Por José María Arévalo
(Retrato del Fattah 2, visto por primera vez en una exhibición en noviembre de 2023)
En las noticias de estos meses sobre la guerra de Rusia contra Ucrania y la de EE.UU e Israel contra Irán, en que se habla incluso de la posibilidad de una tercera guerra mundial, aparecen continuas referencias a la importancia de las nuevas armas, por ejemplo la fabricación de drones cada vez más sofisticados. Al respecto me ha parecido alarmante un artículo de Juan Scaliter en La Razón, titulado “Un estudio chino asegura que los misiles hipersónicos de Irán podrían traspasar las defensas estadounidenses”.
Explica que los misiles hipersónicos se han convertido en una de las grandes obsesiones estratégicas del siglo XXI. Estados Unidos, China, Rusia, India y varios países más compiten por dominar una tecnología que promete cambiar las reglas de la guerra moderna. Se habla de Francia, Corea del Norte e Irán como otros potenciales desarrolladores de esta tecnología.
Ahora, un grupo de científicos chinos ha vuelto a encender el debate. Según un análisis citado por medios internacionales, los actuales sistemas de defensa antimisiles estadounidenses podrían tener grandes dificultades para interceptar ciertos misiles hipersónicos, especialmente si combinan velocidad extrema, maniobrabilidad y trayectorias impredecibles.
El estudio publicado en Tactical Missile Technology , liderado por Liao Longwen, sugiere que esta combinación podría permitir a algunos misiles, incluidos los desarrollados por Irán, penetrar sistemas defensivos avanzados. ¿Es realista esta amenaza? Un misil se considera hipersónico cuando vuela a más de cinco veces la velocidad del sonido (Mach 5). A esas velocidades, superiores a 6.000 km/h, interceptarlo se vuelve extremadamente difícil.
Sin embargo, lo que realmente diferencia a muchos misiles hipersónicos modernos no es solo la velocidad, sino dos características clave: su maniobrabilidad en pleno vuelo y las trayectorias bajas y cambiantes. “Las defensas antimisiles estadounidenses existentes pueden, en teoría, interceptar algunas armas hipersónicas en su etapa final, pero la alta velocidad, la maniobrabilidad y el sigilo lo hacen muy difícil”, señala el estudio.
Los misiles balísticos tradicionales siguen trayectorias relativamente previsibles, como un arco que sube al espacio y luego cae hacia el objetivo. En cambio, muchos sistemas hipersónicos utilizan lo que se conoce como vehículos planeadores hipersónicos (HGV): tras ser lanzados por un cohete, planean dentro de la atmósfera realizando maniobras impredecibles.
Esto reduce el tiempo de reacción de los sistemas de defensa y complica el cálculo de interceptación. De acuerdo con el equipo de Longwen, los sistemas de defensa occidentales como Patriot, Aegis o THAAD, fueron diseñados principalmente para interceptar misiles balísticos clásicos. De este modo, los misiles hipersónicos presentan tres problemas para estos sistemas: su velocidad es extrema, poseen una maniobrabilidad de altas capacidades y sus trayectorias son más bajas.
El interés por este debate ha aumentado porque Irán ha afirmado en los últimos años haber desarrollado sus propios misiles hipersónicos. Uno de los más citados es el Fattah‑1, presentado en 2023 por la Guardia Revolucionaria iraní. Según Teherán, el misil podría alcanzar velocidades de Mach 13 a Mach 15 y realizar maniobras para evadir defensas antimisiles. Posteriormente Irán anunció un modelo mejorado, el Fattah‑2, que incorporaría un vehículo planeador hipersónico diseñado para aumentar la maniobrabilidad durante la fase final del ataque.
¿Significa esto que los misiles iraníes son capaces de atravesar las defensas estadounidenses? La respuesta no es blanco o negro. Los misiles hipersónicos sí representan un desafío serio para la defensa antimisiles. De hecho, Estados Unidos está desarrollando nuevos sistemas específicos para enfrentarlos, como interceptores capaces de atacar el misil durante su fase de planeo.
Sin embargo, eso no significa que sean imposibles de interceptar. El estudio chino reconoce que la mejora de redes de radar, sensores espaciales y sistemas de alerta temprana podría aumentar significativamente la capacidad de detección e interceptación. Además, las defensas modernas funcionan en capas: radares terrestres, satélites, interceptores navales, baterías antimisiles y sistemas de guerra electrónica trabajan de forma conjunta. ¿Conclusión? La amenaza es real, pero no tan cercana como algunos señalan.
Home