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Retrospectiva del pintor sueco Anders Zorn, en Mapfre 

Tres foramontanos en Valladolid 24 Mar 2026 - 07:20 CET
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Por José María Arévalo

(La Alhambra, 1887 . Acuarela sobre papel de  Anders Zorn.  Mora, Zornmuseet  )

Del 19 de febrero al 17 de mayo la Fundación Mapfre  ofrece, en su instalación madrileña de Paseo de Recoletos, 23, coorganizada por Fundación Mapfre, Madrid, y la Hamburger Kunsthalle, Hamburgo, en colaboración con el Zornmuseet, Mora, y el Nationalmuseum, de Estocolmo, “Anders Zorn. Recorrer el mundo, recordar la tierra”, primera retrospectiva que se dedica al pintor sueco en España.

Comisariada por Casilda Ybarra Satrústegui, conservadora de Artes Plásticas de la Fundación Mapfre, la exposición busca reivindicar su obra y su legado y  contribuir al conocimiento de uno de los creadores más fascinantes del arte  moderno.

Inicios de Zorn ligados al dominio virtuoso de la acuarela

Los inicios de Zorn están ligados a un dominio virtuoso de la acuarela, técnica  que perfeccionó a través de sus distintos viajes de juventud, entre los que  destacan los realizados a España. Establecido en París desde 1888, el artista se  consolidó como uno de los protagonistas del triunfo del naturalismo en las  exposiciones internacionales junto a artistas como John Singer Sargent o  Joaquín Sorolla.

Su éxito pronto desbordó las fronteras europeas y llegó a Estados Unidos, donde se convirtió en uno de los retratistas predilectos de las grandes fortunas del país. A pesar de su extraordinario reconocimiento internacional, Zorn siempre mantuvo un profundo vínculo con su país, y en 1896, más de dos décadas después de haber salido de la tierra que le vio nacer, regresó a Mora, donde falleció en 1920.

La amplitud y riqueza de esta trayectoria, cosmopolita y al mismo tiempo  profundamente vinculada a sus orígenes, se refleja en una obra en la que la  representación de la vida moderna y los retratos de personalidades de  numerosos países conviven con escenas de la vida tradicional de su región natal.

La muestra, coorganizada junto a la Kunsthalle de Hamburgo, cuenta con la  colaboración del Zornmuseet y del Nationalmuseum de Estocolmo, así como con  la participación de más de cuarenta prestadores, entre los que destacan, además  de las instituciones mencionadas, la Casa Real de Suecia, el Göteborgs  Konstmuseum, las Gallerie degli Uffizi, la National Portrait Gallery de  Washington, el Museum of Fine Arts de Boston, la Alte Nationalgalerie de Berlín,  el Museo Sorolla o el Museo Nacional del Prado.

El discurso expositivo realiza un recorrido cronológico y temático por la obra  del artista a través de siete ámbitos y más de ciento treinta obras entre acuarelas, pinturas, grabados y esculturas, lo que ofrece una completa panorámica de la producción del pintor.

(Anders Zorn  Placer de verano, 1886. Acuarela sobre papel . 76 × 56 cm  Colección particular) 

Vida y obra

Anders Zorn (1860-1920) fue el pintor sueco más destacado de finales del  siglo XIX y principios del XX. Nacido en un entorno rural humilde en la región de  Dalecarlia, alcanzó una extraordinaria proyección internacional gracias a su  talento y su dominio de distintas técnicas artísticas. Llegó a convertirse en uno de los retratistas más solicitados de su tiempo, y se relacionó con naturalidad con monarcas, aristócratas, banqueros y otras personalidades de la sociedad  europea y estadounidense.

Sin embargo, nunca olvidó sus raíces, y, además de captar la vida tradicional de su región de origen, participó activamente en la promoción y conservación de sus costumbres y su patrimonio frente a la amenaza que suponía la llegada de la industrialización.

La exposición “Anders Zorn. Recorrer el mundo, recordar la tierra” ofrece una  visión integral de la trayectoria artística del pintor, marcada por una fecunda  tensión entre cosmopolitismo y arraigo local que le valió ser descrito por sus  contemporáneos como «una mezcla entre caballero y campesino». A pesar del  papel decisivo que desempeñó tanto en la escena internacional como en la  sueca, la fortuna crítica de Zorn se vio eclipsada por la construcción del relato  historiográfico posterior, que privilegió las narrativas estéticas asociadas a las  vanguardias.

(Anders Zorn. Autorretrato, 1889. Óleo sobre lienzo . Florencia, Gallerie degli Uffizi

Recorrer el mundo

Los orígenes humildes del pintor y el fuerte vínculo que mantuvo con sus raíces  suecas conviven con su extraordinaria capacidad para desenvolverse y triunfar  en el mundo artístico internacional. Sus viajes de juventud a España y Argelia,  sus periodos en Londres y París y sus estancias en Estados Unidos, Alemania,  Rusia y Latinoamérica, lo perfilan como un artista cosmopolita que alcanzó un  notable éxito global.

A lo largo de su carrera fue requerido por numerosas personalidades para  realizar sus retratos, entre ellas monarcas, grandes empresarios y presidentes norteamericanos, y recibió algunos de los galardones y condecoraciones más prestigiosos de su tiempo, como la medalla de oro en la Exposición Internacional de 1889, el Grand Prix en la de 1900 y la Legión de Honor francesa.

En su obra destaca el conjunto de pinturas que representan ese mundo moderno y sofisticado que recorrió y la adopción de un lenguaje naturalista internacional, muy apreciado en las exposiciones de finales del siglo XIX.  Zorn forma parte de una generación de artistas vinculados al nacionalismo romántico, que defendía la construcción de la identidad nacional mediante la exaltación de la cultura tradicional y rural, el paisaje y las costumbres populares.

La región donde nació, uno de sus temas predilectos

Dalecarlia, la región donde nació, era considerada la más típicamente sueca, y  Zorn la convirtió en uno de sus temas predilectos. En sus obras plasmó sus  tradiciones y oficios artesanales, sus fiestas y la indumentaria local, como una  forma de resistencia frente al avance de la industrialización y como reafirmación de la identidad nacional.

Además, Zorn impulsó diversas iniciativas destinadas a preservar y promover la cultura rural de Dalecarlia: organizó concursos de música y danza popular, reunió una importante colección de textiles y objetos tradicionales y creó Gammelgård, un museo al aire libre que llegó a albergar unas cuarenta cabañas de madera típicas de la región, algunas datadas en la Edad Media.

De la acuarela al óleo pasando por el  grabado y la escultura

Desde niño Zorn mostró una excepcional destreza artística, y a lo largo de su  carrera sobresalió en el manejo de distintas técnicas como la acuarela, la pintura  al óleo, la escultura y el grabado, por lo que se convirtió en un artista versátil  capaz de dominar varios medios a la vez. Su técnica pictórica, caracterizada por  una pincelada suelta y de gran fuerza expresiva, fue especialmente apreciada  por su audacia y espontaneidad, rasgos que, sin embargo, fueron vistos por  algunos críticos de la época como un síntoma de superficialidad y  despreocupación y que marcaron una parte de la posterior fortuna crítica del  autor.

 Hechizo español

Zorn realizó un total de nueve viajes a España entre 1881 y 1914, lo que  demuestra su profundo interés por el país, en el que también estableció importantes relaciones personales. Si bien su primera visita estuvo motivada por la fascinación que ejercía la imagen romántica de España, tan exitosa en Europa, en viajes posteriores acudió para llevar a cabo encargos de retratos en Madrid o simplemente para conocer mejor su cultura y sus tradiciones y visitar amigos. Zorn solo pintó motivos españoles en sus tres primeros viajes. En estas obras se hace evidente la herencia del estereotipo romántico, en particular a la hora de representar a la mujer española, aunque el artista muestra una mayor libertad y modernidad en sus paisajes y escenas urbanas. Además, mantuvo una estrecha amistad con destacados pintores como Joaquín Sorolla y Ramón Casas, y tuvo en Velázquez a uno de sus principales referentes artísticos.

Ampliando horizontes: primeros años

Anders Zorn nació en 1860 en la provincia sueca de Dalecarlia. Sus padres se conocieron cuando trabajaban en la cervecería Von-Düben de Uppsala, si bien nunca se casaron y Anders no llegó a conocer a su padre. Debido al trabajo temporal de su madre, el pequeño fue criado por sus abuelos en una humilde granja en el corazón de Suecia. Desde niño mostró una extraordinaria destreza manual que pronto lo encaminó hacia la carrera artística.

A los quince años ingresó en la Academia de Bellas Artes de Estocolmo, donde destacó por su dominio de la acuarela. Su primer gran éxito llegó en 1880 con “De luto”, acuarela  presentada en la exposición anual de estudiantes que atrajo la atención de la  crítica y que le abrió las puertas a numerosos encargos de retratos.  Un año más tarde, desencantado con la enseñanza académica y respaldado por la independencia económica que le proporcionaban estos primeros encargos, Zorn abandonó la institución. Inició entonces una etapa de viajes que resultaron decisivos para su formación como artista. Entre ellos destacan los realizados a España, atraído por la imagen romántica difundida por su admirado compatriota el acuarelista Egron Lundgren (1815-1875).

El virtuosismo técnico y el gusto por los motivos anecdóticos, que tan bien se prestaban al género orientalista que en ese momento gozaba de tanto éxito entre los clientes europeos, protagonizan las obras españolas de Zorn así como las realizadas  durante sus estancias en Constantinopla y Argelia.

(Anders Zorn  De luto, 1880  Acuarela sobre papel  Estocolmo, Nationalmuseum, legado Rosa E.  Nachmanson, 1916 )

Interesado por los motivos fluviales y los efectos atmosféricos, tanto sus  paisajes de Inglaterra como las vistas de su Suecia natal revelan su afinidad con  la acuarela y una temprana fascinación por la representación del agua, cuya  superficie y reflejos se convertirán en un tema recurrente a lo largo de toda su  carrera.

Llegar a ser pintor: de la acuarela al  óleo

En 1882 Zorn se instala en Londres, donde rápidamente se consolida como retratista. Tres años más tarde, su matrimonio con Emma Lamm –miembro de una acomodada familia judía de Estocolmo– amplía notablemente su red de clientes, entre los que destaca el influyente banquero Ernest Cassel. Su fama como retratista no tarda en traspasar fronteras: del Reino Unido a Suecia pasando por Portugal y España, adonde acude en 1884 para pintar retratos de relevantes miembros de la sociedad madrileña. Desde sus inicios sus retratos se distinguen por situar a los modelos en entornos que actúan como atributos simbólicos de su personalidad.  La destreza de Zorn en la representación minuciosa de los detalles alcanza un punto culminante en La ninfa del amor, un raro ejemplo de pintura mitológica en su producción. Esta obra marca un punto de inflexión en su trayectoria, ya que a partir de entonces el artista solo buscará sus temas en los entornos cotidianos.

Esta evolución coincide con la madurez artística que alcanza en esos años, como  evidencian obras excepcionales como Placer de verano. Hasta entonces centrado  en la acuarela, Zorn comienza a trabajar con el óleo en 1887 durante su estancia  en la localidad inglesa de St Ives, donde entra en contacto con una activa colonia  de artistas. Este nuevo medio –que alterna durante un tiempo con la acuarela y  con el que pronto demuestra un dominio notable– acompaña su transición hacia  una pintura de orientación naturalista, centrada en escenas de la vida diaria y  en la captación de los efectos de luz y color, desprovista de artificios. Zorn  inaugura así una nueva etapa que le abre las puertas del éxito en París y que  supone la consolidación de su proyección internacional.

(Anders Zorn   Cristina Morphy, 1884   Acuarela sobre papel   Madrid, Museo Nacional del  Prado)

De París al mundo: la consolidación de  Zorn como artista internacional

Entre 1888 y 1896 los Zorn se establecen en París, entonces capital mundial del  arte. Allí, el pintor se integra rápidamente en los círculos artísticos y participa  activamente en las principales exposiciones. El año 1889 marca un punto  culminante en su carrera, pues recibe la medalla de oro en la Exposición  Universal y es nombrado caballero de la Legión de Honor, una de las más altas  distinciones otorgadas por el Estado francés.  Una parte significativa de su producción parisina son retratos de artistas,  intelectuales y miembros de la alta sociedad. Zorn aporta una mirada inédita a  este género, alejándose del formato tradicional de estudio para representar a  sus modelos en entornos o acciones que reflejan su identidad, como se aprecia  en los retratos del actor Coquelin Cadet o del barítono Jean-Baptiste Faure.

(Anders Zorn   Coquelin Cadet, 1889   Óleo sobre lienzo   Estocolmo,  Nationalmuseum,  donado en 1983 por Bo Lindh a  través del Nationalmusei Vänner )

Durante estos años también comienza a explorar temas vinculados con la vida  urbana moderna, como vemos en Ómnibus I, una obra que forma parte de un  conjunto reducido pero ambicioso dentro de su producción. Estas piezas fueron  exhibidas con especial protagonismo y alcanzaron precios elevados en el  mercado internacional, especialmente entre coleccionistas extranjeros.

El prestigio internacional que Zorn adquiere en este periodo se refleja también  en sus numerosos viajes, bien acompañado por influyentes mecenas como  Isabella Stewart Gardner –quien hospedó al matrimonio en su palacio veneciano  en 1894–, bien requerido por instituciones y clientes para realizar encargos en  Europa y Estados Unidos. Sin embargo, el artista nunca pierde el vínculo con sus  raíces: regresa cada año a Suecia hasta que, en 1896, decide establecerse  definitivamente en Mora, su localidad natal.

(Anders Zorn   Ómnibus I, c. 1890   Óleo sobre lienzo   Estocolmo, Nationalmuseum,  adquirido en 1985 con ayuda  del Fondo Peter y Malin Beijer )

Bañistas al aire libre

Hasta el siglo XIX los códigos de la historia del arte limitaban la representación  del desnudo femenino a la pintura mitológica o alegórica. En la década de 1880  Anders Zorn traslada esas imágenes del interior del estudio del artista al paisaje  natural sueco, liberándolas de los dictados de la tradición académica. Sus  modelos, mujeres nórdicas, ya no representan a heroínas o diosas de la  Antigüedad, sino que encarnan el ideal de salud y fortaleza contemporáneos que  evocaban la armonía con la naturaleza y las propiedades terapéuticas del agua.

(Anders Zorn   La primera vez -Con mamá-, 1895   Gante, Museum voor Schone Kunsten Gent)

Zorn  solía  realizar  estas  composiciones durante sus veranos en  Dalarö, en el archipiélago situado al  sur de Estocolmo. Su interés por el  tema, que aborda por primera vez en  1887, enlaza con sus anteriores  exploraciones sobre los reflejos de la  luz y el movimiento de la superficie del  agua, a las que ahora añade la  presencia del cuerpo femenino. Sus  modelos son captadas en actitudes  aparentemente naturales, ajenas a la  presencia del pintor, lo que otorga a  estas escenas una particular sensación  de espontaneidad e intimidad.   Foto: Collection MSK Gante, artin-anders.be, Photo Hugo Maertens, public domain   Aunque en ocasiones fueron objeto de censura, estos desnudos gozaron de gran  éxito en vida del artista y contribuyeron decisivamente a su proyección  internacional. Destacan por la interacción entre cuerpo, luz, agua y naturaleza;  sin embargo, también revelan una interpretación del cuerpo femenino  construida desde la mirada masculina. A partir de 1900 Zorn comenzó a  trasladar estos desnudos a espacios interiores, con lo que perdieron parte de la  frescura y franqueza iniciales. Hoy, estas obras se leen no solo como  innovadoras en su tiempo, sino también como testimonio de las tensiones  culturales y de género que siguen siendo objeto de debate.

 Zorn retratista

El retrato le abrió a Zorn las puertas de la escena artística. Desde su juventud  demostró un talento precoz en este género, que supo hacer evolucionar a lo  largo de toda su carrera. Aunque el retrato se basaba en códigos bien  establecidos, Zorn introdujo innovaciones que lo convirtieron en uno de los  artistas más solicitados del momento. Al igual que otros pintores de su  generación, como John Singer Sargent, Giovanni Boldini o Joaquín Sorolla, Zorn  apostó por la naturalidad y la espontaneidad en unas imágenes que a menudo  están alejadas de la rigidez tradicional del género y en las que el entorno del  retratado desempeña un papel fundamental.

(Anders Zorn   Martha Dana -después Mrs. William R. Mercer-, 1899   Óleo sobre lienzo   Boston, Museum of Fine Arts, donación de Mrs. William R. Mercer)

El prestigio que alcanzó le llevó a cruzar el Atlántico en siete ocasiones con  destino a Estados Unidos, siguiendo la estela de los principales retratistas  europeos del momento. Entre sus clientes americanos destacan tres presidentes  del país, importantes magnates de la industria o miembros de destacadas sagas  familiares como los Vandervilt. Convertido en el pintor más internacional de  Suecia, Zorn fue requerido también por la alta sociedad y la casa real de su país  para la creación de algunos de sus retratos. Asimismo, retrató a otros amigos  pintores, como Max Liebermann o Joaquín Sorolla, efigies que revelan un  carácter más íntimo.   A pesar de este éxito, Zorn hubo de afrontar críticas relativas a una supuesta  improvisación y superficialidad en sus composiciones, manifestada en la  pincelada suelta y el carácter abocetado de sus trabajos, rasgos que hoy se  valoran como parte de su modernidad.

(Anders Zorn   Grover Cleveland, 1899   Óleo sobre lienzo   Washington D. C., National Portrait Gallery, Smithsonian Institution, donado por el reverendo  Thomas G. Cleveland)  

Suecia: la fuerza de las raíces

A pesar de sus numerosos viajes y su vida cosmopolita, Zorn siempre mantuvo  un profundo vínculo con su región natal, Dalecarlia. En 1896 regresó  definitivamente a Mora para instalarse en una residencia que él mismo había  diseñado, una casa que combinaba lo rústico con lo refinado y que reflejaba su  sensibilidad artística y su apego a las raíces. Este retorno coincidió con una  corriente de inspiración romántica que reivindicaba los valores nacionales  encarnados en las regiones rurales de Suecia. Dalecarlia se convirtió entonces  en símbolo de la cultura campesina y de las tradiciones suecas, y Zorn, más que  ningún otro artista, contribuyó a forjar su imagen idealizada a través de la  pintura.  En estas obras el artista retrata el mundo de su infancia y pone en valor aquellas  costumbres que habían permitido a la región resistir frente a la modernidad  industrial: el trabajo agrícola, los trajes típicos, las celebraciones populares…  Estas escenas, impregnadas de autenticidad, se articulan mediante un lenguaje  moderno e internacional con el que alcanzó un notable éxito también fuera de  las fronteras suecas.

(Anders Zorn   Medianoche, 1891   Óleo sobre lienzo   Mora, Zornmuseet)

Zorn se implicó activamente en la preservación de la cultura de Dalecarlia no  solo mediante su producción artística: organizó concursos de música folclórica,  coleccionó textiles y objetos tradicionales y fundó el museo al aire libre  Gammelgård destinado a la conservación de la arquitectura rural. Emma Lamm,  esposa de Zorn, continuó con el legado de este tras su fallecimiento en 1920, que  se consolidó con la creación del Zornmuseet en Mora, asegurando que su  nombre quedara ligado para siempre a la región y la identidad cultural sueca.

(Anders Zorn  Baile del solsticio de verano, 1897  Óleo sobre lienzo  Estocolmo, Nationalmuseum, donado por la Real Academia de Bellas Artes con la ayuda de  Pontus y Göthilda Fürstenberg, 1903)

Zorn grabador

Zorn es considerado uno de los grandes maestros del grabado en la historia del  arte moderno y uno de los revitalizadores de este medio en Suecia. Su carrera  como grabador abarca treinta y siete años durante los cuales realizó doscientos  noventa y un aguafuertes, un número comparable al producido por Rembrandt,  al que consideraba su principal fuente de inspiración y modelo técnico y del que  atesoraba una notable colección de estampas.

(Anders Zorn   Zorn y su mujer, 1890   Aguafuerte   Hamburger Kunsthalle,   Kupferstichkabinett)

Zorn se inició en el grabado en Londres en 1882 bajo la tutela del artista sueco  Axel Herman Haig. Sus primeras obras son en su mayoría reproducciones de  acuarelas y pinturas propias que se caracterizan por la precisión del dibujo y la  captación minuciosa de los detalles. Sin embargo, a partir de 1888, Zorn  desarrolla un estilo personal definido por la economía de líneas, los contornos  abiertos, la estructura clara y el uso de líneas paralelas para crear volúmenes y  atmósferas.   El artista mantuvo un diálogo constante con la obra gráfica de Rembrandt,  adoptando y reinterpretando el claroscuro y la libertad de línea característica  del maestro holandés. Además, su producción evolucionó hacia composiciones  originales en las que la inmediatez y la espontaneidad se combinan con una  meticulosa planificación técnica. Esta evolución se refleja en su habilidad para  capturar la luz y el movimiento, elementos que también son prominentes en sus  pinturas al óleo.

Los temas principales de sus grabados son similares a los de sus lienzos  retratos, desnudos al aire libre y escenas rurales de su región natal– y  evidencian tanto su interés por la figura humana como por la vida cotidiana de  los habitantes de su país. Zorn logró tal popularidad con sus aguafuertes que a  menudo estos alcanzaron un precio superior al del resto de sus obras.

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