Por José María Arévalo
(Mural pintado por ‘Zeta’ en la plaza del Corrillo)
La prensa local se hace eco estos días de la quinta edición del Ephemera Festival, con el que Valladolid se viene decorando cada año con grafitis, pinturas “efímeras”, a lo que alude el título. De momento, el mural pintado por ‘Zeta’ en una pared de la plaza del Corrillo, es el primero en ser concebido en la presente edición, que coincide con su quinto aniversario. Antes, eso sí, se embellecieron nuevas cajas de alumbrado público, que también se convirtieron en cuadros a pie de calle gracias a los seis trabajos de los ilustradores vallisoletanos Alberto Sobrino, Clara Martín y Nazareth dos Santos.
Al margen del mural de ‘Zeta’ llegará la obra del artista irlandés Aches, que también tendrá un componente de homenaje, en su caso a Red Huh O’Donnell, el príncipe irlandés que murió en Valladolid. La ubicación se desvelará en septiembre, cuando comience su intervención. Mientras tanto, ‘Zeta’ ya puede presumir que Valladolid ya forma parte de su obra.
El mural de ‘Zeta’, el primero en realizarse para el Ephemera Festival, evoca la «identidad local» con su lienzo urbano
Para Pablo Herrero era casi «una visita obligada» acudir a Valladolid para extender su distinguida paleta de colores entre muros y paredes. Pero que este grafitero madrileño de 56 años participase en el Ephemera Festival no fue ninguna imposición, sino más bien el resultado de la «cercanía» con Cless, uno de los organizadores del certamen. Conocido como ‘Zeta’, desde ayer suma a su condición de visitante la de muralista, tras plasmar en la plaza del Corrillo una obra que rinde homenaje a sus raíces zamoranas.
«Es genial convivir con esta serie de artistas. Somos una gran familia», transmitió ayer en declaraciones a este periódico mientras remataba su mural titulado Mujer pucelana. La obra no se desliga del marcado del estilo de ‘Zeta’, con una imagen que parece cobrar vida desde sus técnicas de ilustración realista con un uso experto del color pero que, al mismo tiempo, se percibe cómo el tiempo queda congelado por los diferentes elementos que invaden la escena.
No sólo las manos del grafitero nutren ese realismo, sino también la historia que esta detrás de cada ráfaga de spray, con una propuesta que, además de su origen, rinde homenaje a «la identidad local y la tradición, recordando aquellas mujeres humildes campesinas que marcaban el camino y sacaban adelante las familias».
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