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LA CLAVE ESTÁ EN CONTROLAR LA MENTE

¿Por qué como sin control cuando estoy agobiado?

Comer de forma compulsiva es algo habitual en situaciones de estrés

Cristina López Mantas 26 May 2020 - 10:03 CET
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Llevas tiempo desbordado de trabajo, sin apenas tiempo ni poder descansar. No paras de darle vueltas a la cabeza, pensando en ese proyecto en el que inviertes muchas horas de tu día. Es entonces cuando te levantas de la silla de tu despacho y vas a la cocina, allí está la nevera esperándote. Decides abrirla y llevarte a la boca cualquier cosa con tal de comer. De repente te sientes más aliviado pero se trata de una sensación fugaz, pronto vuelve el estrés y la ansiedad.

Por diversos motivos, todos alguna vez hemos vivido momentos de cansancio, ansia o apatía. En esa época, lo común es comer más, buscando una forma de relajarnos y sentirnos mejor. Liberando neurotransmisores como la dopamina, haciendo que se aminore esa sensación malestar ocasionada por la ansiedad.

Se trata de alimentos especialmente los altos en hidratos y grasas que calman el sistema nervioso, pero que alargo plazo, el estrés y la ansiedad continúan estando. Comenzamos a comer de forma compulsiva y casi sin control, resulta imposible frenarse y decir ‘basta’. Además se pierde la noción del tiempo o no le damos importancia en ese momento a la cantidad de comida que estamos tomando. Después, en la mayoría de los casos, se genera ese sentimiento de culpa que nos lleva a sentirnos aún peor. Es la pescadilla que se muerde la cola.

El motivo principal es que ese apetito no viene de una necesidad fisiológica del organismo, viene de nuestra mente, el hambre ‘emocional’. Controlar este impulso no es tarea fácil.

Los expertos recomiendan para ello agregar nuevos hábitos a nuestra rutina como planificar bien las comidas, trabajar en la respiración, procurar dormir suficiente para estar descansado o hacer ejercicio físico regularmente. Todo está en nosotros mismos y en nuestra propia capacidad para parar cuando debemos hacerlo.

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