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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 02 Nov 2026 - 07:24 CET
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“El Gobierno busca un culpable para la tragedia ferroviaria de Urda mientras se parapeta tras los protocolos de Adif”, de Leticia Barquín; “¿Por qué cree Sánchez que la violencia le renta?”, de Francisco Rosell; “Guerra total en Moncloa: ya disparan a Marlaska”, de Javier Portillo; y “La indecencia de Óscar Puente: así bromeaba en La Sexta sobre la seguridad”, de Libertad Digital.

(“Carteles actualizados”, viñeta de Tomás Serrano en El Español el pasado día 29)

EL GOBIERNO BUSCA UN CULPABLE PARA LA TRAGEDIA FERROVIARIA DE URDA MIENTRAS SE PARAPETA TRAS LOS PROTOCOLOS DE ADIF

Artículo de Leticia Barquín publicado en Libertad Digital el pasado día 29

El Ejecutivo se aferra a los procedimientos internos para respaldar su versión y situar el foco en quienes dieron la orden de continuar la marcha. El ministro de Transportes, Óscar Puente, comparece ante los medios de comunicación en el Centro de Control del gestor de la infraestructura ferroviaria, Adif, en Madrid. EFE/ Borja Sanchez-trillo | EFE

El Gobierno busca una cabeza de turco por la tragedia ferroviaria de Urda mientras se parapeta tras los protocolos de Adif y trata de cerrar el relato sobre lo ocurrido en los 17 minutos que precedieron al choque. El accidente ha irrumpido de lleno en la campaña electoral y ha colocado al Ejecutivo ante una crisis de enormes dimensiones siendo el segundo accidente ferroviario en nueve meses. El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha puesto el foco en los operarios del centro de control de Adif y en la decisión de reanudar la marcha del tren de Renfe. Una estrategia que recuerda a la que siguió tras el accidente de Adamuz, cuando señaló al soldador que había trabajado en la vía.

Tras sostener que ningún sistema de seguridad impidió el error humano durante los 17 minutos transcurridos entre la autorización para reanudar la marcha del tren de Renfe y la colisión, el Gobierno ha comenzado a remitir a los medios de comunicación los protocolos de Adif. El Ejecutivo se aferra así a los procedimientos internos para respaldar su versión y situar el foco en quienes dieron la orden de continuar la marcha.

Pero el controlador al que apunta Puente no estaba solo. A su lado había un auxiliar y, por encima, un supervisor. La pregunta es inevitable: ¿cómo es posible que durante 17 minutos nadie detectara que un tren con 397 pasajeros avanzaba a lo largo de 25 kilómetros hacia un Iryo detenido en la vía, con otros 147 pasajeros a bordo, sin que se corrigiera una orden que acabaría desembocando en la colisión?

El ministro ha defendido la actuación del sistema de control al tiempo que ha señalado a sus operarios. «Es el centro de control a través de sus operarios el que toma la decisión de reanudar la marcha en unas circunstancias, desde nuestro punto de vista inexplicables», afirmó Puente tras seis horas de silencio desde el accidente. Según la versión del Ministerio, la orden se dio para circular a velocidad normal, en lugar de hacerlo a velocidad reducida, algo que, aseguran, contravendría la normativa y los protocolos. «Reanude con marcha normal», es la orden que se escucha en los audios a los que han accedido varios medios de comunicación.

Transportes sostiene que se trató de una decisión errónea y que nadie corrigió la instrucción durante los 17 minutos siguientes. Sin embargo, un maquinista afectado por la interrupción del servicio sí habría advertido al centro de control de Adif de que la orden era incorrecta. Una alerta que abre nuevos interrogantes sobre la actuación de los responsables, los mecanismos de supervisión y la ausencia de una rectificación antes del impacto.

Artículo en: https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2026-10-29/el-gobierno-busca-un-culpable-para-la-tragedia-ferroviaria-de-urda-mientras-se-parapeta-tras-los-protocolos-de-adif-7483772/

¿POR QUÉ CREE SÁNCHEZ QUE LA VIOLENCIA LE RENTA?

Artículo de Francisco Rosell publicado en El Debate el pasado día 28

Por eso, mirando el cuadro del Guernica que repatrió el expresidente Leopoldo Calvo Sotelo como gesto de reconciliación tras asegurarse el justo castigo a los golpistas del 23-F, el doctor Hamor trata de reavivar un ayer guerracivilista para que el pasado marche por delante de nosotros

Como el pasado marcha por delante de nosotros, en vez de ir por detrás en buena lógica al cabo de cincuenta años de democracia, la campaña sanchista para aferrarse al poder y garantizarse su impunidad le impulsa a legitimar la violencia dejando hacer a los agitadores profesionales y a los delincuentes. Todos ellos se valen de una anomía tolerada con el ministro Marlaska desaparecido y con los delegados del Gobierno impidiendo la labor de las Fuerzas de Orden Público, cuyos uniformados se limitan a defenderse ellos, en vez de a los ciudadanos.

Ante quienes esgrimen que estas algaradas no ayudan a Sánchez en estas vísperas electorales, sino a los partidos llamados de ley y orden, se equivocan de medio a medio. A estos biempensantes, cabe preguntarles: ¿Por qué iba a consentirlas si este cavilara que no le renta? Aunque el historiador italiano Carlo Cipolla sentenciara que la estupidez consiste en hacer daño a tu enemigo de todas las formas posibles, incluso en aquellas que acabarán causándote mayor perjuicio a ti que a él, a Sánchez no le importa jugar con fuego.

Conviene no echar en saco roto que la violencia fue siempre concebida por la izquierda como partera de la Historia, según Karl Marx. Y, si bien el PSOE se alejó de ella en el lapso socialdemócrata de Felipe González, ahora la recobra resueltamente con Sánchez siguiendo la estela de Zapatero, así como de sus socios bilduetarras y separatistas. A un Sánchez a la desesperada ya no le preocupa perder el control de la calle, como le inquietaba a González prevenido por los viejos republicanos con los que hacía conversación en Sevilla. Al contrario, hace dejación de su responsabilidad de Gobierno entregándose a grupos de agitadores anteponiendo el valor de esas protestas al del Parlamento al que niega representatividad tras perder su mayoría parlamentaria. Una expresión claramente populista que le entronca con los autoritarismos que desataron la II Guerra Mundial y con aquellos que se han rehecho tras la caída del Muro de Berlín.

Contrariamente a lo que opinan a quienes no distinguen entre la realidad y el deseo, la barbarie sí sirve para aquellos que la instrumentalizan al reportarle réditos como los cosechados este ochenio sanchista por el terrorismo etarra y por el golpismo catalán tras salirle gratis sus crímenes y encaramarse a una posición prevalente en la gobernación de España luego de erigir presidente a Sánchez y transmutarlo en uno de los suyos.

Por desgracia, el deber ser no emerge por sí mismo. Para que el mal triunfe, echando mano del célebre aserto del gran liberal inglés Edmund Burke, sólo se requiere que los hombres buenos no hagan nada. A este respecto, como avizoró quien tuvo la capacidad de inmunizar a sus compatriotas contra el contagio de la Revolución Francesa merced a regenerar sus instituciones, es primordial que, «cuando los hombres perversos se asocian, los buenos se coaliguen porque, si no lo logran, caerán uno tras otro en un inmisericorde sacrificio en una guerra que no conoce la piedad». De ahí la importancia de que, con su acuerdo sobre el Senado, PP y Vox hayan sabido entender la verdadera prioridad nacional.

Porque esta espiral de violencia del gobierno, ensayada con éxito en la Vuelta Ciclista de 2025 para boicotear la participación israelí obligando a suspender la etapa final en Madrid tras una declaración en ese sentido de Sánchez, puede producir una espiral de silencio por el que la mayoría silenciosa se someta a esas minorías organizadas en turbamulta observando entre visillos cómo les roban el presente e hipotecan el futuro. Al retraerse ante estos gritones, coligiendo que puede ser peor el remedio que la enfermedad, esa mayoría dedicada a sacar adelante su casa y su familia dejarían el camino expedito a los bárbaros para que les impongan nuevas gabelas entre dicterios contra los amedrentados. Por consiguiente, de la mano de la ley, la mayoría no puede dejarse arrebatar el orden democrático y el bienestar económico que tanto costó construir frente Atila y sus hunos

Pero lo cierto es que el miedo puede operar grandes males a modo de síndrome de Estocolmo. No obstante, para que esa espiral de violencia no derive en espiral de silencio haciendo callar a la mayoría e incluso hacerle pensar que lo mejor es ponerse de lado buscando un apaciguamiento que luego redundará en males mayores, no contribuye el croar de grillos de quienes confunden la plausible ecuanimidad con la falaz equidistancia. Son quienes oscilan entre el «bienquedismo» y el «peroesqueismo», valgan ambos palabros, como enfermedad infantil de ciertos sectores complacientes y acomodaticios de la derecha.

En efecto, el «bienquedismo» lo protagonizarían esas «almas bellas», según la terminología de Hegel, que critican al Gobierno haciendo aspavientos contra sus corrupciones y fechorías, pero sin poner en riesgo el «statu quo» al modo de los teros argentinos que, para preservar sus intereses, en un lado pegan los gritos y en otro colocan los huevos. Y el «peroesqueismo» que correría a cargo de quienes contrapesan los desafueros del gobierno con reproches a los errores de Feijóo y a Abascal. Aplicando el dicho: «Palos porque bogas, palos porque no bogas», buscan en el ojo de la oposición la paja que les permita sentirse excusados de votar al Gobierno aunque porte una viga en el suyo.

Justo en un momento crítico en el que el gobierno alienta una guerra preventiva contra la oposición que el ministro Óscar Puente, como adelantado de Sánchez, ha justificado porque «nos evitaremos tener que estar luego cuatro años saliendo a la calle a protestar por las cosas malas que pasarán sin duda si gobiernan PP y Vox». Puente se retrotraía, casi por palabra, a lo dicho en la campaña electoral de 1933 por Largo Caballero, el Lenin español, cuando aseveró en Murcia que, «si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia» dado que su aquiescencia con la República sólo tenía un sentido: desbordarla o poseerla.

Es lo que acontece hoy con la democracia española cuando Sáncheztein niega, no ya la alternativa de Gobierno, sino la alternancia democrática retrotrayéndose a la Revolución de 1934 para no aceptar los resultados de aquellos comicios o directamente para acometer el pucherazo de febrero de 1936 generando el caos para que, en esas aguas revueltas, aparezcan votos milagrosos como los de sus componendas en las dos primarias socialistas que ganó y en la votación para evitar ser desalojado de la secretaría general del PSOE. La celebración de Sánchez de la remontada de Lula en Brasil, donde los votos se ha multiplicado en la segunda vuelta como en el milagro del pan y los peces, no mueve a la tranquilidad precisamente ni que el ganador virtual de las elecciones, Flávio Bolsonaro, haya tenido que huir del país a las 48 horas.

Si sus socios –incluida ETA con sus más de 800 asesinatos– han rentabilizado la violencia, Sánchez debe pensar que por qué él va a ser menos con los antecedentes del bolchevizado PSOE de la II República. Por eso, mirando el cuadro del Guernica que repatrió el expresidente Leopoldo Calvo Sotelo como gesto de reconciliación tras asegurarse el justo castigo a los golpistas del 23-F, el doctor Hamor trata de reavivar un ayer guerracivilista para que el pasado marche por delante de nosotros.

Artículo en: https://www.eldebate.com/opinion/20261028/cree-sanchez-violencia-le-renta_474568.html

GUERRA TOTAL EN MONCLOA: YA DISPARAN A MARLASKA

Artículo de Javier Portillo publicado en La Razón el pasado día 27

Sánchez, en shock. Por primera vez, desde su núcleo se ataca sin filtro a ministros como Robles, pero también al titular de Interior. Las seis incongruencias de Sánchez tras el informe de la Policía sobre Ceuta. Marlaska ataca a la jueza de la invasión a Ceuta y pide que se trasladen al Gobierno los informes relevantes.

La crisis de Ceuta ha reventado el Palacio de la Moncloa. Dentro, el ambiente se ha vuelto irrespirable. Fuentes del núcleo duro del Gobierno describen a este periódico un Ejecutivo atravesado por la desconfianza, con ministros que se señalan unos a otros y reproches que ya han dejado de circular únicamente por los pasillos para convertirse en acusaciones fuertes entre departamentos. Se han traspasado muchas líneas, resumen las fuentes consultadas.

Ceuta no ha provocado las heridas, pero las ha abierto de par en par. La gestión de la mayor crisis fronteriza de la historia ha funcionado como un acelerador de las tensiones que convivían dentro del Gobierno. El resultado, según distintas fuentes conocedoras de la situación interna, es un Ejecutivo en el que algunos de sus principales integrantes han empezado a desconfiar no ya de las decisiones políticas de sus compañeros, sino de la información que manejan, de la que comparten y de la que intentan obtener. En el centro de la tormenta está Fernando Grande-Marlaska.

Varios ministros responsabilizan abiertamente al titular de Interior de haber perdido el control de su propio departamento durante las jornadas que precedieron a la entrada masiva del 30 de julio. El reproche es demoledor: consideran que Marlaska «no maneja» el Ministerio y «no se entera» de una parte de la información que circula por sus estructuras, según trasladan las citadas fuentes gubernamentales.

La comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso no contribuyó precisamente a templar los ánimos. El presidente reconoció que el Gobierno tendrá que averiguar por qué una nota elaborada por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras el 29 de julio no ascendió por la cadena de mando de la Policía Nacional y del Ministerio del Interior.

«Esto también tendrá que explicarse», dijo desde la tribuna. Todo un dardo dirigido a Marlaska. Porque, por mucho que en el Consejo de Ministros se extienda la sensación de que hay actores dentro de las Fuerzas y Cuerpos se Seguridad que trabajan «en contra» el Gobierno, a ningún ministro le parece razonable que Fernando Grande-Marlaska carezca de información.

La batalla sobre quién sabía qué antes del 30 de julio ha dejado de ser una discusión técnica. Se ha convertido en una pelea por las responsabilidades. Interior ha defendido durante toda la crisis que ningún informe permitió anticipar una avalancha de semejante magnitud. Defensa, por el contrario, ha protegido el trabajo de los servicios de inteligencia. Y el informe elaborado por el CENIF echa leña al fuego al dejar constancia de una «Alerta de Riesgo de Entrada Masiva» emitida el 29 de julio. Dentro del Ejecutivo se preguntan dónde se quedó la información y quién tenía la obligación de hacerla subir. Pero Marlaska no es el único ministro bajo asedio amigo. La segunda batalla tiene como protagonista a Margarita Robles. Y es distinta, aunque nace del mismo veneno: la información.

Fuentes del Gobierno aseguran que varios ministros están profundamente molestos con la titular de Defensa, a la que incluso acusan de haber anticipar información sensible procedente de otros ministerios. «El cabreo con ella es mayúsculo», según las fuentes consultadas. El propio presidente la puso ayer en un compromiso al anunciar la publicación de un dosier con todos los informes y alertas que se emitieron antes de la llegada masiva de migrantes procedentes de Marruecos.

El presidente insistió en que su equipo ha revisado «todos los informes, todos los mensajes» y las notas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y del CNI» que llegaron a la Moncloa. Ese anuncio del jefe del Ejecutivo es demoledor, porque Robles tutela políticamente al Centro Nacional de Inteligencia y porque una parte fundamental de la batalla de Ceuta se libra alrededor de los avisos que circularon antes de la avalancha.

Las fuentes consultadas describen ministerios cada vez más celosos de sus propios datos y ministros que recelan de los movimientos de otros miembros del Consejo de Ministros. La información sensible se ha convertido en munición política. Saber algo antes que el compañero permite defender la propia gestión; desconocerlo puede colocar a un ministro a los pies de los caballos. Y más en el momento de mayor debilidad política de Sánchez, que se quedó ayer solo defendiendo su gestión de la crisis.

La Moncloa lleva más de un mes intentando construir un relato único sobre Ceuta mientras por dentro pelean versiones diferentes de lo sucedido. Primero fueron los avisos. Después, Marruecos. Más tarde, la respuesta de la frontera. Luego llegó la discusión sobre el mando único. Y finalmente apareció el informe policial en manos de la Audiencia Nacional. Cada nuevo documento ha provocado una pregunta nueva y cada pregunta ha obligado a algún ministro a defenderse.

El resultado es un Gobierno en el que la confianza se ha evaporado, según las fuentes consultadas. Ya no se trata únicamente de las conocidas diferencias políticas o personales entre algunos ministros, como la animadversión que se tienen Robles y Marlaska. Quienes conocen el clima interno hablan de una desconfianza «total» entre determinados departamentos y aseguran que durante estas semanas se han superado límites que hasta ahora se respetaban.

Pero mientras el presidente intenta ordenar hacia fuera el relato de lo ocurrido, dentro del Gobierno se libra otra pelea para reconstruir quién tuvo cada papel encima de la mesa. Lo que salga de ahí determinará quién carga políticamente con el fallo. Aunque fuentes gubernamentales advierten de que probablemente «nunca» se sepa qué ocurrió ni quién estuvo detrás. Estas mismas fuentes comentan constantemente lo «complejo» de la crisis. Pero mientras Sánchez trata de cerrar la crisis política, dentro de su propio Ejecutivo la guerra se recrudece.

Unos miran a Marlaska porque consideran que no controló lo que sucedía dentro de su Ministerio. Otros miran a Robles porque creen que ha aprovechado la crisis para ampliar su radio de información más allá de Defensa. Pero todos saben que la investigación judicial y la publicación de nuevos documentos pueden modificar el reparto de responsabilidades. De ahí la desconfianza.

Los diputados socialistas admiten, en privado, que Ceuta puede ser la puntilla definitiva del Ejecutivo. Todos los consultadas admiten que Moncloa llegó «tarde» y que, independientemente de quién esté detrás de la crisis, la reacción durante el último mes correspondía al Gobierno de la nación. El presidente no convenció ayer a parte de su parroquia.

Artículo en; https://www.larazon.es/espana/guerra-total-moncloa-disparan-marlaska_202609046a9a18212d7d3022177dd43b.html

LA INDECENCIA DE ÓSCAR PUENTE: ASÍ BROMEABA EN LA SEXTA SOBRE LA SEGURIDAD FERROVIARIA

Artículo de Libertad Digital publicado en su web el pasado día 28

El ministro de Transportes hacía chistes de Renfe hace solo 8 días. La tragedia de Urda culmina un 2026 negro para el transporte ferroviario en España.

La tragedia ferroviaria en España vuelve a escena. Un gravísimo accidente por alcance en Urda (Toledo) entre un tren AVE de Renfe y un convoy de Iryo ha dejado al menos 46 muertos y más de un centenar de heridos, volviendo a sumir a España en un tremendo shock apenas diez meses después de la tragedia de Adamuz, que costó la vida a 46 personas.

Mientras los cuerpos de emergencia se afanan en poder salvar a los heridos en un escenario caótico y dantesco -hay incluso cuerpos mutilados tras el accidente-, la hemeroteca vuelve a dejar muy retratado al ministro de Transportes Óscar Puente.

Hace tan solo unos días, Puente dedicaba su tiempo a protagonizar sketches humorísticos y mofarse del colapso de Renfe en Adamuz en La Sexta. La frivolidad sin límites de un ministro más preocupado por ser el «bravucón» de las redes sociales que por la seguridad de los españoles queda de nuevo expuesta.

El bochornoso spot en un ascensor

Hace tan solo 8 días, La Sexta publicó un vídeo promocional de la participación del ministro de Transportes en Cara al Show, el programa de Marc Giró, en el que una avería ficticia de un ascensor da pie al responsable del ferrocarril español a bromear sobre los problemas de Renfe. «Vaya por Dios. Como si no tuviéramos bastante con la Renfe ya«, suelta Puente cuando la megafonía anuncia que el ascensor permanecerá parado más tiempo de lo habitual.

El ministro encargado de garantizar el buen funcionamiento del transporte ferroviario se presta a hacer chistes sobre sus deficiencias.

En la grabación, de 57 segundos, el ministro llega al ascensor de Cara al Show y pide que le lleven a La Sexta. Tras una breve interacción con quienes están dentro, la megafonía anuncia: «Por una avería del sistema, el ascensor estará parado más tiempo del habitual». La respuesta del titular de Transportes llega de inmediato: «Vaya por Dios. Como si no tuviéramos bastante con la Renfe ya». El vídeo promociona el programa de este miércoles, en el que Marc Giró recibirá también a María Patiño y Fito Páez.

Puente no dudó en rematar la promoción compartiendo el vídeo en su habitual cuenta de X con un comentario que le da más juego a sus bromas de mal gusto. No es la primera vez que utiliza la red social como escaparate de su faceta más personal, con mensajes y ataques a sus adversarios. En esta ocasión, el blanco de la broma es su propia área de responsabilidad, retratando las deficiencias comunicativas del ministro en un momento en el que el ferrocarril sigue bajo escrutinio.

El intolerable comportamiento de Puente levantó la voz de la Asociación de Víctimas del Descarrilamiento de Adamuz, cuyo presidente, Mario Samper, tachó la escena de mofa «bochornosa», «dolorosa» y carente de la más mínima sensibilidad hacia las familias que aún lloran a sus muertos.

La premonición fatal

En la entrevista que concedió a Cara al Show, Puente hace una premonición que tan solo una semana después le estalla en la cara.

A la hora de ser cuestionado por Marc Giró sobre las incidencias ferroviarias, el ministro de Transportes aseguraba que: «Necesitamos trenes nuevos ya acabar las obras, y mientras tanto vamos a sufrir un poco».

El sufrimiento al que está sometido a la población española con su incapacidad es terrible y el caos ferroviario ya se ha cobrado varias víctimas mortales.

El accidente de este miércoles en Toledo -donde los primeros indicios apuntan a que el AVE de Renfe embistió por detrás al tren de Iryo tras saltarse un semáforo en rojo- evidencia que las advertencias de los técnicos y de la oposición no eran alarmismo: el sistema ferroviario español, antaño orgullo nacional, se cae a pedazos por la falta de inversión, la desatención del mantenimiento y la flagrante incompetencia política.

A dos meses de rematar 2026, se acumulan las desgracias ferroviarias con Puente a los mandos: en enero vivimos la tragedia de Adamuz con 46 muertos y centenares de heridos. En el mismo mes sucedió un siniestro mortal en Gélida (Barcelona) donde falleció un maquinista. Este verano y al inicio del otoño acaeció un caos diario con incendios de cabezas tractoras en Zaragoza, descarrilamientos en Cercedilla, retrasos masivos y suspensiones. Y este miércoles las vías en Urda se han vuelto a teñir de sangre.

Y mientras se acumulan las tragedias, Puente sigue ejerciendo de humorista con una impunidad pasmosa.

Artículo en: https://www.libertaddigital.com/espana/2026-10-28/la-indecencia-de-oscar-puente-asi-bromeaba-en-television-sobre-la-seguridad-ferroviaria-7483215/

 

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