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Unos tarados.
Y encima fanáticos y con poder.
Imagina una ciudad en la que el sonido dominante no es el piar de los gorriones al alba, sino el estrépito de miles de ollas y sartenes golpeadas sin descanso.
No, no es el inicio de un festival culinario, sino una escena real que tuvo lugar en la China comunista de finales de los años 50.
Allí, bajo el mandato férreo de Mao Zedong, se desató una persecución implacable contra unos pequeños pájaros que, hasta entonces, solo habían sido protagonistas discretos del paisaje urbano y rural: los gorriones.
La historia podría parecer un mal chiste si no fuera por sus trágicas consecuencias.
Los habitantes, armados con palos, piedras y mucho entusiasmo revolucionario, se lanzaron a exterminar a estos pájaros considerados por las autoridades como una de las «Cuatro Plagas» responsables del hambre nacional. Lo que siguió fue un auténtico apocalipsis aviar: cientos de millones de gorriones murieron en calles, parques y campos; algunos literalmente caían del cielo agotados por no poder posarse ni un segundo sin ser acosados.
El Gran Salto Adelante… hacia el desastre
La campaña formaba parte del ambicioso (y desastroso) «Gran Salto Adelante», lanzado en 1958. El objetivo era modernizar a marchas forzadas la economía china y aumentar la producción agrícola. Según la lógica oficial, los gorriones se zampaban toneladas de grano cada año; erradicarlos sería una forma sencilla de aumentar la cosecha. Pero como suele ocurrir cuando se juega a ser Dios con la naturaleza, el tiro salió por la culata.
En solo unas semanas, la población de gorriones fue prácticamente aniquilada en vastas regiones. Sin embargo, lejos de mejorar las cosechas, sucedió lo impensable: al desaparecer este eslabón fundamental del ecosistema, las plagas de insectos —especialmente langostas— se multiplicaron sin control. Sin sus depredadores naturales, estos insectos arrasaron cultivos enteros, agravando aún más la escasez alimentaria y contribuyendo a una hambruna que costó la vida a decenas de millones de personas.
“Incluso los pájaros que lograron sobrevivir a la matanza inicial fueron perseguidos por las gentes… golpeaban ollas y sartenes desde el alba hasta el anochecer… llevándolos a perecer de puro agotamiento”.
El desastre fue tan colosal que años después se considera uno de los mayores errores ecológicos inducidos por el hombre en toda la historia contemporánea.
¿Por qué los gorriones son tan importantes para el ecosistema?
Lejos de ser simples saqueadores de grano como pensaba Mao Zedong, los gorriones desempeñan funciones vitales en cualquier entorno:
- Controlan poblaciones de insectos perjudiciales para la agricultura.
- Dispersan semillas que favorecen la regeneración vegetal.
- Son parte esencial en la cadena alimentaria para otros animales.
La eliminación masiva alteró este delicado equilibrio, demostrando que subestimar su papel puede tener consecuencias catastróficas para todo el ecosistema.
¿Están en peligro de extinción los gorriones hoy?
Aunque tras aquel episodio China tardó décadas en recuperar sus poblaciones silvestres, la amenaza para los gorriones no terminó allí. En países como España —donde el gorrión común es casi un símbolo nacional— se ha detectado un preocupante declive: la población ha caído un 20% en los últimos 25 años, lo que equivale a la desaparición de entre 6 y 7 millones de ejemplares. Según organizaciones conservacionistas como SEO/BirdLife, factores como la contaminación urbana, la pérdida de hábitat o el uso indiscriminado de pesticidas están detrás de esta tendencia.
El caso del gorrión alpino, presente en las montañas del norte peninsular y candidato a Ave del Año 2025 por su alarmante descenso poblacional, es especialmente paradigmático. Se estima que su número reproductor está ya por debajo del umbral considerado vulnerable según criterios internacionales.
Si bien no todos los tipos de gorrión están formalmente catalogados como «en peligro crítico», sí existen señales inequívocas de amenaza creciente debido al deterioro ambiental global y local. La desaparición progresiva del gorrión debe interpretarse como una señal temprana —y preocupante— sobre el estado general del entorno urbano y natural.
¿Son un peligro para los humanos?
La imagen idílica del gorrión saltando entre terrazas y plazas contrasta con su percepción como plaga en ciertas circunstancias. En entornos urbanos densamente poblados o zonas industriales, algunas especies pueden convertirse en molestas cuando sus bandadas crecen desmesuradamente. Sus excrementos pueden dañar infraestructuras o suponer riesgos sanitarios menores —por ejemplo, transmisión ocasional de parásitos— pero ni mucho menos representan una amenaza seria o directa para las personas.
En realidad, la presencia del gorrión suele considerarse un indicador positivo: cuanto más abundantes sean estas aves pequeñas y adaptables en una ciudad o campo, mejor será la calidad ambiental (aire limpio, agua potable y diversidad biológica). La percepción negativa solo aparece cuando las condiciones favorecen su sobrepoblación puntual o cuando entran en conflicto con actividades humanas muy concretas.
Los gorriones: supervivientes urbanos (y rurales) con habilidades sorprendentes
Los gorriones —con especial mención al común (Passer domesticus)— son auténticos supervivientes que han sabido adaptarse a casi cualquier rincón habitado por humanos. De hecho:
- Son capaces de reconocer rostros humanos habituales.
- Modifican sus cantos según el entorno acústico urbano.
- Pueden aprender rutinas humanas para encontrar alimento.
En España siguen siendo compañeros habituales en plazas y terrazas. Eso sí: cada vez resulta más difícil verlos revolotear en bandadas tan numerosas como antaño.
Curiosidades sobre los gorriones
- El gorrión común puede vivir hasta 13 años… aunque pocos superan los 5 debido a depredadores y peligros ambientales.
- Son capaces de reproducirse varias veces al año: una pareja puede sacar adelante hasta tres o cuatro nidadas cada temporada.
- Su nombre científico (Passer domesticus) subraya su estrecha relación con las casas humanas… ¡y con nuestro pan!
- En algunos países asiáticos se consideran símbolo de buena suerte; paradójicamente fueron perseguidos hasta casi su exterminio en China.
- Su canto cambia según aprendan unos de otros: hay “dialectos” locales entre bandadas urbanas distintas.
Así pues, pocas especies ilustran mejor cómo nuestras acciones pueden inclinar la balanza ecológica… para bien o para mal. Los gorriones nos recuerdan día tras día —con sus trinos madrugadores— que proteger al más humilde puede ser clave para mantener nuestro propio bienestar.
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