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Más conversiones: en Estonia y Nueva York

Tres foramontanos en Valladolid 17 Jul 2026 - 07:24 CET
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Por José María Arévalo

(El país menos religioso de Europa ha doblado sus católicos este siglo: tiene un obispo del Opus Dei)

Seguimos viendo noticias del vertiginoso crecimiento de los católicos, la última en nuestro artículo del pasado 22 de mayo “Hay 14 millones más de católicos cada año”. Hoy vemos dos noticias más en Religión en Libertad, la primera sobre conversiones en Estonia y la segunda conversiones en Nueva York.

En la primera, Pablo J. Ginés explica que hay varios indicadores que señalan habitualmente a Estonia como el país menos religioso de Europa. Pero no siempre fue así en este pequeño país báltico de 1,3 millones de habitantes. Un censo de 1922 consideraba que el 99% de sus habitantes eran cristianos, luteranos en su mayoría, por haber sido gobernados por la monarquía sueca.

Pero los soviéticos ocuparon los países bálticos en 1939, deportaron a buena parte de la población, incluyendo al clero, confiscaron iglesias y sus propiedades y activamente actuaron contra la religión. Mataron o expulsaron a muchos clérigos e intelectuales.

Pasado medio siglo, en 1991 se hundió la Unión Soviética. El país recuperó su independencia, pero no la fe. En 2006-2008 un sondeo Gallup preguntó en 143 países «¿es la religión parte importante en tu vida diaria?». El país del mundo donde el porcentaje era menor era Estonia: sólo lo era para un 14%.

La religión en el siglo XXI

¿Puede recuperar la religión un país europeo que la ha perdido masivamente?

El censo de 2021 detectaba que un 58,6% de estonios declaraban no tener religión (en el censo del 2000 habían declarado eso un 40%). Los ortodoxos en 2021 serían un 16,3% (frente al 13% de veinte años antes) y los luteranos un 7,7% (frente al 13% de inicios de siglo). Los luteranos, parece, hicieron un peor trabajo a la hora de transmitir su fe. Algunos luteranos emigraron. Estonia no es un país que atraiga casi inmigración, excepto de rusos que escapan de Rusia aprovechando tener parientes o ucranianos que huyen de la guerra. El estonio es una lengua difícil y peculiar: solo se parece al finés, y eso dificulta la llegada de misioneros y de parroquianos (por ejemplo, escasean los ubicuos misioneros polacos frecuentes en todo el mundo eslavo postsoviético).

Los ortodoxos crecen algo, pero hay que matizar que en Estonia están divididos en dos iglesias distintas por razones étnicas. Los de origen ruso siguen al Patriarcado de Moscú. Los de origen estonio se acogen al Patriarcado Ecuménico de Constantinopla.

Un obispo del Opus Dei que habla español

El único obispo católico de Estonia es Philippe Jourdan, francés, nacido en Dax en 1960, en una familia de raíces vascas. Se sumó al Opus Dei en 1980, cuando estudiaba Ingeniería de Puentes en París. Luego estudió Teología en la Universidad de la Santa Croce de Roma (ligada al Opus Dei).

Fue ordenado sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz en 1988 y su primer destino fue como capellán en unas residencias de estudiantes en Madrid. Llegó a Estonia en 1996 y es el principal pastor de los católicos del país desde 2005. Habla estonio, francés, ruso, inglés, español, italiano y alemán.

En 2025, el obispo explicaba entrevistado en ACN: «Desde el covid y la guerra de Ucranialos jóvenes de hoy se plantean más preguntas existenciales y algunos también se han dado cuenta de que el ideal postsoviético, que es muy consumista (algo comprensible tras un periodo de gran pobreza), no les llena plenamente».

Los católicos de Estonia

Los católicos en Estonia son una minoría diminuta, que crece poquito a poco, pero las estadísticas señalarían que hoy son más del doble que al empezar el siglo XXI.

Según Catholic-Hierarchy, en 2001 eran 3.500, con 5 parroquias y una única diócesis, la de Tallinn. Hoy, según esta fuente, serían 6.700 católicos en 10 parroquias.

El censo de 2021 recoge más aún: unos 8.700. El censo incluso especifica las etnias de los católicos: unos 2.800 de etnia estonia y 1.300 de etnia rusa. El resto son inmigrantes (sobre todo polacos, ucranianos, letones, etc…) Hay misas en estonio, polaco, ruso y alguna en inglés.

Entre los grandes eventos religiosos en el pequeño país báltico, destacaron la histórica visita del Papa Francisco en 2018 (no parece que otro Papa vaya a visitar el país en muchos años) y el encuentro de oración joven de Taizé de 2024-2025. En septiembre de 2025 fue beatificado en Tallin el arzobispo y mártir jesuita Eduard Profittlich, torturado por los soviéticos en 1942. Ese maltrato le llevó a la muerte. La beatificación de 2025 fue todo un hito para el país.

El traductor al estonio del Papa Francisco en su viaje fue el sacerdote argentino del Opus Dei Pedro Cervio, capellán allí en dos colegios. Cervio explicaba en 2018 que las personas de menos de 40 años, las que no vivieron la escolarización comunista, tienen una actitud mucho más abierta a la religión y sienten interés. Los tres eventos mencionados han llamado la atención de muchos jóvenes y adultos.

Cada año se bautizan unos 40 adultos del país en el catolicismo. Este año 2026 han sido algunos más, a los que hay que sumar los que se hacen católicos sin pasar por el bautismo, porque llegan ya bautizados en otras denominaciones. Una nota del obispado considera que ha sido un año récord en incorporaciones a la Iglesia, sin especificar cuántas son.

“Dios nos ha abierto el camino hacia la santidad. Es un camino amplio y está conectado con los sacramentos: el bautismo y la confesión”, dijo el obispo Jourdan a los recién bautizados en la Vigilia Pascual. Los que se incorporan desde otras denominaciones suelen ser recibidos más bien en la Misa del Domingo de Pascua, no en la Vigilia Pascual.

El Centro Católico de la Universidad de Nueva York se ha vuelto un foco de conversiones

Veamos ya la segunda noticia, que Religión en Libertad titula “El bajo en pleno Manhattan convertido en imán espiritual para los jóvenes: «Es algo extraordinario»”.

Explica que Greenwich Village, en Manhattan, Nueva York (EE.UU), podría parecer un lugar extraño para ser un foco de conversiones, pero eso es exactamente lo que está ocurriendo gracias al Centro Católico de la Universidad de Nueva York.

El centro está registrando un número récord de conversos a la fe, y desempeña ya un papel clave en un resurgimiento del catolicismo en varias parroquias de Manhattan. National Catholic Register cuenta este fenómeno.

Un espacio acogedor

El Centro Católico, ubicado en la planta baja de un edificio de la Universidad de Nueva York (NYU), fue inaugurado por la Archidiócesis de Nueva York en 2013 y está dirigido por los frailes dominicos. Ofrece a los estudiantes un espacio acogedor para estudiar y pasar tiempo con amigos.

Pero es más que un espacio acogedor. Para muchos, es una puerta de entrada (o, para algunos estudiantes, un regreso) a la Iglesia Católica. El dominico Cassian Derbes, director del Centro, afirma que el número de personas que acuden a su centro con el deseo de convertirse al catolicismo es «extraordinario».

Esta pasada Semana Santa, unos 15 estudiantes del Centro Católico fueron recibidos en la Iglesia Católica. Como promedio, unos dos estudiantes por semana se ponen en contacto para preguntar sobre la posibilidad de convertirse al catolicismo.

Los dominicos del Centro se esfuerzan por estar disponibles para los estudiantes. El padre Derbes comenta que, a menudo, la persona alejada de la fe regresa ese mismo día a la misa de las cinco de la tarde y se convierte en un feligrés habitual en un plazo de seis meses.

Lily McKenna es una de las estudiantes que siguió ese camino. Esta joven de 20 años, estudiante de tercer curso de la Universidad de Nueva York y originaria de Texas, es una asidua del Centro Católico desde su regreso a la Iglesia el año pasado. Se encontraba «sumida en la desesperación», cuando una amiga la invitó a misa, aceptó la invitación sin dudarlo.

«Un par de meses después recibí la confirmación, y aquí estoy, viniendo todos los días», dice. McKenna ahora es miembro del Instituto Tomista, un apostolado de los dominicos que ofrece conferencias en campus universitarios sobre temas contemporáneos desde la perspectiva de la fe y la razón.

El Centro Católico también organiza charlas con ponentes de los campos de interés de los estudiantes, como la banca, las finanzas, el teatro y las artes. Se hacen debates sobre cuestiones éticas relacionadas con la IA, o de temas como: «¿Es ético ser rico?».

Los domingos, los estudiantes suelen acudir a la cercana iglesia de San José, con 88 personas bautizadas esta Pascua y misas con aforo completo. Muchos de los eventos se suelen organizar siguiendo el calendario litúrgico. El Miércoles de Ceniza, los estudiantes prepararon una sopa para sus compañeros y, el Jueves Santo, los dominicos acompañaron a los estudiantes en una procesión eucarística por el barrio.

El padre Derbes comenta que, entre los estudiantes que acuden, hay bastantes que no fueron criados en ninguna religión. Recuerda a un estudiante que, tras ser bautizado, «nunca volvió a pisar una iglesia», entró en el Centro Católico y preguntó: «Quiero recibir la Eucaristía: ¿Qué necesito?«.

El dominico Vincent Bernhard, quien a sus 30 años no parece mucho mayor que los estudiantes, comenta que él cree que lo que impulsa este resurgimiento es la convicción de la Generación Z de que debe haber algo más en la vida que perseguir el éxito.

«Las generaciones mayores les han inculcado a los estudiantes la idea de que si tienen éxito todo el tiempo, si hacen lo que quieren, si diseñan su propia vida, si encuentran el mayor placer posible… eso les hará felices«, dice.

«Y ellos se dan cuenta de que no son felices ni se sienten realizados. De hecho, les perjudica», continua. «Hay mucha ansiedad y mucha desesperanza», dice el padre Bernhard. «Creo que están encontrando el único lugar donde nos hemos mantenido fieles a la verdad«, añade, «y ese es la Iglesia Católica».

 

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