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Arthur C. Brooks

Este catedrático de Harvard revela cómo cambia la inteligencia a partir de los 40 años y por qué el cerebro funciona peor

De la inteligencia fluida a la inteligencia cristalizada

Periodista Digital 30 Jun 2025 - 12:36 CET
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Imagínese que un día, tras años resolviendo sudokus a la velocidad de la luz, empieza a notar que las piezas ya no encajan tan deprisa. Olvida nombres, tarda más en encontrar soluciones a problemas nuevos y las palabras a veces se le quedan en la punta de la lengua. Tranquilo: no es el único.

Según Arthur C. Brooks, catedrático de Harvard y gurú de la felicidad en la madurez, este fenómeno es tan natural como las canas o las arrugas. Y no, no significa que su cerebro esté averiado, sino que está evolucionando.

Brooks lleva años explicando que a partir de los 40 años nuestra inteligencia atraviesa una transformación clave: la inteligencia fluida, ese talento para resolver problemas inéditos y aprender rápido, empieza a perder fuelle.

En su lugar, toma el relevo la inteligencia cristalizada, esa capacidad para aplicar conocimientos y experiencias acumuladas con los años como si fuesen cartas ganadoras en una partida de póker mental.

Esta metamorfosis cerebral implica que lo que antes era pan comido —memorizar datos al vuelo o improvisar soluciones creativas— ahora exige más esfuerzo.

Pero, ¡alto ahí!, porque el cerebro compensa perdiendo rapidez pero ganando profundidad: nos volvemos mejores reconociendo patrones, dando consejos sabios y compartiendo conocimiento.

Al fin y al cabo, ¿quién no ha recurrido alguna vez a la experiencia de un veterano para salir del atolladero?

Inteligencia fluida y cristalizada: ¿enemigas o aliadas?

La distinción entre inteligencia fluida y cristalizada no es nueva; el neurocientífico Raymond Cattell ya la propuso en los años 40 del siglo pasado. Sin embargo, Brooks le ha dado un giro contemporáneo al conectar estos conceptos con el bienestar personal y profesional en la madurez.

Tipo de inteligencia Cuándo predomina Características principales
Fluida Juventud (hasta ~30) Agilidad mental, razonamiento abstracto, aprendizaje rápido
Cristalizada Madurez (>40) Aplicación de conocimientos, reconocimiento de patrones, sabiduría

Brooks es tajante: intentar vivir eternamente subidos a la ola de la inteligencia fluida es receta segura para el agotamiento y el desencanto. En cambio, quienes aceptan este relevo natural —y apuestan por compartir lo aprendido— suelen ser más felices pasados los 50.

El cerebro envejece… pero también se especializa

Desde un punto de vista biológico, estos cambios tienen explicación en el funcionamiento neuronal: con los años, las conexiones sinápticas pierden plasticidad y disminuye la velocidad de procesamiento. Sin embargo, las redes neuronales responsables del conocimiento consolidado permanecen activas e incluso se refuerzan gracias al uso continuado.

Curiosamente:

Y aquí entra en juego otra pieza clave del bienestar: aceptar que el éxito no consiste solo en ser el primero resolviendo problemas nuevos; también está en saber transmitir lo aprendido y servir como guía para las nuevas generaciones.

Bienestar personal: reinventarse con humor… ¡y sabiduría!

Brooks sostiene que quienes logran un mayor bienestar son aquellos que dan el salto “de curva” sin miedo ni nostalgia por lo perdido. Reinventarse puede significar pasar de innovador brillante a mentor respetado; dejar atrás carreras trepidantes para convertirse en referentes serenos. Como diría Bach —el compositor— cuando cambió su rol creativo por uno más pedagógico: a veces hay que cambiar de partitura.

Algunos consejos prácticos para aprovechar este tránsito:

Y si todo falla… nunca está de más recurrir al humor. Como recuerda Brooks citando al Dalai Lama: “La gente tiene diez dedos pero compra veinte anillos”. A veces conviene centrarse en lo esencial.

Curiosidades científicas sobre el cerebro maduro

¿Sabía que…?

Y una última anécdota para llevarse una sonrisa: Albert Einstein aseguraba que fue incapaz de aprenderse su propio número de teléfono porque prefería reservar su memoria para cosas realmente importantes (como cambiar nuestra visión del universo). Así que ya sabe: si olvida dónde ha dejado las llaves pero sigue dando grandes consejos… ¡su inteligencia cristalizada está trabajando a pleno rendimiento!

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