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EDUCACIÓN Y CIENCIA EN LA PAU

La Selectividad y sus agujeros: el mismo examen y doce formas distintas de sufrirlo

La Selectividad comienza con exámenes variados según la comunidad, notables diferencias en Filosofía y un debate latente sobre el mérito, el azar y la equidad en el acceso a la universidad.

Periodista Digital 01 Jun 2026 - 09:32 CET
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Cada mes de junio se repite la misma escena: aulas abarrotadas, manos temblorosas, botellas de agua alineadas como soldados y un silencio denso que solo interrumpe el sonido del pasar de las hojas. Sin embargo, detrás de esta imagen tan tradicional se oculta una realidad mucho más heterogénea: la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) se asemeja cada vez más a un collage educativo donde el código postal tiene casi tanto peso como las horas dedicadas al estudio.

Este año, la Selectividad arranca en casi toda España con el primer examen ya realizado en Madrid, mientras que Castilla-La Mancha y Cataluña se incorporarán la semana próxima. En teoría, debería ser una prueba común para más de 300.000 estudiantes. Pero en la práctica, el sistema opera como un experimento inacabado, donde se han uniformado los nombres, pero no el contenido real de lo que se evalúa.

Un plan de homogeneización que se ha quedado a medias

El intento por unificar la PAU prometía «un examen común» coordinado entre comunidades y universidades. Lo que realmente se ha logrado:

Pero a partir de ahí, el supuesto tronco común se fragmenta. Cada comunidad ha organizado sus pruebas a su manera:

Así las cosas, dos estudiantes que obtienen un 9 en Filosofía en diferentes regiones pueden haber enfrentado pruebas que apenas tienen similitudes. Y esta disparidad es crucial cuando esas décimas pueden decidir entre entrar en Medicina o quedar relegados a una lista de espera.

Filosofía: desde disertar sobre Kant hasta aprobar con tipo test

Si hay una materia que refleja este caos, esa es sin duda Historia de la Filosofía. Teóricamente, su propósito es evaluar la capacidad para argumentar, relacionar conceptos y escribir con coherencia. Sin embargo, en la realidad coexisten al menos tres modelos distintos de examen:

El resultado es que en España hay alumnos que pueden destacar en Filosofía sin haber escrito nunca un texto extenso sobre figuras como Kant, Platón o Nietzsche, mientras otros deben enfrentarse a ejercicios que parecen pequeños ensayos académicos. La incómoda pregunta surge inevitablemente: ¿tiene el mismo valor un 8 obtenido en cualquier rincón del país?

Esta desigualdad también está relacionada con un viejo truco: descartar temario. En muchas pruebas aún es posible evitar partes enteras del programa. Si el examen permite elegir autores, corrientes o bloques temáticos, los estudiantes pueden calcular riesgos y estudiar solo una fracción del contenido total. Esto genera un efecto colateral curioso: un alumno con gran capacidad estratégica y buena memoria puntual puede competir con otro que domina todo el temario.

Mérito, azar y geografía: una ecuación complicada

Cada junio revive el debate: ¿la Selectividad realmente mide el mérito académico o es una mezcla donde intervienen factores como la suerte, la comunidad autónoma y la habilidad para gestionar el contenido?

El mensaje institucional es claro. Líderes políticos como Alberto Núñez Feijóo han lanzado mensajes públicos alentando a los estudiantes, recordando años de esfuerzo y apelando a una «España que os espera» y «confía en vosotros». Un discurso motivador sí, pero convive con la sensación compartida por muchos docentes y familias de que el sistema sigue dependiendo demasiado del lugar donde se realiza la prueba.

Este desequilibrio no es solo cuestión de justicia abstracta; afecta también a:

Mientras tanto, las universidades intentan ajustar criterios de admisión y ponderaciones para compensar parte de estas diferencias; sin embargo, sin una prueba realmente común es como intentar corregir un experimento científico usando instrumentos distintos.

Un vistazo científico a la Selectividad

Más allá del debate político, las pruebas de acceso se convierten en objeto de estudio dentro del ámbito psicológico y educativo. La investigación internacional sobre exámenes bajo presión revela varios patrones:

Además, algunos estudios neurocientíficos sugieren que los picos ansiosos antes del examen activan sistemas hormonales que afectan tanto la atención como la consolidación mnésica. No es simplemente «estar nervioso»: el cuerpo reacciona como si hubiera un peligro real presente, lo cual merma notablemente la capacidad para concentrarse.

Anécdotas, curiosidades y algún consuelo

Por otro lado, la Selectividad también está cargada de pequeñas historias curiosas que podrían encajar perfectamente en cualquier recopilación científica:

En definitiva, entre disparidades temáticas, tipos variados de exámenes y estrategias ingeniosas para sortear a los grandes pensadores, lo cierto es que la Selectividad parece ser un experimento vivo sobre cómo opera nuestra mente bajo presión. Y como ocurre en todo buen experimento científico, aquellos que lo experimentan personalmente acaban convirtiéndose—sin saberlo—en protagonistas indiscutibles de una etapa intensa e insólita dentro de su biografía académica.

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