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Esta habilidad social, que conecta directamente con la extroversión, se define como aquella que nos ayuda, respetando a los demás, a mostrar nuestras preferencias, exigir nuestros derechos y a conseguir objetivos mediante la correcta expresión de emociones y actitudes.
Como supondrá, un niño tímido difícilmente será asertivo, lo que abunda en la importancia de la extroversión.
Será en la preadolescencia cuando la asertividad, unida a los valores que hayamos transmitido, se manifieste como un potente protector frente a la manipula- ción externa y a los riesgos con que el joven entrará en contacto en proporción al nivel de independencia que vaya adquiriendo.
El desarrollo de la asertividad requiere, en función de su edad y autonomía, fomentar en el niño algunos valores relacionados con los siguientes:
- • Mantener su personalidad, su propio criterio
- • Sus necesidades son tan importantes como las de los demás
- • Su dignidad es la misma que la de los demás
- • Tiene derecho a rectificar
- • No tiene por qué justificarse ante los demás
- • No puede sentirse culpable por rechazar ofrecimientos
- • Respeto a las diferencias de los demás
Por otro lado, el lenguaje verbal y no verbal de la persona asertiva es muy importante. En este punto es decisivo el aprendizaje por modelos, así que muéstrese como ejemplo y también subráyele modelos de con- ducta asertiva que manifiesten:
- • Gestos relajados y amables
- • Mirada directa
- • Lenguaje firme pero sin vacilaciones ni gritos
- • Centrados en el problema y no en el conflicto
- • Sin imposiciones y escuchando al otro
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