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investigadores rigurosos son cautelosos ante afirmaciones difíciles de verificar experimentalmente.
Por otro, la acumulación de evidencias anecdóticas, históricas y en algunos casos documentadas científicamente sobre la capacidad de ciertas especies para anticipar catástrofes naturales es demasiado consistente para descartarla sin más.
La pregunta no es si los animales perciben algo que los humanos no perciben. Es qué perciben exactamente, cómo lo perciben y si esa percepción puede ser útil para los sistemas de alerta temprana que todavía necesitamos mejorar.
Los ejemplos que la historia ha documentado
Los registros más antiguos sobre el comportamiento animal previo a catástrofes naturales se remontan al año 373 a.C. en la Grecia clásica: el historiador Diodoro Sículo documentó cómo ratas, serpientes, comadrejas y otros animales abandonaron masivamente la ciudad de Helice cinco días antes de que un terremoto la destruyera completamente.
El caso más citado y más estudiado en la historia moderna es el del tsunami del océano Índico de diciembre de 2004, que mató a casi 230.000 personas en catorce países. En Sri Lanka y en el Parque Nacional Yala, uno de los más visitados de la isla, los rangers reportaron que prácticamente ningún animal salvaje murió en el desastre a pesar de que sus hábitats fueron arrasados por las olas. Elefantes, leopardos, búfalos acuáticos y jabalíes habían huido hacia las zonas elevadas horas antes de que el tsunami llegara. Los turistas que los siguieron intuitivamente sobrevivieron. Los que se quedaron en la costa, no.
En China, antes del devastador terremoto de Haicheng de 1975, el comportamiento inusual de serpientes que salían de su hibernación en pleno invierno para morir congeladas en la superficie, junto con la agitación de animales domésticos y de granja, llevó a las autoridades a evacuar la ciudad. El terremoto de magnitud 7,3 ocurrió pocas horas después. La evacuación salvó miles de vidas. Fue uno de los pocos casos en la historia en que una predicción de terremoto permitió una evacuación preventiva exitosa. Un año después, el terremoto de Tangshan, de magnitud 7,8, mató a más de 240.000 personas sin señales previas detectadas en los animales, lo que ilustra perfectamente la inconsistencia del fenómeno.
Antes del terremoto de L’Aquila en Italia en 2009, que mató a 309 personas, los investigadores documentaron que una colonia de sapos que normalmente utilizaba un estanque cercano al epicentro lo abandonó completamente cinco días antes del terremoto. El 96% de los machos desapareció del lugar antes del primer gran temblor, un comportamiento tan inusual en esa especie que los científicos lo documentaron en el Journal of Zoology.
Lo que los animales pueden estar percibiendo
Los mecanismos que explicarían la capacidad de los animales para anticipar catástrofes no son misteriosos ni sobrenaturales. Son extensiones de sus capacidades sensoriales ordinarias, que en muchos casos superan ampliamente las humanas.
Las ondas sísmicas de baja frecuencia son una de las explicaciones más sólidas. Antes de un terremoto mayor, las fallas producen microtemblores y ondas de muy baja frecuencia que los instrumentos de la época no detectaban pero que animales con mayor sensibilidad a las vibraciones del suelo pueden percibir con antelación considerable. Los elefantes, que se comunican mediante infrasonidos y que perciben las vibraciones del suelo a través de sus patas, tienen una sensibilidad a este tipo de señales que está bien documentada científicamente.
Los cambios en el campo electromagnético son otro mecanismo propuesto. Antes de los terremotos, las tensiones en las rocas producen cambios medibles en el campo electromagnético local. Muchas especies tienen receptores de campos magnéticos: las palomas mensajeras los usan para la orientación, las ballenas para la navegación, los tiburones para la detección de presas. Esos mismos receptores podrían ser sensibles a los cambios electromagnéticos que preceden a los terremotos.
Los gases que emergen del subsuelo antes de las rupturas geológicas, como el radón, podrían ser detectados por animales con un olfato mucho más desarrollado que el humano. Los perros, cuyo olfato es entre 10.000 y 100.000 veces más sensible que el nuestro, podrían percibir esos cambios químicos en el aire o en el agua mucho antes de que alcancen concentraciones detectables por los instrumentos.
Los cambios en la ionosfera que preceden a grandes terremotos producen también alteraciones en las ondas de radio de baja frecuencia que animales con sensibilidad electro-receptora, como los tiburones o las rayas, podrían detectar.
Los infrasónidos que generan los tornados, los tsunamis y otras catástrofes atmosféricas u oceánicas antes de ser visibles viajan a gran velocidad y son percibidos por muchas especies que pueden oírlos. Los perros pueden oír frecuencias de hasta 65.000 Hz, los gatos de hasta 79.000 Hz, los murciélagos de hasta 200.000 Hz. Esas capacidades auditivas ampliadas pueden convertirlos en detectores naturales de señales que los humanos simplemente no pueden escuchar.
Los diez animales con mayor sexto sentido documentado
1. Elefantes
Son posiblemente el animal con mayor capacidad documentada para anticipar catástrofes. Su detección de infrasonidos y vibraciones del suelo a través de las almohadillas de sus patas les permite percibir señales sísmicas y sonoras a distancias de cientos de kilómetros. El abandono masivo de la zona costera de Sri Lanka antes del tsunami de 2004 es el ejemplo más citado, pero hay decenas de registros de comportamiento inusual de elefantes antes de terremotos en toda Asia y África.
2. Perros
La combinación de olfato extraordinario, audición de alta frecuencia y sensibilidad a los campos electromagnéticos convierte a los perros en uno de los animales con mayor capacidad de detección precoz de catástrofes. Los registros de comportamiento inusual de perros antes de terremotos son los más numerosos de cualquier especie en la literatura científica. En Japón, donde los terremotos son frecuentes y el registro histórico es extenso, hay documentación sistemática de cambios de comportamiento canino horas o días antes de los grandes temblores.
3. Serpientes
Su sensibilidad a las vibraciones del suelo es extraordinaria: perciben los microtemblores que preceden a los terremotos con una antelación que puede ser de días. El caso de las serpientes de Haicheng que salieron de la hibernación en pleno invierno es el ejemplo más dramático, pero los herpetólogos han documentado comportamientos similares en múltiples especies antes de terremotos en China, Japón y América Central.
4. Tiburones
En 2001, antes del huracán Gabrielle que azotó Florida, investigadores que monitorizaban tiburones toro en aguas costeras con transmisores de seguimiento registraron cómo los animales huyeron hacia aguas profundas con 24 horas de antelación antes de que los instrumentos meteorológicos detectaran la aproximación del huracán. La sensibilidad electro-receptora de los tiburones, mediante sus ampollas de Lorenzini, les permite detectar cambios en los campos electromagnéticos que preceden a las tormentas.
5. Sapos y anfibios
El caso de los sapos de L’Aquila es el más documentado científicamente, pero la sensibilidad de los anfibios a los cambios en la química del agua y del suelo que preceden a los terremotos está siendo investigada activamente. Los anfibios son también extremadamente sensibles a los cambios en los campos electromagnéticos y a la emisión de gases del subsuelo, lo que los convierte en posibles bio-sensores naturales de actividad sísmica.
6. Pájaros
En 2014, investigadores de la Universidad de Tennessee documentaron cómo una colonia de reinitas doradas abandonó su zona de reproducción en los Apalaches con 24 horas de antelación antes de que una serie de tornados devastadores azotara la región. Los pájaros habían recorrido más de 700 kilómetros para alejarse de la zona antes de que ningún pronóstico meteorológico identificara el riesgo. La explicación más plausible es la detección de infrasonidos generados por los sistemas de tormentas en desarrollo.
7. Vacas y ganado bovino
Los ganaderos de zonas sísmicas han documentado durante siglos la agitación del ganado antes de los terremotos. Estudios realizados en Alemania monitorizando el movimiento de vacas mediante acelerómetros han encontrado correlaciones estadísticamente significativas entre aumentos en la actividad física nocturna del ganado y la ocurrencia de terremotos en los días siguientes.
8. Gatos
Su audición de alta frecuencia y su sensibilidad a las vibraciones del suelo los convierten en detectores naturales de microtemblores. En Japón existe toda una tradición de observación del comportamiento felino como indicador sísmico, y hay aplicaciones móviles japonesas que recogen informes de comportamiento inusual de gatos para generar alertas sísmicas basadas en inteligencia colectiva animal.
9. Abejas
Las colonias de abejas muestran comportamientos inusuales antes de tormentas severas, terremotos y erupciones volcánicas. Su sensibilidad a los campos electromagnéticos y a los cambios en la presión atmosférica las convierte en bio-sensores naturales de interés creciente para los investigadores. En Italia, estudios realizados cerca del Vesubio han documentado cambios en el patrón de vuelo de las colonias de abejas antes de aumentos en la actividad sísmica local.
10. Ballenas y delfines
Los varamientos masivos de cetáceos en las costas han sido correlacionados en múltiples estudios con la actividad sísmica submarina y con los cambios en los campos magnéticos oceánicos. La capacidad de los cetáceos para detectar infrasonidos a grandes distancias y su sensibilidad a los campos magnéticos los convierten en posibles indicadores de catástrofes submarinas con gran antelación.
El futuro: los animales como sistema de alerta temprana
El Centro Alemán de Investigación de Geociencias (GFZ) lleva años desarrollando el proyecto ICARUS (del inglés International Cooperation for Animal Research Using Space), que coloca transmisores miniaturizados en animales de diferentes especies en zonas sísmicamente activas para monitorizar sus movimientos en tiempo real desde el espacio.
Los primeros resultados, publicados en 2020, encontraron que los animales monitorizados mostraban cambios de comportamiento estadísticamente significativos en las horas previas a los terremotos, con una antelación mayor cuanto más cerca vivían del futuro epicentro. El proyecto continúa expandiéndose y podría convertirse en el primer sistema de alerta sísmica basado en comportamiento animal con cobertura global.
La ironía es que durante milenios los seres humanos vivieron en contacto suficientemente estrecho con los animales como para observar esos comportamientos y actuar en consecuencia. La urbanización y la industrialización nos han alejado de esa observación cotidiana justo cuando la tecnología nos permite documentarla y analizarla con una precisión sin precedentes.
Los animales llevan millones de años leyendo la Tierra. Quizás es hora de que empecemos a escucharlos con más atención.
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