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La conferencia de Bali emite tanto CO2 como Perú en un año

Periodista Digital 12 Dic 2007 - 09:11 CET
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(PD).- La conferencia del clima que se celebra estos días en Bali (Indonesia), un paso esencial en la lucha contra el cambio climático, tendrá curiosamente un impacto notable sobre la atmósfera.

Si se calcula que al menos 10.000 personas se han desplazado a la isla desde todos los rincones del planeta y que todas lo han hecho en avión, ello ha supuesto la emisión de unas 25.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2), prácticamente lo mismo que producen en un año países como Perú, Azerbaiyán o Ecuador.

«Esta conferencia genera realmente muchas emisiones de CO2 –asume Yvo de Boer, secretario ejecutivo de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático (UNFCCC)–, pero confío en que el acuerdo contribuirá a reducirlas mucho más».

Antonio Madridejos escribe en El Periódico que, aunque la organización ha puesto bicicletas gratuitas a disposición de los delegados –y también paraguas para protegerse del sol–, lo habitual es que la carretera que lleva al centro de convenciones, situado en la paradisiaca zona hotelera de Nusa Dua, sea un constante ir y venir de taxis, en gran parte modelos vetustos con tubos de escape humeantes.

Las 25.000 toneladas de CO2 se obtienen tras multiplicar 132 gramos, que es lo que aproximadamente emite por kilómetro cada pasajero de un avión –según cálculos de la Unión Europea–, por el citado número de participantes y por 20.000 kilómetros, que es la distancia de ida y vuelta que, de media, han realizado cada uno de ellos.

Es cierto que algunos han llegado desde mucho más cerca, pero buena parte de las delegaciones y el grueso de la prensa y de las oenegés proceden de Europa y EEUU. De España a Bali hay cerca de 14.000 kilómetros. No son las antípodas, pero casi.

AIRE ACONDICIONADO
El aire acondicionado no es habitual en los taxis de Bali pese a las temperaturas y la humedad sofocantes, pero en las habitaciones de los lujosos hoteles y en algunas estancias del centro de convenciones hace incluso frío.

Un cálculo de la propia UNFCC, incluyendo el consumo energético y los transportes internos, eleva la cantidad de dióxido de carbono generado a 47.000 toneladas, equivalente entonces a la producción anual de Suecia o Marruecos. Bangladés, con cerca de 140 millones de habitantes, quedaría a continuación con 34 millones de toneladas.

No obstante, varias delegaciones y asociaciones han decidido mitigar su huella ecológica. Así, según ha informado la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, el Gobierno español compensará las emisiones de CO2 atribuibles al desplazamiento de su delegación –40 personas, entre técnicos y responsables ministeriales y autonómicos– participando en un programa de desarrollo ecológico.

El programa de ayuda, dotado con 2.800 euros –10 por cada tonelada emitida, que es el precio internacional de referencia–, consistirá en la rehabilitación de una minicentral hidroeléctrica en la isla indonesia de Sumatra. Los cinco miembros de la delegación catalana, incluida dentro de la española, también habían decidido compensar sus emisiones acudiendo a otro proyecto ecológico en el mercado europeo de emisiones.

Joaquín Nieto, delegado de Medio Ambiente del sindicato Comisiones Obreras, también presente en Bali, afirma que el tráfico aéreo, que ya representa el 2% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono, acabará incorporando inevitablemente algún impuesto para contrarrestar su huella ecológica.

Por ahora, lo más cercano es una propuesta de la Unión Europea para que las aerolíneas sean incluidas en la directiva comunitaria sobre emisiones. «¿Por qué está dentro actualmente una cementera y no una compañía aérea que puede contaminar lo mismo?», se pregunta.

TAXI SOLAR
Aquí, el único que cumple es el taxi solar del profesor suizo Louis Palmer, que ha llegado a Bali tras recorrer 14.000 kilómetros en cinco meses. Está formado por un vehículo de tres ruedas, con capacidad para dos pasajeros, y un remolque de seis metros cuadrados repleto de paneles solares.

Cuando se cargan las baterías, el taxi puede recorrer un centenar de kilómetros.

«Si yo, que no tenía ni idea de tecnología, he construido esto y puedo recorrer el mundo sin usar ni una gota de petróleo –explica Palmer–, mire las cosas que podrían hacer los ministros si se lo propusieran».

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