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Rosa Montero habla de una presión social estremecedora

El estigma machista también nos engaña en la ciencia

Miguel Pato 25 Mar 2019 - 11:38 CET
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Desde Hipatia de Alejandría, pasado por Marie Curie hasta la española María Blasco, la historia nos cuenta que el avance de la ciencia se debe al género humano, no a la parte masculina del mismo. Incluso, se han conocido casos como Rosalind Franklin cuyo método de análisis del ADN fue vital para que Watson y Crick dieran con la forma de nuestra información genética. Pero a ella apenas se la mencionó hasta 40 años después.

Todo esto tiene una triste relación por como concebimos nuestra sociedad. Un estudio de la revista Science de 2017 reveló un dato terrible. A partir de los cinco años, cuando se le pregunta a un niño o a una niña en quien piensan cuando se habla de una persona muy inteligente con habilidades científicas, en ambos grupos, los varones ganan por mayoría.

Esta inseguridad parece provenir de una presión social estremecedora. Así lo calicaba Rosa Montero en un interesante artículo publicado en El País con el título «Tamaña necedad».

Probablemente si preguntas a tu vecino (o a tu vecina: nosotras también hemos sido educadas y deseducadas por la ideología machista) sobre la capacidad científica de las mujeres, te contestará con campante certidumbre que a las chicas se nos dan mal las ciencias.

Así comenzaba el artículo que cita, además del mencionado estudio, una parte del Informe Pisa de 2015 según el cual

Las niñas se creen menos capaces para alcanzar objetivos que precisen habilidades científicas.

Todo ello, continúa Montero, es una de las razones por las que hay menos ingenieras informáticas.

Lo cual es una paradoja, dado que el padre de la informática es una madre, Ada Lovelace, autora del primer programa de computación a mediados del siglo XIX.

Lea aquí el artículo completo

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