Por José María Arévalo
(En el Canal de Castilla, cerca ya de la Dársena)
Interesante artículo el que publicaba Víctor Vela en El Norte de Castilla este verano, que titulaba “De águilas a buitres y cernícalos: una guía repasa las 86 especies de aves divisadas en el tramo urbano del Canal de Castilla”, en el que contaba cómo José Antonio García y Rubén Sanz han elaborado un informe sobre la «diversidad y enorme riqueza» de un tramo de casi cinco kilómetros, desde la esclusa 42 en La Overuela, hasta la dársena de La Victoria. Vamos a hacer un resumen.
«Mira», dice José Antonio García, con los prismáticos en la mano, mientras se acoda en la baranda del tramo final del Canal de Castilla. «Escucha», propone Rubén Sanz, justo a su lado, con una cámara de fotos colgada del cuello y el oído avizor. «Fíjate bien y verás», aseguran al alimón. Así que aquí -tan cerquita de la dársena- no queda otra que mirar, que escuchar, que fijarse bien. Y el resultado es espectacular. Vencejos, aviones comunes, gallinetas, estorninos, ánade real, oropéndola, cernícano vulgar… Todo eso, en apenas minuto y medio, sin moverse siquiera del lugar.
Si la observación se prolongara un poco, si se extendiera un par de kilómetros más allá, la lista crecería con cigüeñas, con buitres negros, gavilanes, águilas calzadas, cormoranes, la garza real. Y así, hasta 86 especies de aves divisadas, fotografiadas y catalogadas por García y Sanz, dos amigos «pajareros» que acaban de publicar un estudio sobre la enorme riqueza que atesora el Canal de Castilla en el entorno de la capital.
«La gente tiene la percepción de que para ver fauna hay que irse al Serengueti o a Alaska, cuando aquí al lado también puede disfrutar de una variedad inmensa, de unos animales que protagonizaban los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente», cuenta Rubén. La idea de comenzar este inventario de aves en el Canal de Castilla surgió de pura casualidad, cuando José Antonio y Rubén decidieron apuntar (primero en la aplicación Ebird, luego «negro sobre blanco») todas esas aves que observaban y descubrían en sus paseos cotidianos por el Canal de Castilla.
«No es un trabajo científico como tal, porque para eso habría que haber adoptado una metodología muy específica, pero sí que se trata de un inventario lo más completo posible, donde anotamos las especies que hemos visto, el número de ejemplares… y el porqué de la observación», explica García. En todo caso, sí que han limitado el estudio a un periodo y lugar concreto. Han elegido para ello un tramo de 4,63 kilometros de longitud: el que discurre desde la esclusa número 41 (más allá de La Overuela) hasta la dársena de La Victoria.
Tramo incluido en el estudio
«Entre medias está la esclusa 42, una infraestructura que salva un desnivel de tres metros y que representa el último salto del ramal sur». En esos casi cinco kilómetros, hay una interesante variedad de paisajes, que van desde las zonas urbanas («con diferentes grados de ajardinamiento») hasta cuestas, el entorno de la ribera del Pisuerga («en la curva del Berrocal»), terrenos baldíos y agrícolas, entornos industriales, cañaverales, platanaria, masas lineales de aliso, hileras de chopos… Además, muy cerquita está el vertedero. Todo esto hace que se amplíe la diversidad de aves. El trabajo se ha extendido durante un año completo (desde abril de 2025 hasta abril de este 2026), en 65 paseos, lo que permite abarcar todo el espectro fenológico de las aves: tanto las migraciones, como la invernada o el periodo de cría.
Así, es posible describir las especies sedentarias (que pueden encontrarse en cualquier época del año), como el gorrión común, el cernícalo vulgar, el ánade real. Las estivales (aquellas con presencia desde abril hasta finales de agosto), como el ruiseñor común, el avión común, las golondrinas o los vencejos (que suelen ocupar la capa más alta). Están las invernales, «aves europeas que bajan a pasar el invierno a zonas más cálidas», como el mosquitero común o el cormorán («aunque este ya casi se puede ver todo el año»). Y también las aves de paso, que suben desde los cuarteles de invernada («en el África pre o subsahariana») hacia el norte de Europa, con parada y fonda en Valladolid (y aquí se encuentran el andarríos chico, torcecuellos, papamoscas cerrojillo o papamoscas gris).
La conclusión que obtienen es que «el Canal de Castilla en este tramo constituye un espacio de alta riqueza de avifauna, con presencia de numerosas aves, algunas de considerable interés a nivel provincial», lo que lo convierte «en un entorno de alto interés natural dentro del entorno urbano». Así, hay ocasiones en las que se topan con especies que se pueden considerar «raras» para esta zona, bien porque este no es su hábitat habitual, bien porque en su área de distribución crían pocos. Así que, divisar una de estas aves «raras» es especialmente emocionante.
Ocurre, por ejemplo, con la golondrina dáurica occidental, que no dudan en considerar como una de las especies de mayor interés en la zona, precisamente, debido a su «escasez a nivel provincial». «Apenas hay cinco parejas con crías en Valladolid y una de ellas está aquí. Presente entre los meses de mayo y octubre, hemos localizado dos nidos construidos por una pareja (uno de ellos sin usar) y se ha comprobado su reproducción, ya que han sacado adelante tres crías». El hecho de que aniden o se reproduzcan, apuntan, es un valor más para añadir en la diversidad del Canal de Castilla, donde estos «paseantes pajareros» se han llevado también alegrías gracias al martín pescador, las oropéndolas… o esta misma tarde, con el cernícalo. «Mira, mira, acaba de entrar en ese edificio de ahí», dicen mientras señalan una construcción en el lado del canal más cercano a La Victoria.
- Oropéndola europea Oriolus oriolus
- Presencia: Se ha constatado el asentamiento de tres parejas entre la dársena y la esclusa 42 (en el tramo final, en el parque de Puente Jardín y en las inmediaciones de Tafisa.
- Claves: Muy ligada a la vegetación arbórea, es fácil de detectar por su característico canto, que emite con frecuencia durante el periodo de nidificación. Presente entre abril y agosto.
- Martín pescador Alcedo athys
- Presencia: Entre agosto y febrero se observan ejemplares tanto en vuelo como posados o zambulléndose para capturar peces. Entre marzo y agosto no se registran observaciones, quizás por el mayor trasiego de personas o por desplazamientos hacia las zonas de cría, ya que en el canal no se ha comprobado su reproducción.
- Claves: Las aves que se observan en agosto proceden del Pisuerga, donde nidifican varias parejas, entrando al canal a buscar alimento. En otoño e invierno se suman ejemplares en migración o invernada.
- Golondrina común Hirundo rustica
- Presencia: Observada de forma habitual en la zona entre marzo y septiembre, aunque se han localizado algunos ejemplares en migración tardía, incluso en invierno.
- Claves: La especie nidifica en edificaciones aledañas al canal, principalmente en las situadas en la zona de Parva de la Ría, por lo que suele observarse sobre el canal cuando captura insectos o bebe en vuelo.
- Golondrina dáurica occidental Cecropis rufula
- Presencia: Dada su escasez a nivel provincial, es una de las especies de mayor interés en la zona. Presente entre los meses de mayo y octubre, se localizaron dos nidos construidos por una pareja (uno sin usar) y se ha comprobado su reproducción, al sacar adelante tres pollos.
- Claves: Muy vinculada a la zona de reproducción, se suelen observar en las inmediaciones del nido, tanto en vuelo como posadas en cables cercanos.
- Garza real Ardea cinerea
- Presencia: Suelen permanecer, en los meses de otoño e invierno, posados durante largos periodos de tiempo en la orilla y caminos de sirga, incluso en zonas con mucho tránsito de personas.
- Clave: Durante el periodo de estudio se vieron dos ejemplares que usaron el canal para descansar y alimentarse. También se pueden observar ejemplares vinculados al Pisuerga en las inmediaciones del arroyo Berrocal o sobrevolando cualquier tramo del canal a mayor altura.
- Cormorán grande Phalacrocorax carbo
- Presencia: Especie habitual en el Canal de Castilla desde hace algunos años, sobre todo en invierno, aunque se ha observado en otras fechas (salvo julio y agoto). Su presencia se limita a escasos ejemplares, que se alimentan en las aguas, principalmente del alburno, aunque durante las crecidas del río Pisuerga aumenta el número de ejemplares que utilizan el canal.
- Claves: También pueden verse ejemplares en vuelo.
- Cigüeña blanca Ciconia ciconia
- Presencia: Se observa habitualmente sobrevolando el canal cuando las aves se desplazan entre la ciudad y el vertedero municipal, donde se alimenta gran parte de la población urbana.
- Claves: Los conteos son muy variables en función de la época y hora del día. Se pueden contabilizar ejemplares sueltos o varrios cientos cuando, sobre todo en invierno, regresan en grandes bandos hacia los dormideros.
- Buitre leonado Gyps fulvus
- Presencia: Se alimentan ocasionalmente en el vertedero municipal. Por ello, se observan volando sobre el canal, con mayor frecunecia que el buitre negro. Se han observado cuatro ejemplares.
Frente a estas especies menos habituales, hay otras que se pueden ver en cualquier paseo por la zona: ánades reales, golondrinas y aviones comunes, mirlo, curruca carpintera, carbonero común, milano negro…»También influye la hora del día, ya que no es lo mismo a primera hora de la mañana, a media tarde o cuando ya ha atardecido y empiezan a verse rapaces nocturnas». A veces, puede ocurrir que no se vean, pero se escuchan.
«Yo no comprendo a esas personas que salen a correr o a caminar por el campo y se ponen auriculares o música en los cascos», dice Sanz, un auténtico defensor de estas caminatas curiosas. «Para mí es imposible salir a dar un paseo y no fijarme en todo lo que ocurre a mi alrededor. Tal vez es porque ya tienes la vista y el oído entrenado, pero no puedo evitar fijarme en todo lo que nos regala la naturaleza. Una de las cosas mejores de la vida es poder disfrutar de esto… y valorarlo», añade García. Allí donde muchos se quedan solo con lo general (aves, patos), ellos son capaces de discernir las diferentes especies. «Hay que ponerle un poco de atención e interés. Yo apenas sé diferenciar modelos y marcas de coches, pero hay gente que te puede decir, de un vistazo, hasta el tipo de motor». Todo esto es señal de que hay que aprender a caminar con curiosidad. Y, en el caso de las aves, también levantar la mirada (tanto de forma literal como metafórica). En tiempos acelerados y de prisas, el sosiego de un paseo atento puede deparar muchas sorpresas.
Para dejar constancia de ellas, Rubén Sanz acostumbra a salir siempre acompañado de su cámara de fotos, una Nikon Coolpix 950. «Tal vez no tenga una grandísima calidad, pero sí que tiene un objetivo muy potente que te permite identificar los pájaros a distancia sin molestarlos. Porque eso, ser respetuoso, también es muy importante», indica. Este estudio de observación se completa y enriquece con las fotos de Rubén. «No hemos conseguido de todas las aves divisadas, pero sí de la mayoría. Lo que queríamos es que las fotos incluidas en el trabajo se hubieran tomado aquí, en el Canal de Castilla», cuenta Rubén, quien confiesa que algunas jornadas basta con venir con una silla, sentarse un rato al fresco (a la sombra en verano) y dejarse sorprender por la naturaleza. «Porque lo interesante no es solo hacer el listado de lo que has visto, sino también observar el comportamiento de las aves: cómo ceban a los pollos, cómo se posan en el agua…».
Así, describen cómo el agateador común utiliza los árboles del parque y caminos de sirga, en los que busca alimento trepando por los troncos. Cómo los escasos ejemplares de lavandera cascadeña observados, generalmente se posaban en la vegetación de las orillas o realizaban vuelos de captura de insectos sobre el agua. O cómo el jilguero lúgano, «dada su predilección por las semillas de aliso, suele encontrarse aguas arriba de la esclusa 42». O cómo hay aves que se divisan en la zona durante los vuelos de prospección y búsqueda de alimentos, muchos ligados al vertedero municipal, donde se alimentan aves como el milano real o el milano negro.
«Nuestro objetivo con este estudio es que hay personas que descubran que esos lugares por los que pasean a diario están llenos de una diversidad de fauna que tenemos que conocer para poderla proteger», resume este par de amigos que se conoció, precisamente, gracias a los pájaros. José Antonio es biólogo en el Museo de la Ciencia y muchos días, cuando atravesaba la pasarela peatonal sobre el río, se cruzaba con Rubén, quien, con su cámara fotográfica, intentaba inmortalizar las águilas calzadas que pueden verse a menudo en el entorno del Palero. «De coincidir tantos días, comenzamos a hablar, a compartir afición…». Y de ahí, pasaron a pasear con la mirada y el oído atentos para inventariar la inmensa riqueza de aves que regala el Canal de Castilla a su paso por la capital.
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