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Tenemos mucho que envidiarles

Periodista Digital 17 Dic 2007 - 02:41 CET
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(PD).- Siempre nos hemos sentido superiores a ellos, al resto de los animales (y digo al resto porque nosotros también lo somos), pero poseen muchas capacidades que casi parecen ciencia ficción. Muchos ven en la oscuridad, pueden oler a sus presas a kilómetros de distancia o detectar las descargas eléctricas procedentes de los músculos de sus presas escondidas…

Con respecto al mundo marino, algunas clases de tiburones tienen la gran habilidad de capturar presas aún estando escondidas bajo la arena, simplemente por las débiles señales eléctricas que emiten sus músculos en tensión.

Ciertos mamíferos también muestran habilidades sorprendentes. Los murciélagos evitan los obstáculos y capturan insectos al vuelo gracias a la emisión de unos ultrasonidos que rebotan en los objetos que tienen a su alrededor. Esto lleva el nombre de «eco-ubicación» y también es utilizado por los delfines para navegar en aguas oscuras o turbias.

Los gatos tienen una membrana tipo espejo en la parte trasera de sus ojos lo que les permite cazar y moverse en una oscuridad casi total. Dicha membrana refleja la luz después de que esta haya atravesado la retina, dándole a los ojos otra oportunidad de atrapar los fotones a medida que realizan su segundo paso.

La mayoría de las ratas utilizan sus bigotes, también llamados detectores, para formar imágenes mentales mediante el tocamiento de estos pelos por encima de los objetos sobre los que van pasando.

Reptíles como las boas poseen unos órganos sensibles a la temperatura localizados entre los ojos y la nariz, lo que les permite sentir el calor corporal de sus presas. Pueden percibir la profundidad y atacar con una exactitud mortal aún en la más completa oscuridad.

Muchos pájaros, en especial los migratorios, son capaces de usar el campo magnético de la Tierra para mantenerse en curso durante sus largos vuelos. Los científicos aún no están seguros de cómo lo hacen. Los humanos dependemos de señales familiares o de la posición del Sol para localizar el norte y muchos ni siquiera esto saben hacer.

El término de «el amor flota en el aire» es algo que es tomado literalmente por las mariposas nocturnas o polillas. Estos insectos pueden detectar señales de amor químicas emitidas por el sexo opuesto desde una distancia de hasta 10 kilómetros. Algunos estudios muestran que los humanos también detectamos estas feromonas, pero parece ser que el efecto requiere de encuentros muy cercanos.

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