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El maltrato deriva en otros problemas de salud

Periodista Digital 25 Nov 2005 - 10:17 CET
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La probabilidad de que una mujer que haya sido maltratada padezca mala salud o problemas físicos o mentales es dos veces superior que en las mujeres que no han sufrido estas agresiones, incluso en el caso de que la violencia se remonte a varios años atrás, según revela un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además, entre las mujeres agredidas embarazadas, éstas aseguran sus parejas se niegan a usar medidas anticonceptivas, sufren mayor cantidad de abortos y entre un 4 y un 12 por ciento de ellas fueron golpeadas en el abdomen durante ese periodo.

El informe de la OMS, difundido con motivo de la celebración este viernes del Día Internacional contra la Violencia de Género, revela que entre una cuarta parte y la mitad de las mujeres agredidas físicamente por su pareja sufren lesiones físicas a consecuencia directa de ello y que entre estos problemas de salud figuran las ideas o tentativas de suicidio, los trastornos mentales y síntomas físicos como dolores, mareos o leucorrea.

«El estudio demuestra que las mujeres están más expuestas a la violencia en el hogar que en la calle, lo que tiene graves repercusiones para la salud femenina», afirmó el director general de la OMS, doctor Lee Jong-wook. «También pone de relieve la importancia de sacar a la luz en todo el mundo la violencia doméstica y de tratarla como un grave problema de salud pública», añadió.

El informe, titulado ‘Salud femenina y violencia doméstica contra las mujeres’, se basa en entrevistas con más de 24.000 mujeres de zonas rurales y urbanas de diez países: Bangladesh, Brasil, Etiopía, Japón, Namibia, Perú, Samoa, Serbia y Montenegro, Tailandia y Tanzania.

En el estudio, elaborado en colaboración con la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, la organización no gubernamental PATH y establecimientos de investigación y asociaciones de mujeres de los países participantes, se formulan una serie de recomendaciones y se exige que las instancias políticas y el sector de la salud adopten medidas para reducir el coste humano y sanitario del problema, por ejemplo mediante la integración de los planes de prevención de la violencia en diversos programas sociales.

«Es sorprendente lo uniformes que resultan, según el estudio de la OMS, las consecuencias sanitarias de la violencia doméstica no sólo en un mismo país sino también en países distintos», observó la doctora Charlotte Watts, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y miembro del equipo principal de investigadores que realizó el estudio.

«Todo indica que la violencia doméstica tiene efectos parecidos sobre la salud y el bienestar de las mujeres con independencia del lugar donde vivan, del carácter más o menos violento de su entorno y de su horizonte cultural y económico», añadió.

AGRESIONES A EMBARAZADAS

Según la OMS, se sabe que la violencia doméstica influye en la salud sexual y reproductiva de las mujeres y puede entrañar un mayor riesgo de infecciones de transmisión sexual, entre otras el VIH.

En el estudio, las mujeres física o sexualmente maltratadas aludieron a la promiscuidad de su pareja y a su negativa a utilizar preservativos con más frecuencia que las mujeres que no padecían malos tratos. Asimismo, las probabilidades de haber tenido al menos un aborto, espontáneo o provocado, eran más elevadas entre las mujeres que decían sufrir violencia física o sexual a manos de su pareja.

Por si fuera poco, entre un 4 y un 12 por ciento de las mujeres que habían estado embarazadas declararon a los autores del estudio que fueron golpeadas durante ese periodo, en más del 90 por ciento de los casos por el padre del niño por nacer, y entre un cuarto y la mitad de ellas habían recibido puntapiés o puñetazos en el abdomen.

MANTO DE SILENCIO

Para los responsables políticos, según el estudio, el mayor problema es que el maltrato sigue envuelto en un manto de silencio. Al menos un 20 por ciento de las mujeres que relataron malos tratos físicos no se lo habían dicho a nadie antes de ser entrevistadas.

A pesar de las consecuencias sanitarias que ello puede acarrear, muy pocas habían solicitado ayuda a servicios públicos como los de policía o salud o a personas investidas de autoridad, y en su lugar prefirieron recurrir a amigas, vecinas o parientes. Las que solicitaban ayuda oficial tendían a ser maltratadas con más violencia.

«Este es el primer estudio sobre el tema realizado en Tailandia, y nos ha ayudado a entender mejor el grado de violencia que sufren las mujeres en nuestro país», señaló la doctora Churnrurtai Kanchanachitra, de la Universidad Mahidol, miembro del equipo del estudio en Tailandia. «Las conclusiones nos ayudaron a elaborar un plan nacional para eliminar la violencia contra mujeres y niños», añadió.

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