Esta revelación llegó por accidente hace más de diez años. “Estábamos haciendo experimentos con ratas en el laboratorio, examinando sus secreciones neuroquímicas tras una cirugía”. De repente, dos ratas murieron, permitiéndoles observar el proceso de muerte cerebral.
«Una de las ratas mostró una masiva secreción de serotonina», explicó. Se preguntó si esa rata habría tenido alucinaciones, ya que la serotonina está vinculada con ellas. Este hallazgo despertó su interés y pasó el fin de semana investigando literatura especializada, solo para darse cuenta de que sabemos muy poco sobre el proceso de morir. Desde entonces, Borjigin, profesora asociada de neurología y fisiología molecular e integrativa en la Universidad de Michigan, se ha dedicado a estudiar lo que ocurre en el cerebro humano al morir. Sus descubrimientos desafían las suposiciones existentes.
La definición de muerte “No sé si has visto a una persona sufriendo un paro cardíaco”, dijo. “Colapsa, se cae, se desmaya. La llamas y no responde, la tocas y no reacciona, es como si estuviera muerta”.
Los profesionales médicos determinan si un paciente está vivo usando electrocardiogramas. Si no hay pulso en los brazos o cuello, se define como muerte clínica. La atención se ha centrado en el corazón, llamando al evento “paro cardíaco”, no “paro cerebral”. Para la medicina y la ciencia, parece que el cerebro no funciona porque la persona no puede hablar o moverse.
El cerebro necesita mucho oxígeno, y si el corazón no bombea sangre, el oxígeno no llega. “Todas las señales superficiales apuntan a que el cerebro se vuelve hipoactivo”, explica Borjigin. Sin embargo, sus investigaciones muestran lo contrario. En un estudio de 2013 con ratas, observaron intensa actividad de neurotransmisores tras el paro cardíaco. “La serotonina aumentó 60 veces; la dopamina, de 40 a 60 veces; la noradrenalina también ascendió”. Estos niveles son mucho más altos que cuando el animal está vivo.
En 2015, publicaron otro estudio sobre el cerebro agonizante en ratas, encontrando intensa activación cerebral en todos los animales, con el cerebro en un estado hiperactivo.
Ondas gamma En 2023, investigaron cuatro pacientes en coma con soporte vital y electroencefalografía. Cuando se decidió desconectarlos, encontraron alta actividad cerebral vinculada con funciones cognitivas en dos pacientes, detectando ondas gamma, las más rápidas, involucradas en procesamiento complejo y memoria.
Al desconectar el ventilador, se produce hipoxia, la falta de oxígeno en la sangre, asociada con el paro cardíaco. “La hipoxia parece ser el tema unificador para activar el cerebro”, y tan pronto se retiraron los ventiladores, dos cerebros se activaron en segundos.
Partes específicas En ratas, observaron activación global del cerebro; en humanos, solo algunas áreas se activaron, como la “posterior cortical hot zone”, responsable de la percepción sensorial, asociada con consciencia, sueños y alucinaciones visuales, y el área de Wernicke, vinculada con el lenguaje.
Borjigin señala que la unión temporoparietal derecha está relacionada con la empatía. Muchos sobrevivientes de paros cardíacos reportan mayor empatía, lo que sugiere que la intensa actividad cerebral podría explicar las experiencias cercanas a la muerte (ECM).
Las experiencias cercanas a la muerte Muchas personas han reportado ECM, describiendo luces intensas, revisión de vida, y salidas del cuerpo. Borjigin cree que el cerebro hiperactivo podría explicar estas experiencias. En su estudio de 2023, sobrevivientes de paros cardíacos reportaron ver luces, indicando activación de la corteza visual. La intensa actividad en la corteza visual de dos pacientes desconectados de respiradores podría correlacionarse con esas experiencias visuales.
Borjigin argumenta que, aunque se ha asumido que el cerebro no funciona durante un paro cardíaco, sus estudios sugieren lo contrario. Cree que las ECM provienen de la actividad cerebral previa al cese completo de las funciones vitales.
Una nueva comprensión Reconoce que su estudio en humanos es pequeño y que se necesita más investigación sobre el cerebro moribundo. Sin embargo, tras más de diez años en esta área, Borjigin está convencida de que el cerebro se vuelve hiperactivo durante un paro cardíaco. Cree que esta actividad es parte de un mecanismo de supervivencia del cerebro ante la falta de oxígeno.
Explica que el cerebro podría estar equipado con mecanismos endógenos para lidiar con la hipoxia, similar a cómo las familias enfrentan crisis económicas reduciendo gastos no esenciales. Borjigin considera que sus hallazgos son solo la punta de un iceberg y que hay mucho por descubrir.
«Sabemos que el cerebro tiene esta intensa actividad durante un paro cardíaco, pero necesitamos entender por qué ocurre. Podríamos estar diagnosticando prematuramente la muerte de millones de personas sin comprender completamente el proceso de la muerte».
Fuente: BBC MUNDO
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