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CIENCIA Y EVOLUCIÓN EN LA ZONA DE EXCLUSIÓN

Los científicos analizan a 300 perros de Chernóbil y sentencian que no son ya perros

Poblaciones diferenciadas, adaptaciones sorprendentes y un ecosistema que se reordena sin humanos

Alex MacKenzie 12 Ago 2025 - 21:46 CET
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Son los efectos de la radiación.

Y ahora con datos concretos.

El desastre de Chernóbil ocurrió el 26 de abril de 1986 en Ucrania, tras la explosión del reactor 4 de la central nuclear.

La Zona de Exclusión, un área de 30 km² alrededor, quedó desierta por la radiación, evacuando a unas 116,000 personas.

La ausencia humana permitió un auge de vida silvestre. Lobos, ciervos, jabalíes, osos y linces prosperan, con poblaciones más densas que en áreas no contaminadas. La radiación afecta, pero la naturaleza se recupera sorprendentemente.

Un caso particular es el de la fauna doméstica: Perros y gatos abandonados formaron poblaciones asilvestradas.

Los perros, en particular, han sobrevivido, adaptándose con cruces entre razas y mostrando resistencia a la radiación, pero con curiosidades que -casi 40 años después- ponen los pelos de punta.

Decir que los perros de Chernóbil “ya no son perros” suena a titular provocador, pero apunta a una realidad más sutil: esas poblaciones caninas, aisladas durante décadas en un entorno extremo, se han diferenciado genéticamente respecto a los perros urbanos y rurales convencionales, con señales de adaptación y cuellos de botella que reescriben su historia reciente.

En el corazón de la zona de exclusión, y en la ciudad cercana, investigadores han cartografiado su ADN para entender qué ha cambiado, cómo y por qué.

A día de hoy, 12 de agosto del 2025, los estudios más citados describen al menos dos o tres agrupaciones genéticas entre los canes que viven junto a la central y los que merodean por la ciudad de Chernóbil o por Slavutich, a 45 kilómetros, con poco intercambio entre ellas y huellas de razas de pastoreo europeas y de perros de trabajadores, como bóxer o rottweiler.

Esta estructura poblacional, fruto del aislamiento y de dinámicas locales, es clave para interpretar los cambios que observamos.

 

Qué dice la genética y qué no dice

En otras palabras, la señal genética existe, es rica y fascinante, pero asignarla exclusivamente a la radiación sería precipitado. La evolución es multifactorial, y Chernóbil ofrece un escenario singular en el que aislamiento, selección y azar actúan a la vez.

La vuelta de la vida a Chernóbil: ecosistema sin humanos

Paradójicamente, la zona de exclusión se ha convertido en un refugio para la fauna salvaje en ausencia de presión humana directa. Lobos, linces, osos y caballos de Przewalski han recolonizado, mientras los perros conviven con trabajadores y científicos, y reciben apoyo veterinario de organizaciones como Clean Futures Fund. Esta “desantropización” reordena las cadenas tróficas y permite observar dinámicas ecológicas que en otros lugares quedan ocultas por nuestra presencia.

¿Son “perros” o algo distinto?

Desde un punto de vista biológico, siguen siendo perros domésticos, Canis lupus familiaris. Lo que cambia es su “biografía genética” reciente: poblaciones con baja migración, efectos fundador y señales de selección local, que los hacen distintos a las poblaciones caninas de control fuera de la zona. La frase “ya no son perros” se entiende mejor como metáfora periodística de su divergencia genética y ecológica, no como cambio de especie o “superpoderes” confirmados.

Cómo se estudia su evolución y qué falta por saber

Los equipos han combinado genotipado por SNP y comparaciones con bases de datos de razas, además de análisis de estructura de población. El siguiente paso es integrar:

La guerra ha frenado campañas de muestreo desde 2020, lo que añade incertidumbre temporal y sesgos geográficos.

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