Por José María Arévalo
(El templo destaca por su artesonado, que puede verse de cerca)
Aunque viví en Salamanca dos años mientras hacía la carrera y otros tres ya trabajando, no había oído hablar de este Museo de Pintura Medieval que contiene su iglesia de Santa Clara. A lo mejor la instalación es posterior a los setenta en que ya me vine a Valladolid, pero tampoco recuerdo esta interesante iglesia, de fachada pequeña y quizá un tanto escondida. De ahí mi sorpresa al ver el artículo de La Gaceta Regional -en la que trabajé como periodista- firmado por Isabel Alonso y titulado “Una iglesia, dos épocas y un tesoro oculto en pleno corazón de Salamanca”. Vamos a verlo.
El espectacular -subtitulaba- retablo de Joaquín de Churriguera convive en este templo salmantino con artesonados mudéjares y pinturas medievales que permanecieron ocultos durante siglos
Aunque su imagen exterior hace que pase desapercibida al visitante, la iglesia de ‘Las Claras’ guarda uno de los tesoros barrocos más espectaculares de Salamanca. En su interior, la madera se retuerce y el oro parece encenderse en un retablo que atrapa todas las miradas. Allí, las columnas giran sobre sí mismas protegiendo a la verdadera protagonista de esta gran obra: Santa Clara.
El retablo mayor de ‘Las Claras’, obra de Joaquín de Churriguera en colaboración con Pedro de Gamboa, fue realizado en el tránsito de los siglos XVII al XVIII, concretamente en 1702. De madera tallada, dorada y policromada, se estructura en un único cuerpo con tres calles separadas por columnas salomónicas y rematadas por un gran ático. Pero una descripción así se queda corta.
Sus formas se multiplican, el oro recoge la luz y la devuelve en pequeños destellos, mientras las sombras se meten entre las imágenes. Todo un universo de detalles.
Y es que, frente a las estructuras más ordenadas y compartimentadas, Churriguera pensó en una gran obra más dinámica y teatral. Características de un barroco que empezaba a transformar la ciudad y en el que el arte era tanto una demostración de devoción como de poder.
El maestro logró que el retablo dejara de ser únicamente un fondo religioso al apostar por un lenguaje más dramático y teatral. Y todo ello para realzar a Santa Clara, fundadora de las clarisas, que ocupa el lugar central. Aquí, arquitectura y escultura trabajan juntas para provocar una experiencia visual y religiosa.
Pero ‘Las Claras’ no nació barroca. La iglesia tiene origen medieval y su apariencia actual es fruto de una profunda transformación.
La documentación más antigua que se conserva del Real Convento de Santa Clara en Salamanca se remonta a 1238. Y, poco tiempo después, entre 1245 y 1250, fue consagrada su iglesia.
El templo está formado por una única nave, con grandes arcos de medio punto abiertos en los muros laterales y una capilla mayor de testero recto. Fue durante la posterior reforma barroca cuando se incorporaron las actuales bóvedas de medio cañón con lunetos y decoración de yeserías. Unos añadidos que cambiaron por completo la percepción del espacio y ocultaron durante siglos buena parte del templo anterior.
Los posteriores trabajos de restauración del conjunto sacaron a la luz artesonados mudéjares que habían quedado ocultos por las reformas barrocas, además de pinturas murales de distintas épocas.
De sorpresa en sorpresa
El convento de Santa Clara es una sorpresa continua. Y un ejemplo es su techumbre de los siglos XIII y XIV, que pudo salvarse al crear Churriguera una falsa bóveda para la iglesia.
Así, sobre las cabezas de los visitantes se extiende una estructura que ha sido testigo de siglos de historia y que todavía hoy conserva parte del encanto con el que fue concebida. No en vano, sus formas y detalles hablan del trabajo de los artesanos que la construyeron y del cuidado que se puso en cada rincón del templo.
No es la única sorpresa que esconde la iglesia. Detrás del retablo barroco dedicado a San Buenaventura se conserva un arcosolio —un hueco en la pared con forma de arco para guardar una tumba— con una pintura mural de finales del siglo XV que representa la Estigmatización de San Francisco. Una repentina vuelta del barroco a la Edad Media.
Quizá sea precisamente eso lo que hace de ‘Las Claras’ un lugar tan especial: que obliga a mirar dos veces. Bajo el brillo del barroco aparecen las huellas de la Edad Media; detrás de un retablo que parece querer ocuparlo todo, sobreviven pinturas, maderas y rincones que durante siglos permanecieron ocultos. Cada capa descubre otra historia y convierte la visita en un viaje inesperado por el pasado de Salamanca. ‘Las Claras’ no solo guarda obras de arte: guarda las huellas de quienes fueron transformando el templo durante siglos.
¿Dónde está?
El Convento de Santa Clara, conocido popularmente como ‘Las Claras’, se encuentra en la calle Santa Clara, en la esquina con la calle Lucero. Tras una importante intervención llevada a cabo por la Fundación Las Edades del Hombre, el conjunto alberga actualmente un Museo de Pintura Medieval. El espacio museístico ocupa el coro bajo, la iglesia, el claustro, el coro alto, el espacio sobre las bóvedas de la iglesia y el torreón del convento.
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