Visualiza un reloj que no cuenta horas, sino que refleja el pulso de nuestra supervivencia como humanidad.
El Boletín de Científicos Atómicos ha movido sus manecillas a 85 segundos de la medianoche, una decisión alarmante en sus 79 años de existencia. Esta metáfora, creada por figuras como Albert Einstein y Robert Oppenheimer, subraya que estamos al borde del abismo, empujados por la necedad política, conflictos bélicos, el cambio climático y tecnologías que parecen escapar a nuestro control.
El anuncio se hizo el día de ayer, 27 de enero de 2026, con un grupo de expertos —entre ellos ocho premios Nobel— advirtiendo sobre un cóctel explosivo.
Donald Trump, durante su segundo mandato, se sitúa al frente de esta danza macabra, junto a Vladimir Putin y Xi Jingping, con políticas que desatienden el clima y exacerban tensiones en conflictos enquistados como Ucrania, Gaza e incluso amenazan con generar nuevos en Irán y Groenlandia.
Pero no es solo su responsabilidad: Rusia, China y EE UU están inmersos en una carrera armamentista nuclear, con arsenales en expansión y acuerdos como el New START que se desmoronan. Las emisiones de CO2 alcanzan niveles récord, los océanos suben y los desastres climáticos se suceden sin compasión.
A esto se suma la amenaza de la inteligencia artificial, que propaga desinformación y se infiltra en los ejércitos, mientras la biotecnología presenta peligros como pandemias inducidas o «vidas espejo».
Amenazas entrelazadas como un nudo gordiano
Los científicos del Boletín no ocultan la gravedad de la situación: «El mundo está peligrosamente cerca de un desastre global», advierten al señalar a líderes complacientes que priorizan el nacionalismo en lugar de la cooperación internacional. Daniel Holz, físico en la Universidad de Chicago, resume la situación: nadie parece detener la fiebre nuclear ni el calentamiento global, que solo empeorará con sequías e incendios devastadores, y oleadas de frío extremo.
Por su parte, Alexandra Bell, presidenta del Boletín, critica lo que ella describe como un «fracaso flagrante en el liderazgo», apuntando a una vigilancia orwelliana y propaganda que acelera el avance del reloj.
La IA se presenta como la villana contemporánea. Sus sofisticados modelos lingüísticos inundan nuestro entorno con noticias falsas, socavando debates cruciales sobre nuclear y clima. Las grandes potencias están integrándola en sus estrategias defensivas, arriesgándose a cometer errores catastróficos. El cambio climático, incorporado al reloj desde 2007, no da respiro: las cumbres internacionales fallan en eliminar combustibles fósiles mientras políticas como las de Trump socavan cualquier esperanza. Se plantean soluciones concretas: promover diálogos nucleares entre EE UU y Rusia, establecer normas para la IA militar y fomentar una cooperación biotecnológica global.
Para ilustrar esta evolución, aquí tienes una tabla con hitos clave del Reloj del Apocalipsis:
| Año | Segundos a medianoche | Razón principal |
|---|---|---|
| 1947 | 7 minutos | Inicio Guerra Fría |
| 1991 | 17 minutos | Fin Guerra Fría, desarme |
| 2025 | 89 segundos | Tensiones previas |
| 2026 | 85 segundos | Nucleares, clima, IA y guerras |
Este retroceso desde los 17 minutos de 1991 ilustra cómo hemos desperdiciado esperanzas pasadas. Los críticos pueden tildarlo de alarmista, pero su poder radica en condensar eras en segundos.
El reloj no es un mero artefacto de ciencia ficción; tiene sus raíces en el Proyecto Manhattan, donde Oppenheimer citó el Bhagavad Gita tras presenciar la primera explosión atómica: «Me he convertido en la muerte, destructor de mundos». En su inicio en 1947 se colocó a siete minutos; desde entonces ha avanzado en 27 ocasiones. ¿El récord? Fue en 1991 cuando Bush y Gorbachov firmaron tratados para el desarme nuclear. Hoy resulta irónico: Trump prometió paz para Ucrania; sin embargo, el reloj ignora buenas intenciones y mide hechos concretos.
Más en Ciencia
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home