Cuántas veces hemos oído la expresión, «¡hay que dar ejemplo!».
Y es que el aprendizaje por modelos tiene una fuerza enorme. No solo en
lo referente a la conducta ética o social, sino también en numerosos aspectos de la vida del niño y su desarrollo.
Los valores, la creatividad, los hábitos alimentarios, el afrontamiento y la solución de problemas, las expectativas, el sentido de la vida y la autoestima, son algunos de los ámbitos especialmente sensibles a la proyección que ofrecemos como adultos.
Por supuesto que no es una ley absoluta.
Padres analfabetos tienen hijos aficionados a la lectura y a la inversa.
Esto ocurre por la multitud de factores que intervienen en el desarrollo.
Pero nuestra influencia como modelos ante los niños suele ser una herramienta muy potente.
¿Cómo ser modelos eficaces?
A través del respeto sincero que hemos obtenido del niño, bien sea general o tal vez específico respecto a algún aspecto de nuestra vida.
Más adelante trataremos el concepto del res- peto y volveremos a conectar con la importante ayuda que con el modelado podemos prestar a los niños.
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