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Hasta que comenzó la crisis, en Bruselas se decía a menudo que los tres grandes pilares sobre los que reposaba la aceptación popular de la Unión Europea eran la moneda única, la posibilidad de cruzar las fronteras sin visado ni pasaporte y las becas Erasmus.
A la crisis del euro y las propuestas para endurecer el control fronterizo se le suma ahora el tambaleo del programa Erasmus, que cumple 25 años con España como pieza clave.
Como explica Daniel Basteiro en el Huffington Post, la Comisión Europea se vio obligada a reconocer este 3 de octubre de 2012 que la partida dedicada a las becas Erasmus se arriesga a una «suspensión de pagos» por la excesiva austeridad de los presupuestos europeos.
En palabras de Patrizio Fiorilli, el portavoz de Presupuestos, se ha pagado la totalidad de las partidas a cargo de las cuentas públicas europeas entre enero y y septiembre y el 70% en lo que queda de año, por lo que quedan tres meses pendientes de financiar completamente.
En realidad, la Comisión se ha quedado sin fondos para todos los programas de movilidad (aunque Erasmus es el más visible, hay más, para profesores, para alumnos de FP, para prácticas en empresas) por lo que pedirá a finales de este mes a los países miembros una ampliación del presupuesto para poder pagar un tercio de la becas de aquí a final de año, porcentaje que ahora está en el aire.
Desde la Comisión señalan que no es raro hacer solicitudes de fondos extra antes de que termine el año, pero admiten que esta vez la cantidad que se pida será mayor.
En todo caso, aunque estos problemas se solventen en las próximas semanas, lo cierto es que la puesta en cuestión de estos emblemáticos programas supone una imagen muy poderosa de lo que la profunda crisis económica, los recortes y las desavenencias entre los países miembros y la Comisión están haciendo con el proyecto de la Unión.
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