(EFE)-. Bombones con forma de ballena y una gran tarjeta de San Valentín esperaban este miércoles a los representantes de países balleneros a la entrada de la reunión que mantienen en Japón para hablar sobre el futuro de la caza de estos cetáceos.
Bajo el lema ‘Lo normal es la protección’, se manifestaron los activistas de Greenpeace en Tokio como respuesta a la Conferencia para la Normalización de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), que organiza Japón con el fin de sumar apoyos para acabar con el memorando que prohíbe la caza de este mamífero marino desde 1982.
Los ecologistas trataron de repartir bombones con forma de ballena y entregar una tarjeta de felicitación de gran tamaño con el mensaje «amor para las ballenas» a los asistentes al encuentro, al coincidir hoy la conferencia con el día de San Valentín.
Según dijo Yunichi Sato, director de proyectos oceánicos de Greenpeace y asistente al encuentro como observador,
La reunión se está centrando en los derechos de los países pequeños para la caza de ballenas en sus costas y aún no se están discutiendo reformas en la Comisión Ballenera Internacional (CBI).
LA CULTURA DEL EXTERMINIO
La organización ecologista asegura que Japón caza más de 1.200 ejemplares de ballena al año y esconde sus verdaderas intenciones comerciales tras las denominadas ‘capturas científicas’.
Por su parte, la Asociación Ballenera Japonesa defiende la caza de estos cetáceos, pues «es parte de la cultura nipona» y la prohibición sobre las capturas y el consumo de su carne es igual que «pedir a los estadounidenses que dejen de comer hamburguesas o a los ingleses sus ‘fish and chips'».
Para Sato, este argumento es falaz, ya que «no es una tradición japonesa cazar ballenas en el océano Antártico», donde afirma que se producen la mayor parte de las capturas.
Además, el portavoz de Greenpeace en Tokio consideró que los ciudadanos nipones
Desconocen todo sobre la actividad ballenera japonesa y la mala imagen internacional de su país que genera.
Junto con Japón, Noruega e Islandia son los principales valedores de recuperar el comercio de estos cetáceos, bajo el argumento de que no todas las variedades de ballena están actualmente en peligro de extinción y, por tanto, se pueden capturar aquéllas cuya especie abunde.
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