Están de los nervios. es la primera vez, en muchos años, que se ven obligados a lidiar con un ministro de Educación del Gobierno de España seguro de lo que hace y con un plan firme, y los independentistas no saben por dónde tirar.
La consejera no ha salido muy tranquila. Todo lo contrario.
Tras permanecer en la salacon el resto de consejeros apenas hora y media, Irene Rigau se ha levantado, ha soltado un bufido y se ha marchado dando un portazoalegando que el texto de la reforma educativa es «inadmisible«.
Rigau ha reprochado al ministro Wert que añadiera una disposición adicional sobre las lenguas cooficiales en el último momento «sin ningún debate».
Ha reconocido la consejera catalana que Wert le había ofrecido un texto alternativo, que consistía en que hubiera que pasar una prueba de lengua cooficial para pasar de la ESO al Bachillerato y de éste a la Universidad.
Rigau se ha comprometido a enviarle un estudio jurídico de por qué invade las competencias del Estatuto y la ley educación de Cataluña.
Fuentes del Ministerio de Educación han indicado que Wert estaba dispuesto a negociar uno de los puntos más polémicos de la reforma: la obligación de financiar colegios privados si los públicos no podían ofrecer la enseñanza del castellano.
Antes de la reunión, Rigau había asegurado a ABC que el rechazo de la Generalitat a la reforma «no es un enfado personal, es una cuestión de país».
Rigau, que por la mañana ha rechazado la aplicación de la nueva norma y la ha tachado de inconstitucional, ha señalado:
«Desde el año 1978 la lengua castellana y la catalana han tenido el mismo trato curricular y de horario, algo que ningún ministro se ha atrevido a alterar. Es una tema de país. Es un tema de gobierno».
De esa manera, una vez más, Rigau se ha opuesto al anteproyecto de Ley de Mejora de la Calidad Educativa (Lomce), que blinda el castellano también en las escuelas catalanas.
Rigau, seguidamente, ha entrado a debatir, junto con el resto de los consejeros autonómicos de Educación, y frente al ministro, José Ignacio Wert, en la llamada Conferencia Sectorial.
La viceconsejera de Educación del País Vasco, Marian Ozcariz, también se ha mostrado muy en desacuerdo con la Lomce y, casi más, «con las formas».
Ha afirmado que Wert ha hecho el añadido sobre las lenguas cooficiales en el último momento.
Ella había estado en Madrid la semana pasada, negociando, y en el anteproyecto de la Lomce no había ninguna disposición sobre las lenguas autonómicas.
«Si antes se sobrepasaban las líneas rojas, ahora ni les cuento».
La viceconsejera de Canarias, Manuela Armas, ha calificado la Lomce de «impresentable y retrógrada».
«Esto va a ser una olla a presión, que va a tener enfrentando a todos los colectivos del sistema educativo. No entendemos muy bien por qué se hace».
«Hay otros problemas acuciantes»
Desde las filas del PP, el consejero de Educación de Castilla-La Mancha, Marcial Marín, ha pedido que el debate no se centre en la cuestión lingüística:
«Puesto que a la inmensa mayoría lo que le importa es que se acabe con otros problemas acuciantes, como el fracaso escolar y los malos resultados en la enseñanza».
Esa era también la postura de otros consejeros del PP, como el de La Rioja, Gonzalo Capellán de Miguel, y el de la consejera valenciana, María José Catalá, que se mostraba feliz porque el ministerio había aceptado sus propuestas (por ejemplo, no quitar el Bachillerato de Artes).
Respecto a la lengua, Valencia aceptaba el anteproyecto de la Lomce y lo único que iba a pedir era una corrección pequeña sobre el reconocimiento del valor académico del valenciano.
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