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UN CASO INSÓLITO EN GALICIA

Un paciente lleva atrincherado tres semanas en un hospital de Lugo a pesar de haber recibido el alta médica

Un hombre de más de 60 años ocupa una habitación del Hospital Universitario Lucus Augusti desde hace tres semanas, aunque ya está clínicamente recuperado. Ante su negativa a marcharse, el Sergas ha decidido recurrir a la justicia

Periodista Digital 03 Mar 2026 - 09:56 CET
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Imagínate despertar en una cama cómoda, disfrutando de menús personalizados y recibiendo visitas diarias de enfermeras atentas.

Y no pagar un euro.

Podría parecer un lujoso hotel, pero es la realidad que vive un paciente en el Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA) de Lugo. Este hombre, que supera los 60 años, fue ingresado hace más de un mes debido a una descompensación de una enfermedad crónica.

Su evolución fue tan positiva que, tras tres semanas, los médicos le dieron el alta: estaba estabilizado, con tratamiento para llevarse a casa y listo para regresar al mundo exterior.

Sin embargo, sigue allí, atrincherado en su habitación, rechazando cualquier invitación a abandonar el hospital. El Servizo Galego de Saúde (Sergas) lo considera un caso “excepcional” y ha activado el protocolo judicial para resolver esta situación.

No es la primera vez que un hospital enfrenta estancias prolongadas tras el alta médica, aunque suelen estar relacionadas con esperas para ingresar en residencias o con la falta de recursos asistenciales. En este caso la situación es diferente: no hay justificación médica, ni tampoco demoras burocráticas. Simplemente, él dice “no” a todo lo que le proponen.

A pesar de recibir comida y medicación ambulatoria sin atención clínica, ocupa una cama que podría ser vital para otro paciente. Fuentes del ámbito sanitario han señalado que se le ha comunicado “en repetidas ocasiones” la necesidad de marcharse, pero no ha habido respuesta positiva. Es como si hubiera encontrado su pequeño paraíso entre batas blancas y pitidos de monitores.

Desde el primer momento, el equipo de Trabajo Social del HULA se puso manos a la obra. Realizaron un seguimiento activo: entrevistas personales, propuestas de recursos externos y contacto con instituciones sociales para encontrar soluciones adecuadas. ¿Una residencia? Rechazada. ¿Apoyo domiciliario? Nada. ¿Red familiar o dispositivos alternativos? Ni pensarlo. Todas las opciones diseñadas para atender sus posibles necesidades sociofamiliares cayeron en saco roto. El Sergas defiende que actuó con criterios “asistenciales y sociales”, exhaustivos y pacientes, pero la negativa constante agotó las vías amistosas.

Aunque estas situaciones son poco comunes, no son una rareza en la sanidad pública gallega. A menudo se dan circunstancias complejas: familias ausentes o entornos difíciles fuera del hospital. Sin embargo, lo peculiar aquí es la obstinación del protagonista, un caradura como pocos que prefiere seguir con su pijama hospitalario antes que enfrentarse a la vida cotidiana.

Tras semanas sin avances, el área sanitaria de Lugo, A Mariña e Monforte de Lemos decidió dar un paso adelante: remitir el caso a la autoridad judicial. Se están siguiendo todos los procedimientos necesarios para que un juez determine qué medidas tomarán. ¿Traslado forzoso? ¿Intervención tutelar? Habrá que esperar para saberlo. Mientras tanto, el hospital pierde una plaza valiosa en una planta donde cada cama cuenta. El Sergas aclara que no se trata de caprichos: han ofrecido alternativas y han velado por el bienestar del paciente.

No es el único caso

No es el primero en hacer frente al alta médica. En 2019, un hombre en Madrid permaneció seis meses en el hospital tras recuperarse de un ictus porque decía que su hogar era un desastre. La justicia tuvo que intervenir y finalmente acabó en una residencia. Otro caso recordado ocurrió en Valencia, donde una mujer octogenaria se resistió a irse durante meses porque “los médicos son como hijos”. Al final, un programa de apoyo domiciliario logró convencerla con visitas diarias.

En clave humorística, recordemos al paciente británico que en 2022 se negó a dejar el NHS porque afirmaba que “la comida es mejor que la de mi mujer”. O aquel argentino que pidió “prórroga” tras recibir el alta por neumonía solo para poder ver la final del fútbol. Más allá del humor involuntario que estos episodios pueden generar, revelan también las facetas humanas –y a veces cómicas– del sistema sanitario: donde la curación física puede chocar con laberintos emocionales.

Mientras tanto, nuestro protagonista sigue reinando en su particular reino dentro del hospital lucense, recordándonos que muchas veces lo más complicado no es sanar al cuerpo sino convencer al alma de que está lista para volar hacia la libertad.

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