Por José María Arévalo
(“Salvador”, óleo de El Greco, hacia 1590)
Ya en el año 2001 se celebraron Las Edades en Zamora, y todos los zamoranos comentamos lo bien que le había venido a la ciudad porque para aquella ocasión se hicieron muchas obras de arreglo de la misma que la remozaron completamente. Así que esperemos que esta nueva edición sirva también para mejorarla ciudad. Vamos a hacer un pequeño recorrido por la exposición, recogiendo lo que la prensa está contando estos días desde la inauguración el 16 de octubre. Juan Carlos López, director de la Fundación ZamorArte y uno de los comisarios de la exposición, recalcó que se trata de un proyecto «ilusionante», respaldado por «muchos meses» de trabajo desde la diócesis de Zamora. «Hemos echado el resto de manera institucional y queremos ofrecer la mejor cara de esta ciudad y de nuestro románico».
(“La Fe”, talla de Gregorio Fernández hacia 1513)
Obras de grandes de la pintura española como Velázquez, Goya, El Greco, Zurbarán o Picasso interactúan con arte religioso, fundamentalmente de Castilla y León, en un recorrido expositivo de ‘EsperanZa’, nombre que recibe la vigésima octava edición de la exposición de Las Edades del Hombre, que se extenderá hasta el 6 de abril de 2026. La catedral de la ciudad fundada en el siglo XII y el templo románico de San Cipriano acogen una muestra que aúna pintura y escultura, arte sacro y profano y pasado y presente en un montaje que exhibe 90 piezas y se complementa con una experiencia inmersiva de realidad virtual en el claustro del templo mayor zamorano.
‘EsperanZa’ incluye, por primera vez en la historia de la exposición, una obra de Diego Velázquez, concretamente, una Inmaculada procedente de la iglesia de la Magdalena, de Sevilla, y otra de Pablo Picasso, con una Anunciación del Museu Picasso de Barcelona.
El recorrido de la muestra se inicia en San Cipriano, una pequeña iglesia del siglo XI situada junto a un mirador con vistas al Duero y continúa en la catedral del Salvador, donde el diálogo de arte y fe se estructura en torno a tres momentos temáticos centrados en la pasión, la resurrección y la misión. Es en el templo mayor zamorano donde junto a las obras pictóricas y escultóricas, cruces parroquiales o capitales de entre los siglos XI y XVI, se intercalan obras de arte del siglo XX y contemporáneo, con autores zamoranos como el escultor Baltasar Lobo y una de sus maternidades o tres escenas zamoranas de Antonio Pedrero, discípulo del también zamorano Castilviejo. Tampoco faltan firmas reconocidas de la escultura del siglo XX como las de Venancio Blanco o Pablo Gargallo.
(“Estampas del campo zamorano”, óleo de Antonio Pedrero, 1995)
Los grandes de la pintura se exponen en el románico zamorano
Junto a las aportaciones artísticas de las Diócesis de Castilla y León, la exposición también muestra piezas de Cantabria, Murcia o Andalucía e incluso hay obras de Portugal, como un óleo que representa a San Sebastián firmado por Francisco de Zurbarán que ha llegado desde Lisboa. La Anunciación confronta distintas formas de representarse, desde un altorrelieve labrado en piedra de entre los siglos XV y XVI atribuido a Juan de Badajoz el Viejo, hasta un óleo sobre lienzo de El Greco y el óleo sobre tabla de Pablo Picasso llegado del museo que el artista malagueño tiene en Barcelona.
Los evangelistas y los padres de la iglesia latina se representan en otros dos óleos, uno de Pedro Berruguete, llegado de la provincia de Palencia, y otro de Francisco de Goya y Lucientes procedente de la de Zaragoza.
(“Maternidad”, talla en bronce de Baltasar Lobo, 1969)
En el ‘Amén’ con el que finaliza la exposición se muestran un Cristo de la Paciencia en madera policromada de Nicolás Salzillo, cedido por la Diócesis de Murcia, para cerrar la muestra con un Cristo Salvador del Mundo de Pedro Berruguete y un Cristo en Majestad rodado de santos de Gil de Encinas del siglo XVI.
‘EsperanZa’: arte universal en el corazón de Zamora
La exposición ‘EsperanZa’ reúne 85 piezas de gran valor procedentes de distintas diócesis de Castilla y León, así como de otros puntos de España y Portugal. Se estructura en un preludio ubicado en la iglesia de San Cipriano y tres secciones o “Momentos” —Pasión, Resurrección y Misión— que se desarrollan en la Catedral zamorana.
(“Pentecostés”, óleo sobre tabla de Pedro de Campaña, mediados del s.XVI)
Entre las obras destacan nombres esenciales de la historia del arte como El Greco, Francisco de Goya, Gregorio Fernández, Juan de Juni, Berruguete, Zurbarán o Salzillo. La exposición incorpora también un espacio de arte contemporáneo con creaciones de artistas castellano y leoneses como Antonio Pedrero, Ángel Luis Iglesias, Tomás Crespo, Ele Pozas o Satur Vizán, y culmina con una experiencia de realidad virtual en la que el visitante puede participar en la reconstrucción simbólica de una población.
La propuesta expositiva conjuga obras antiguas, la más vetusta data del siglo XI, con contemporáneos que hasta ahora no se habían exhibido en Las Edades del Hombre.
(“Evangelista”, óleo sobre tabla de Pedro de Berruguete, 1470 )
San Cipriano
El templo románico concentra ocho piezas procedentes de seis diócesis de la región. Son creaciones que tiene como hilo conductor «los sentimientos y sensaciones» asociadas a la temática de la muestra.
La bienvenida la dan dos impresionantes alegorías, la Fe y la Esperanza, de Gregorio Fernández que miran hacia el pasado, hacia una singular cruz patriarcal de entorno a los siglos XI-XII de San Esteban de Gormaz en Soria, y también hacia el futuro. Un devenir que preside una gran cruz de luz suspendida que invita a la reflexión.
(“La cena de Cristo”, talla de Juan de Juni, 1561)
Tras el madero se encuentran un lienzo de El Greco procedente de Valladolid, una pieza de alabastro de la Real Cartuja de Miraflores de Gil de Siloé, una obra de Vasco de la Zarza o el conjunto pétreo de la Anunciación, de principios del siglo XIV, procedente de la Colegiata de Toro que por primera vez se exhibe en público, según explicó el comisario científico de «EsperanZa», Sergio Pérez Martín.
Catedral
En la segunda sede de «EsperanZa», en la seo, el recorrido de «Pasión» comienza con arte contemporáneo. Un tríptico de Antonio Pedrero que refleja la vida en el campo contrasta con tres obras de Satur Vizán, unidas en una, que aluden al individualismo de la ciudad y una sociedad azotada por, entre otros problemas, la baja natalidad con alusiones a la maternidad, ejemplificada, entre otras obras, en un bronce de Baltasar Lobo.
La esperanza de la nueva vida frente al desconsuelo que transmite un impresionante tondo de Ele Pozas, efectuado este año. Ese cuadro enlaza con un lienzo de grandes dimensiones de Ángel Luis Iglesias.
(“Resurrección”, óleo sobre tabla de Juan de Flandes 1510)
El primer movimiento concluye en una sala bautizada como «vacío» en alusión al sinsentido más profundo del que surgen las preguntas más existenciales a las que el discurso cristiano da respuestas.
El siguiente ámbito recorre la historia del sufrimiento a causa de Cristo a través de piezas de martirios, como el de San Sebastián pintado por Zurbarán, procedente de Lisboa, una cabeza de San Juan Bautista de Juan de Juni o un grupo de santas mujeres de Gregorio Fernández y su taller junto a la Dolorosa de Francisco Salzillo.
La pieza venida desde Lorquí, en Murcia, da paso a un interesante encuentro entre esculturas de Diego de Siloé. Dos de este autor y una tercera de Felipe Bigarny, cedidas por la Catedral de Burgos, dialogan con el Cristo de las Injurias, una de las tallas más impresionantes de las que procesionan en Zamora en Semana Santa, ésta llevada por la cofradía del Silencio. Este Cristo, que está habitualmente en la catedral, de donde sale la procesión tras el juramento de silencio de los cofrades, se presenta en la exposición casi a oscuras y situado muy cerca del espectador.
(“Inmaculada de la Magdalena”, óleo de Diego Velázquez, 1614)
La pasión de Cristo está materializada en un conjunto de relieves del taller de Nottingham del siglo XV de alabastro policromado, venidos de Lugo. El calvario de bronce de Tomás Crespo Rivera precede a un yacente de Gregorio Fernández «tallado completamente» precisó el comisario científico, Sergio Pérez Martín.
Bajo la denominación de «Resurrección» figura un impresionante Cristo de Venancio Blanco sin policromar que parece que vuelve a la vida, localizado bajo el cimborrio, y rodeado, entre otras obras, por un óleo de Juan de Flandes que ha viajado desde Palencia.
En este punto del discurso Las Edades del Hombre ha integrado el coro del primer templo diocesano, que está abierto, donde han colocado un Resucitado que habitualmente se encuentra en una capilla de la seo, así como obras alusivas a los sacramentos, como un impresionante tríptico del bautismo de Cristo venido de la diócesis lusa de Santarém.
El tercer movimiento, «Bienaventurados seréis», reúne cuatro capiteles románicos de las diócesis de Soria y Burgos que condensan la iconografía de «cómo se entendió el paraíso en la Edad Media». Tras ellos una instalación del sepulcro vacío que invita a mantener la esperanza.
«Misión»
El último capítulo de la exposición, «Misión», presenta tres anunciaciones: un altorrelieve de Juan de Badajoz el Viejo de la Catedral, otra de El Greco y una tercera pintada por un joven Pablo Picasso. Estas tres creaciones ocupan la capilla de San Bernardo, mientras que en la capilla de San Ildefonso o del cardenal, donde puede contemplarse las tablas de Fernando Gallego y en las hornacinas los grupos escultóricos tallados por Juan de Montejo, se exhiben un extraordinario bronce titulado «Gran profeta» de Pablo Gargallo o un báculo del que fue obispo zamorano, Pedro II, de hacia 1300 que apareció, años atrás, al destaparse uno de los lucillos sepulcrales de la catedral.
La difusión de la palabra tiene espacio en la muestra mediante esculturas de los padres de la Iglesia Latina, representados en cuatro obras de Francisco de Goya, pintadas en plena madurez del autor y traídas desde Aragón, que dialogan con los doctores de la Iglesia occidental de Morales del Vino.
«Amén» representa la recta final de la exposición y bajo este nombre figuran una pintura de Berruguete de la capilla real de Granada o una Inmaculada pintada por un joven Diego de Velázquez.
A su vuelta, el público puede descubrir al Cristo de la paciencia de Nicolás Salzillo o bien un gigante cuadro de Teresa Peña que culmina en el Cristo en majestad rodado de santos del primer templo diocesano.
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