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Los emperadores del hielo: más allá del esmoquin

La pareja de pingüinos pasea ‘de la mano’ por la playa

Estas aves no voladoras son maestras de la adaptación en los entornos más extremos del planeta

Fernando Veloz Actualizado: 27 Sep 2025 - 05:22 CET
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El vídeo en el que dos pingüinos pasean ‘de la mano’ por la costa de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) ha conmovido a muchas personas desde que fue publicado en Twitter.

En ese documento gráfico parece que las aves se miran con ternura mientras caminan por la orilla de una playa.

Estas aves no voladoras demuestran ser maestras de la adaptación en los entornos más extremos del planeta

Los pingüinos, esas carismáticas aves con traje de etiqueta, han cautivado nuestra imaginación durante décadas.

Sin embargo, más allá de su apariencia elegante y su peculiar forma de caminar, estos habitantes de los mares del sur esconden una serie de adaptaciones y comportamientos que los convierten en verdaderos prodigios de la evolución.

Como biólogo marino especializado en aves antárticas, he tenido el privilegio de estudiar de cerca a estas fascinantes criaturas.

Y déjenme decirles, cada día me sorprenden más. Pensemos por un momento en lo que significa ser un pingüino: has renunciado a volar, vives en algunos de los lugares más inhóspitos del planeta, y tu dieta consiste principalmente en peces resbaladizos y calamares escurridizos.

No suena como la vida más fácil, ¿verdad? Y sin embargo, los pingüinos no solo sobreviven, sino que prosperan en estas condiciones.

Empecemos por desmontar algunos mitos. Contrario a la creencia popular, los pingüinos no son exclusivos de la Antártida.

De hecho, de las 18 especies existentes, solo unas pocas viven en el continente helado. Algunas especies, como el pingüino de Galápagos (Spheniscus mendiculus), han conseguido adaptarse a climas tropicales. Imaginen por un momento a estos pequeños aventureros, con su traje de gala, tomando el sol en las playas de las Islas Galápagos. Es como si alguien hubiera decidido ir a una fiesta en la playa con esmoquin.

Pero hablemos de adaptaciones serias. Los pingüinos han desarrollado una serie de características físicas que los convierten en auténticos submarinistas olímpicos. Sus alas, que alguna vez les permitieron surcar los cielos, se han transformado en aletas perfectamente diseñadas para «volar» bajo el agua. Y cuando digo volar, no exagero. Algunas especies, como el pingüino gentú (Pygoscelis papua), pueden alcanzar velocidades de hasta 36 km/h bajo el agua. Para ponerlo en perspectiva, eso es más rápido que muchos nadadores olímpicos humanos.

Pero la velocidad no es nada sin resistencia. Los pingüinos emperador (Aptenodytes forsteri), los gigantes del grupo, pueden sumergirse a profundidades de más de 500 metros y permanecer bajo el agua durante más de 20 minutos. ¿Cómo lo logran? Su secreto está en la sangre. Literalmente. Los pingüinos han desarrollado una hemoglobina especial que les permite almacenar más oxígeno que otras aves. Además, pueden reducir su ritmo cardíaco drásticamente durante las inmersiones, conservando energía y oxígeno.

Y hablando del pingüino emperador, no podemos dejar de mencionar su increíble resistencia al frío. Estas aves soportan temperaturas de hasta -60°C y vientos de 200 km/h durante los inviernos antárticos. ¿Su truco? Una combinación de plumas densas, una gruesa capa de grasa y un sistema de circulación sanguínea que les permite regular la temperatura de sus extremidades de forma independiente. Es como si tuvieran un termostato incorporado para cada parte de su cuerpo.

Pero los pingüinos no solo son maestros de la adaptación física, también son expertos en comportamiento social. La mayoría de las especies son monógamas, formando parejas que pueden durar toda la vida. Y cuando se trata de criar a sus polluelos, son padres ejemplares. Los machos de algunas especies, como el pingüino emperador, incuban el huevo durante meses en condiciones extremas, sin comer, mientras las hembras se van al mar a alimentarse.

Este comportamiento de crianza es particularmente fascinante. Imaginen la escena: cientos de machos, apiñados en una gran «guardería» de hielo, cada uno con un huevo preciosamente equilibrado sobre sus patas, protegiéndolo del frío con un pliegue de piel. Mientras tanto, las hembras recorren cientos de kilómetros nadando en busca de alimento. Cuando regresan, deben encontrar a su pareja entre miles de pingüinos aparentemente idénticos. Lo logran gracias a un sistema de llamadas únicas, tan preciso que podría hacer palidecer a cualquier sistema de reconocimiento de voz creado por humanos.

Pero no todo es trabajo duro y supervivencia en el mundo de los pingüinos. Estas aves también tienen su lado romántico y, a veces, cómico. Durante el cortejo, algunas especies de pingüinos regalan piedras a sus parejas potenciales. Sí, has leído bien, piedras. En un entorno donde las piedras son esenciales para construir nidos elevados que protejan los huevos del agua fría y el lodo, una buena piedra es un regalo muy apreciado. Es como si en el mundo humano regaláramos ladrillos para San Valentín. Poco convencional, pero muy práctico.

Y hablando de comportamientos curiosos, ¿sabías que los pingüinos pueden ser bastante traviesos? Se han observado casos de pingüinos Adelia (Pygoscelis adeliae) robando piedras de los nidos de sus vecinos cuando estos no están mirando. Es como un juego de Monopoly, pero con piedras en lugar de propiedades.

Pero no todo es diversión y juegos en el mundo de los pingüinos. Estas aves enfrentan serias amenazas debido al cambio climático y la sobrepesca. El aumento de las temperaturas está afectando la disponibilidad de hielo marino, crucial para muchas especies de pingüinos. Además, la competencia con la pesca industrial por los recursos alimenticios está poniendo presión adicional sobre estas poblaciones.

Sin embargo, los pingüinos han demostrado una y otra vez su capacidad de adaptación. Algunas colonias están cambiando sus patrones de migración y reproducción en respuesta a las cambiantes condiciones ambientales. Es un testimonio de la resiliencia de estas extraordinarias aves.

En conclusión, los pingüinos son mucho más que aves graciosas con traje de etiqueta. Son supervivientes tenaces, padres dedicados y navegantes expertos que han conquistado algunos de los entornos más desafiantes de nuestro planeta. Su estudio no solo nos proporciona información valiosa sobre la adaptación y la evolución, sino que también nos recuerda la importancia de proteger los ecosistemas marinos y polares.

La próxima vez que veas un pingüino, ya sea en un documental o en un zoológico, recuerda que estás mirando a un verdadero maestro de la supervivencia. Un animal que ha renunciado a los cielos para dominar los mares, que soporta temperaturas bajo cero con un «traje» que nunca se quita, y que nos demuestra que, a veces, para triunfar en la vida, todo lo que necesitas es determinación, un buen par de aletas y, quizás, algunas piedras bien elegidas.

Curiosidades:

  1. Los pingüinos mudan todas sus plumas una vez al año, quedándose prácticamente «desnudos» durante el proceso.
  2. Algunas especies de pingüinos pueden hacer saltos de hasta 2 metros de altura para salir del agua.
  3. Los pingüinos tienen glándulas especiales que les permiten beber agua de mar, filtrando el exceso de sal.
  4. El pingüino emperador puede mantener una temperatura corporal de hasta 40°C, incluso en los ambientes más fríos.
  5. Los pingüinos no tienen dientes, pero sí tienen espinas en la lengua y el paladar que les ayudan a tragar peces enteros.
  6. Existe un Día Internacional del Pingüino, que se celebra el 25 de abril.
  7. Los pingüinos tienen un excelente sentido del oído bajo el agua, lo que les ayuda a localizar a sus presas.
  8. Algunas especies de pingüinos pueden bucear a profundidades de más de 500 metros.
  9. Los pingüinos son aves, pero sus huesos son más densos que los de las aves voladoras, lo que les ayuda a bucear.
  10. Se han observado casos de parejas de pingüinos del mismo sexo adoptando y criando polluelos huérfanos.

CAMBIO CLIMÁTICO

La organización conservacionista Greenpeace ha informado de que la reducción de las poblaciones de estas aves en la Antártida está siendo más drástica de lo esperado.

Los científicos que acompañan a la ONG en su expedición «De Polo a Polo» han encontrado disminuciones drásticas de las colonias que pueblan el continente antártico.

Los expertos han analizado 35 poblaciones de pingüinos barbijo (Pygoscelis antarcticus), y han llegado a conclusiones alarmantes: las colonias se han reducido de media un 60% desde el último conteo realizado en 1971, aunque en algunos casos esa reducción es mucho más acusada, llegando al 77%.

Los datos obtenidos apuntan a un total de 52.786 parejas reproductoras, una población muchísimo más baja de las 122.550 parejas que apuntaban encuestas anteriores.

“Estas significativas disminuciones sugieren que el ecosistema del océano Austral ha cambiado especialmente en el último medio siglo y que este cambio está afectando a la cadena alimentaria de especies como los pingüinos barbijo. Todas las pruebas que tenemos apuntan al cambio climático como responsable de los cambios que estamos viendo ”, señala la doctora Heather J. Lynch, catedrática de Ecología y Evolución de la Universidad de Stony Brook de Nueva York e investigadora principal de la expedición.

El anuncio coincide con otra noticia devastadora: el pasado día El pasado día 8 de febrero, la Antártida batía su récord histórico de temperatura máxima,alcanzando los 18,3ºC, según las mediciones de la base argentina Esperanza. El récord anterior, de 17,5ºC, había sido fijado en marzo del 2015.

El equipo de científicos de las Universidades de Stony Brook y Northeastern, también ha estado examinando una serie de colonias bastante significativa de pingüinos barbijo pero relativamente desconocidas en la isla Low, utilizando técnicas de topografía manual, drones e inteligencia artificial. Esta es la primera vez que la isla, que se cree que tiene alrededor de 100.000 parejas reproductoras de pingüinos barbijo, ha sido muestreada adecuadamente desde tierra.

Tratado Global de los Océanos

“Un mundo con menos pingüinos es un lugar peor. A medida que la fauna lucha por su supervivencia, tenemos que establecer urgentemente santuarios libres de actividad humana dañina, no solo en la Antártida, sino en todos los océanos para que puedan adaptarse a nuestro clima tan, rápidamente, cambiante. Para hacer eso, es imperativo que los gobiernos acuerden un Tratado Global de los Océanos este año”, ha declarado Pilar Marcos, bióloga marina de Greenpeace.

La expedición ha estado documentando durante más de un año las amenazas a los océanos del mundo como parte de una campaña para demandar la creación de un santuario marino el 30% de los océanos del planeta para 2030.

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