres escenas: Lucio Tarquinio avanzando a caballo hacia Roma, la Coronación de Tarquinio y la Batalla de Tarquinio y los sabinos. Aunque denota horror vacui, con las figuras abigarradas, cierta sensación de tres dimensiones y la separación clara de los episodios hace que algunos especialistas consideren que podría haber salido de algún taller de Bruselas, aunque es un dato todavía no contrastado documentalmente.

La serie de la Parábola de los obreros de la viña se encuadra dentro del primer renacimiento. Está basada en un pasaje del Evangelio de San Mateo quizá tamizado por los escritos de San Jerónimo, sin que se tengan muchas noticias sobre el uso de este asunto como motivo en el arte. El Colegio del Patriarca de Valencia conserva otra serie muy similar que debió partir de los mismos cartones. Está compuesta por dos paños, con «La llamada a los trabajadores» y «El pago del denario», y se cree que es una serie completa porque no hay lagunas en la historia. Muestran escenas plagadas de personajes entre algunas formas arquitectónicas y vegetales y tienen bordura de unos veinticinco centímetros. Fueron realizados en Bruselas en torno a 1500 pero no se sabe ni el autor de los cartones ni el licero, aunque hay especialistas que apuntan al taller de Pieter van Aelst, tapicero de Felipe el Hermoso.

«La llamada a los trabajadores» muestra a los elegidos antes de la llegada del Mesías para trabajar por la Redención. Entre todas las figuras se distingue al pater familias, el dueño de la viña, en la parte inferior dirigiéndose a unas mujeres, al mismo personaje invitando a Noé y a sus hijos a trabajar o a las alegorías de la Caridad y el Trabajo conduciendo a Abraham, Isaac y Jacob hacia el pater familias. La presencia de una mujer con los ojos vendados portando las Tablas de la Ley es una alusión al judaísmo que representa el Antiguo Testamento. La última salida en busca de trabajadores aparece en la parte inferior derecha, con el dueño encontrándose con los profetas Daniel, Jeremías, Ezequiel, Isaías… con un joven vestido de blanco señalando a Cristo derramando abundante sangre en barricas de las que un papa y un cardenal sacan vino, alegoría de la Redención.

«El pago del denario» muestra cómo todos los trabajadores, tanto los que empezaron al comienzo del día como los incorporados a última hora, reciben el mismo jornal, un denario, simbolizando que todos los cristianos serán recibidos en el Paraíso. Una larga fila de trabajadores se dirigen a la casa del pater familias, una estructura gótica, donde reciben el pago del administrador. En la parte inferior el señor es coronado por dos ángeles en presencia del Espíritu Santo mientras algunos trabajadores se quejan por lo injusto del reparto. La historia termina en la parte superior, con el administrador y los elegidos dirigiéndose al Paraíso, simbolizado por la fuente de la vida.

La serie de la Historia de Aníbal se compone de cinco de los ocho paños con los que debió contar, con las escenas del «Juramento de Aníbal», el «Paso de los Alpes», «Aníbal en Italia», el «Botín de Cannas» y «Magón, mensajero de Aníbal, en Cartago». Se conoce un sexto paño con la «Toma de Sagunto» conservado en el castillo de Chaumont que debía formar parte de una serie réplica de la de Zamora.

Los paños fueron realizados en un taller de Bruselas, con la marca de la ciudad en el orillo inferior, a la izquierda. Según las características de la bordura se fechan hacia 1570, sin que se sepa ni quién fue el licero, aunque su marca aparece no ha podido descifrarse, ni el autor de los cartones, atribuidos a un pintor flamenco formado en Italia, quizá del círculo de Michel Coxcie. Muestran grandes figuras y animales enmarcados por una ancha bordura de frutos y vegetales y con un cartucho superior con una inscripción en latín referido al acontecimiento representado.

En cuanto a su entrada en las colecciones catedralicias, se cree que pertenecieron al chantre don Jacinto Varas y Vázquez, que según un documento de 1772 entregó a la catedral ocho tapices de historia. De todos modos, en las colecciones se documentan “veyntetapiçces de lana fina de yistorias antiguas” ya desde 1620.

El «Juramento de Aníbal» toma la escena del relato de Tito Livio y muestra el sacrificio al Dios de la Guerra y el juramento del guerrero de luchar contra los romanos teniendo como testigo a su padre, Amílcar Barca. El «Paso de los Alpes» muestra esa mítica hazaña en un segundo plano, a la izquierda, con los guerreros a caballo bajando las montañas y en un plano más próximo dos elefantes con un castillete con hombres armados, y está protagonizada por el campamento cartagines con Aníbal de pie mostrando el bastón de mando a tres de sus capitanes. «Aníbal en Italia» muestra al general cartaginés a caballo junto a varios guerreros levantando el brazo en señal de protección ante las personas que salen a su encuentro implorándole su favor mientras un anciano le ofrece las llaves de la ciudad.
«El botín de Cannas» relata el momento posterior a la victoria más importante de Aníbal, cuando los cartagineses recogen las pertenencias de los cadáveres, amontonados y van echándolas en un recipiente. «Magón, mensajero de Aníbal, en Cartago» es el último paño de la serie conservado en Zamora. Narra cómo el cartaginés envió a su hermano para que relatara la Victoria de Cannas al senado cartaginés, representado mediante nueve personajes sorprendidos que levantan las manos en señal de júbilo, mientras Magón muestra un cofre con el botín.

Otros dos tapices fechados en la segunda mitad del siglo XVI están dedicados a David y Goliat y a Saúl y David. Finalmente, la colección se completa con seis tapices barrocos del siglo XVII de Alegorías de las Artes realizados en un taller de Bruselas.

SERIE LA HISTORIA DE ANÍBAL

Vamos ya con las series de tapices de la catedral de Zamora y los comentarios en la web flandesenhispania.org. El primero que aparece es de la serie Historia de Aníbal.

Modelos: Maestro anónimo de los Países Bajos. Manufactura: Talleres de Bruselas. Fecha: c. 1570. Composición: Lana y seda, 6,5/7 hilos por cm. Procedencia: En la catedral desde el siglo XVII. Lugar: Catedral de Zamora (Museo catedralicio)

Los cinco paños de la serie narran episodios de las hazañas militares del general cartaginés Aníbal. Espectaculares figuras de personas y animales protagonizan las escenas, enmarcadas por una ancha bordura de 50-55 cm a base de frutos y vegetales. En un cartucho en la parte superior, varias inscripciones en latín refieren los acontecimientos. No es habitual una serie dedicada exclusivamente a Aníbal. El héroe cartaginés por lo general aparece junto a la de su enemigo, Escipión el Africano, quien al haber sido el triunfador de la contienda se erige en la figura principal de la historia. En esta serie, sin embargo, el protagonista único es Aníbal y sus victorias.

La serie debió contar con ocho paños, de los cuales se conservan cinco en Zamora: Juramento de Aníbal, Paso de los Alpes, Aníbal en Italia, Botín de Cannas, y Magón, mensajero de Aníbal, en Cartago. Un sexto paño, Toma de Sagunto, custodiado en el castillo de Chaumont (Francia), formaba parte de una réplica de la serie de Zamora.

Los tapices se tejieron en Bruselas, tal como resalta la marca B▼B en el orillo. También aparece la marca del licero, pero hasta la fecha no se ha podido descifrar. Sabemos que éste trabajó en época del tapicero François Geubels, en la segunda mitad del siglo XVI, y sin duda colaboró con él pues la enigmática marca se encuentra junto a la de Geubels en la serie Historia de Rómulo y Remo conservada en Viena.

Tampoco se ha podido precisar quién fue el autor de los cartones. Sin duda se trata de un pintor de los Países Bajos pero italianizado, probablemente del círculo de Michel Coxcie, con formas de escasa expresividad pero monumentales y de rico colorido. Atendiendo a la bordura, donde las figuras se insertan entre los vegetales y los frutos, se ha fechado la serie en torno a 1570.

No hay documentación precisa sobre la fecha de entrada en la catedral de Zamora. Se ha pensado que pertenecieron al chantre Jacinto Varas y Vázquez, quien en 1772 hizo entrega a la catedral de ocho tapices “de Historia”. Sin embargo, podrían estar allí desde principios del siglo XVII, pues en 1620 se documentan “veynte tapiçes de lana fina de ystorias antiguas”.

Referencias: F. Martín Avedillo, Los tapices de la catedral de Zamora, Zamora, 1989.
J. P. Asselberghs, Los tapices flamencos de la catedral de Zamora, Salamanca, 1999.

TAPIZ DEL PASO DE LOS ALPES

Recogemos lo que la web divcve sobre este tapiz concreto. Conocida es la gesta de Aníbal que consiguió llegar a Italia con un considerable ejército en el que no faltaban elefantes. La dificultad de mover a los paquidermos tan lejos de su hábitat y, sobre todo, conseguir que estos animales de las llanuras superasen la barrera que suponían las montañas, es una gesta que se ha convertido en una cita histórica recurrente como una de las hazañas más extraordinarias de la Antigüedad. En el tapiz, a pesar de su nombre, se representa el paso de los Alpes en un segundo plano. A la izquierda se ven guerreros a caballo bajando de las montañas y en un plano más próximo dos elefantes que llevan un castillete de madera con hombres armados, lo que deja clara la función bélica de estos animales. La bordura es prácticamente idéntica a la del primer paño y en el orillo aparecen las mismas marcas.

Denominado Paso de los Alpes, en realidad esta escena solo aparece como secundaria, incluso compartiendo protagonismo con el campamento cartaginés formado por grandes tiendas de campaña. No obstante, la escena principal a la que hace referencia la inscripción está al margen de las vicisitudes que conllevó sortear las montañas. Aníbal, de pie en primer plano, muestra con el bastón de mando a tres de sus capitanes las llanuras italianas, fértiles y apacibles, que serían suyas de alcanzar la victoria.

En la parte superior, en un cartucho, se describe la escena en la inscripción: HANNIBAL EXCELSO ARMIGERIS DE VERTICE MONTIS / BLANDA LOCA ITALIAE CONSPICIENDA DEDIT (Aníbal, desde la cima de una montaña, indica a sus guerreros las apacibles campiñas de Italia).

En realidad, este paño es el segundo de la serie de los conservados en Zamora, pero no de la colgadura completa. Al menos habría otro anterior, la Toma de Sagunto, episodio acaecido antes de llegar a Italia y del que conservamos un tapiz, de otra serie distinta a la de Zamora, en el castillo de Chaumont (Francia).

SERIE LA GUERRA DE TROYA

(Serie La Guerra de Troya)
Modelos: Maestro de Coëtivy (Henry o Conrard de Vulcop). Manufactura; Talleres de Tournai. Fecha: c. 1470. Composición: Lana y seda, 6/7 hilos por cm. Procedencia: Entró en la catedral, en 1608, por donación del conde de Alba de Aliste. Lugar: Catedral de Zamora (Museo catedralicio)

El Museo Catedralicio de Zamora expone permanentemente cuatro tapices de grandes dimensiones, en lana y seda, pertenecientes a la serie sobre la Guerra de Troya que, en origen, estaba formada por once paños (algunos ejemplares se conservan en otras colecciones). En Zamora pueden verse los episodios correspondientes al Rapto de Helena, la Tienda de Aquiles, Muerte de Aquiles y Destrucción de Troya.

Pocos acontecimientos legendarios han mantenido tanto el interés en generaciones sucesivas como la Guerra de Troya. Con un origen histórico —las luchas en el segundo milenio antes de Cristo entre los primitivos griegos, los aqueos, y los troyanos—, la destrucción de la rica ciudad, estratégicamente situada junto al estrecho de los Dardanelos, se convirtió en una epopeya de transmisión oral. Según la mayoría de los estudiosos, en el siglo VIII a. C. Homero transformó la narración en un poema en hexámetros compuesto por veinticuatro cantos al que titularía La Ilíada, una de las obras cumbres de la literatura universal.

Homero relata la cólera del griego Aquiles hijo de la nereida Tetis, que, humillado por Agamenón, rey de Micenas y jefe de los aqueos, por haberle quitado la esclava Briseida, se negó a entrar en combate. A través de su divina madre consiguió que Zeus impidiera que Troya fuese tomada mientras él no participara en la lucha. Al final Aquiles depuso su ira y su intervención en la contienda fue decisiva, pues consiguió dar muerte al héroe troyano Héctor. El poema concluye con el rescate del cuerpo de Héctor.

Pronto surgieron diferentes leyendas que acabaron siendo incluso más conocidas que el propio poema. Así, se supuso que la guerra había comenzado porque el troyano Paris, hijo del rey Príamo, había raptado a la griega Helena, esposa del rey de Esparta Menelao. Asimismo, el episodio del caballo de madera urdido por Ulises, gracias al cual pudieron penetrar en la ciudad los asaltantes, se convirtió en una de las historias más repetidas.

Diferentes autores de época romana recogieron estos acontecimientos que se reelaboraron en textos medievales, como el poema Le roman de Troie, de Benoît de Sainte-Maure, de 1184, que fue la base para otros escritos posteriores que sirvieron de inspiración a las representaciones más celebradas.

Muchos de estos relatos se hicieron en la corte de Borgoña, y fue el duque Carlos el Temerario el primero que encargó una serie de tapicería sobre la Guerra de Troya en 1472. Pronto otros personajes quisieron tener su propia colgadura y sabemos que el duque de Urbino Federico de Montefeltro, Enrique VII de Inglaterra, el rey de Hungría Matías Corvino, Carlos VIII de Francia, Ferrante I de Nápoles o el duque de Milán Ludovico el Moro poseían otras ediciones, todas realizadas antes de 1500.

A partir de modelos del Maestro de Coëtivy se manufacturaron en Tournai las sucesivas ediciones, formadas por once paños, cada uno con varias escenas que mostraban el episodio desde los prolegómenos hasta la destrucción de Troya. Sin que exista una separación clara entre las escenas, y con un elevado número de personajes en cada tapiz precisar su contenido se hace muy difícil. No obstante, la identificación de la mayoría de los personajes al incluirse su nombre, y las inscripciones en francés en la parte superior y en latín en la inferior, permiten seguir la historia.

Los cuatro paños de la catedral de Zamora fueron una donación del conde de Alba de Aliste en 1608, al que debieron llegar del II o III conde de Tendilla, pues los escudos que aparecen pertenecen a estos personajes. No debieron ser ellos sus primeros poseedores, o al menos no los encargaron directamente, pues los blasones están tejidos sobre los tapices.

MUERTE DE AQUILES

Este tapiz tiene especial importancia pues no existe ninguna réplica en otras series salvo el de la catedral de Zamora. Excepto el edificio central, el templo troyano de Apolo, y una estrecha franja en la parte superior derecha en la que se atisban las murallas de la ciudad de Ilión, todo el paño está poblado de guerreros luchando, sin que apenas haya espacio para la vegetación. En la escena de la izquierda se representan las batallas dieciocho y diecinueve, según Benoît de Sainte-Maure, en las que se cuenta que los troyanos cargaron contra los sitiadores. Destaca la muerte de Troilo, al que Aquiles corta el cuello, ata después a su caballo el cuerpo decapitado por los pies y lo arrastra por el campo de batalla. Los nombres sobre los personajes: “Troilus”, “Agamenon”, “Menelaus”, etc. permiten no perdernos en la vorágine de figuras peleando. Son de ayuda también las inscripciones que relatan la muerte del menor de los hijos de Príamo.

La lucha se prolonga también en el templo de Apolo, donde se despliega la escena principal que da nombre al paño: Aquiles, atraído por Hécuba, que le ha prometido la mano de su hija Polixena, cae en una emboscada en la que Paris le acierta con un dardo en el talón, y paralizado, lo remata con otras flechas en el pecho y en la frente. En la escena de la derecha la tragedia continúa y, según la recreación medieval, Paris sucumbe ante un tremendo tajo en el rostro que le propina Ayax, identificado por su nombre en la espada.A la vez,éste es herido mortalmente por una flecha que le había lanzado su contrincante.

Como los demás tapices, carece de cenefa, algo propio de la época en que se manufacturó, y es el único de los cuatro conservados en Zamora que no lleva los escudos del conde de Tendilla.

SERIE LA PARÁBOLA DE LOS OBREROS DE LA VIÑA

(Serie La parábola de los obreros de la viña)

Manufactura: Bruselas, ¿Talleres de Pieter van Aelst?. Fecha c. 1500. Composición: Seda y lana, 6 hilos por cm. Procedencia Entró en la catedral antes de 1558. Lugar : Catedral de Zamora (Museo catedralicio)

La parábola de los obreros que van a trabajar a la viña (Mateo 20, 1-16), es una de las más conocidas de las relatadas por Jesucristo. Sin embargo, apenas tenemos noticias de que sirviese de motivo para obras de arte. En cuanto a representaciones en tapices, se conservan dos series, ambas en España: la de la catedral de Zamora y la perteneciente al Colegio del Patriarca en Valencia. En los dos casos se trata de series formadas solo por dos paños –La llamada a los trabajadores y El pago del denario– y no debieron tener más, pues la parábola evangélica se describe completa en las diferentes escenas aquí representadas.

No hay constancia del autor de los cartones, que no pasa de ser un pintor de limitadas habilidades, como tampoco del tejedor, aunque por el estilo podrían deberse a los talleres de Pieter van Aelst, tapicero de Felipe el Hermoso que viajó a España con su señor en 1502. Aunque se debieron tejer en torno a 1500 a partir de los mismos cartones, los paños de Valencia son un poco más anchos y contienen algunos personajes que no han tenido cabida en los de Zamora. Caracterizados por el horror vacui de finales del siglo XV, toda la superficie está plagada de personajes con algunas formas arquitectónicas y vegetales que más que separarlos los unen. Enmarcados por una bordura de unos 25 cm, su estado de conservación es bastante bueno en lo que se refiere al colorido.

Aunque no hay duda de que se trata de la parábola de los obreros de la viña, la fuente no parece haber sido únicamente el texto del evangelista Mateo, sino que tal vez sea un escrito de san Jerónimo. Este padre de la Iglesia compara las diferentes horas en las que fueron llamados los trabajadores con las etapas de la vida humana. A cualquier edad puede un hombre ser requerido al servicio de Dios sin que eso suponga menoscabo en la persona, por lo que todos los que hayan cumplido el cometido encomendado alcanzarán el mismo pago, el Paraíso. La interpretación de san Jerónimo fue retomada por otros escritores cristianos, como Beda el Venerable a comienzos del siglo VIII, con lo que hizo fortuna durante toda la Edad Media.

Se conservan en el Colegio del Patriarca, en Valencia, dos paños que forman otra serie tejida a partir de los mismos cartones. Con pequeñas diferencias con los de la catedral de Zamora, las inscripciones están en mejor estado, lo que permite entender las de estos últimos, en ocasiones perdidas.

TAPIZ DE TARQUINO PRISCO

(Tapiz de Tarquino Prisco)

Manufactura: ¿Talleres de Bruselas?. Fecha c. 1475. Composición Seda y lana, 6 hilos por cm. Procedencia: Entró en la catedral, en 1608, por donación del conde de Alba de Aliste. Lugar: Catedral de Zamora (Museo catedralicio).

Magnífico tapiz del siglo XV, único ejemplar de lo que con mucha probabilidad fuera una serie centrada en la Historia de Roma. Junto con los cuatro de La Guerra de Troya, entró en la catedral a comienzos del siglo XVII y, como ellos, lleva el blasón del II o III conde de Tendilla, tejido posteriormente a la manufactura del paño. Esto indicaría la pertenencia a la familia antes de que llegase al conde de Alba de Aliste, autor de la donación a la catedral.

Cuatro escenas muestran la historia del rey de Roma Lucio Tarquino Prisco, también conocido como Tarquino el Viejo (c. 616-c. 578 a. C.), quinto de los reyes romanos según la tradición, si bien parece que él fue quien realmente fundó la ciudad. El autor del boceto ha seguido con ciertas licencias el relato de Tito Livio, seguramente a partir de alguna de las numerosas traducciones francesas realizadas en la Edad Media.

Como era propio en el siglo XV, el tapiz carece de bordura. En la parte superior tres inscripciones sucesivas relatan los acontecimientos que se representan con innumerables figuras, si bien las escenas están perfectamente separadas entre sí. En la parte izquierda se ve a Lucio (nombre que tenía el personaje al que añadió el de Tarquino por ser originario de la ciudad etrusca de Tarquinia), que acompañado por una nutrida corte avanza a caballo hacia Roma.

Al llegar al monte Janículo, un águila le quitó el sombrero ante el asombro de todos menos de su esposa, Tanaquil, que vio en ello buenos augurios. Efectivamente, en la escena central, separada de la anterior por una serie de torrecillas de las murallas de la ciudad, se ve cómo Tarquino es coronado rey de Roma. La inscripción declara que embelleció la ciudad con fuertes y altas murallas y construyó alcantarillas, y esa faceta es la que se representa en la parte inferior: el rey “Priscus Tarquinus” visita al maestro que levanta las murallas mientras un operario transporta a hombros una piedra y otro trabaja en las cloacas. El último episodio, también separado del anterior, en este caso por un lienzo de la muralla, despliega la batalla entre los romanos liderados por Tarquino Prisco y los sabinos, con la victoria de los primeros; el rey, con la lanza rota después de que se partiese al atravesar la garganta de su contrincante, levanta el brazo en señal de victoria, mientras que un elegante arquero en primer plano está a punto de disparar una flecha.

Aunque podría haberse tejido en Tournai, la calidad del paño, con una trama muy apretada, el cuidado en las figuras que se alejan de los rostros caricaturescos de Tournai, la cuidada representación del espacio con una cierta sensación de tercera dimensión y la separación clara entre los diferentes episodios apuntan a la posibilidad de que se manufacturara en Bruselas.

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by