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Alerta del aumento de las rinoplastias para reconstrucciones por cocaína

Periodista Digital 19 Jun 2008 - 07:39 CET
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(PD).- Los cirujanos plásticos están percibiendo un incremento en España del número de consultas para paliar los efectos secundarios de carácter físico provocados por el consumo de cocaína, según ha quedado de manifiesto en el XLIII Congreso de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética, que se celebra en Zaragoza. Asimismo, se ha registrado un aumento de la demanda de cirugías estéticas entre inmigrantes para lograr una nariz más occidental o anglosajona.

Según los últimos datos aportados por la ONU, la tasa de consumo de cocaína en España ha superado, por primera vez en la historia, la de Estados Unidos, y cuadruplica la media europea. Estos datos reflejan un importante problema de salud pública en donde uno de cada cinco consumidores europeos son españoles. «Desde la especialidad de cirugía plástica, reparadora y estética, hemos notado las repercusiones de este aumento en el consumo y estamos colaborando en el abandono de esta adicción por parte de los afectados a través de la reconstrucción de tabique nasal», comentó el doctor José María Palacín, cirujano plástico del Centro Médico Teknon de Barcelona.

La cocaína tiene un efecto vasoconstrictor, es decir, disminuye el flujo sanguíneo en aquellas zonas que mantienen contacto con esta sustancia e impide que llegue tanta sangre como es necesario. «A veces, esta propiedad es beneficiosa y la utilizan los médicos para evitar el flujo sanguíneo en determinadas zonas y circunstancias», explica el Dr. Palacín. «Aún así -continúa el experto- cuando el consumo de cocaína es excesivo y habitual en la misma zona, la falta de riego se hace casi permanente y se resienten o mueren todos los tejidos en contacto con esta sustancia». Es en este momento cuando se produce el deterioro del tabique nasal.

Cuando un toxicómano esnifa cocaína, el tabique nasal, formado por cartílago y mucosa, se debilita y los tejidos que lo componen se necrosan produciendo una perforación del mismo. «En una exploración, los cirujanos plásticos nos encontramos con un orificio de lado a lado del tabique», detalla el Dr. Palacín.

Los pacientes que presentan esta complicación son tanto hombres como mujeres en el mismo porcentaje, pero el nexo común se encuentra en que tienen la nariz deformada, torcida y sin tabique. «Existen diferentes grados de deformación, desde aquellos pacientes que requieren pequeñas intervenciones para retocar defectos menores, hasta otros que necesitan recurrir a la microcirugía para corregir defectos importantes», destaca el doctor Palacín.

NO SE PONEN TABIQUES DE PLATINO

La reconstrucción del tabique nasal se realiza reemplazando el cartílago y las mucosas dañadas por los mismos tejidos extraídos de otras zonas del cuerpo como son el pabellón auricular, la costilla o el antebrazo. «Es un falso mito el que se coloque un tabique de platino, es mentira, no es factible», aclara este experto.

Una cuestión muy importante es que los cirujanos plásticos deben asegurarse, a través de la realización de un estudio psicológico previo, de que el paciente ya no es consumidor de cocaína «ya que, prácticamente en dos días de consumo se destruiría todo lo conseguido», apunta el Dr. Palacín.

Asimismo, los expertos señalaron que el aumento del número de inmigrantes residentes en España (casi el 10% del total de la población) también se está notando en sus consultas. «Se ha notado un crecimiento en la demanda de rinoplastias estéticas para conseguir una nariz más occidental o anglosajona», aseguran.

Por un lado, la inmigración proveniente de países europeos como Rusia, Eslovenia, Bielorrusia, etc. llegan a las consultas de cirugía plástica, reparadora y estética con caras «planas» y narices sin altura de caballete para buscar parecer más occidentales. «A estas pacientes se les realiza un caballete alto, una punta proyectada y se les estrecha la nariz», puntualiza el doctor Palacín.

Por otro, las mujeres sudamericanas, con una narices caídas y anchas, japonesas, anchas y aplanadas, o africanas, anchas y sin caballete, que «desean no parecer lo que son, no quieren que se las reconozca como inmigrantes sino pasar desapercibidas».

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