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SALUD Y BELLEZA

La multimillonaria carrera en busca del crecepelo milagroso

Los laboratorios exploran el uso de células madre para curar la alopecia

27 Sep 2011 - 13:23 CET
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¿Sabes qué famosos que se han se han sometido a una cirugía de injerto capilar?

No sólo los hombres, cada vez son más las mujeres que padecen este problema. No es mortal, doloroso ni, en general, incapacitante, pero al ciudadano común, la idea de quedarse calvo, suele ponerle de los nervios. Tanto, que la inmensa mayoría pagaría lo que fuera para evitarlo.

Ahí es donde está el gran negocio. En los esfuerzos para combatir la calvicie se invierten cantidades ingentes de dinero. Se estima que solo se tratan entre el 2% y el 7% de los 87 millones de estadounidenses con alopecia, y basta ese pequeño porcentaje para mover más 7.400 millones de euros al año. Y eso que no existe una solución realmente efectiva.

¿Cuánto estaría dispuesto a pagar un calvo en ciernes por recuperar su cabellera? ¿Cuánto supondrá el mercado femenino, casi ignorado por las farmacéuticas?

Sueñan con ello un novedoso grupo de compañías estadounidenses, alentadas por la ciencia de vanguardia. Varios compuestos en las primeras fases de ensayo clínico aspiran a generar pelo nuevo y fuerte.

Como cuenta Mónica G. Salomone en ‘El País’, la investigación en células madre ha entrado de lleno en la regeneración capilar. Los investigadores han descubierto que en el desarrollo y el funcionamiento del folículo capilar intervienen miles de genes, y empiezan a entender el denso entramado de señales que los dirigen.

Quieren tomar el control de esta conversación química recurriendo a la biotecnología más avanzada.

Ningún compuesto en el mercado logra el regreso del pelo perdido. El finasteride, comercializado desde hace una década por Merck como Propecia, actúa sobre la testosterona -impide su conversión en otra hormona, la DHT, que debilita el folículo capilar-.

Cuesta unos 50 euros al mes y se vende con receta (no lo cubre la sanidad pública). No es para mujeres y las embarazadas no deben siquiera tocar el principio activo por su toxicidad. Entre sus efectos secundarios está la impotencia, que según Merck desaparece al dejar la medicación.

Pero un estudio publicado en The Journal of Sexual Medicine concluye que en algunos hombres la impotencia persiste. El finasteride solo frena la caída.

Otro compuesto, el minoxidil, en el mercado desde hace dos décadas, de uso tópico, puede hace crecer un pelo muy fino, más bien vello. No está claro cómo funciona aunque se sabe que es un vasodilatador que mejora el riego sanguíneo en el cuero cabelludo.

Durante años no hubo novedades en este gran nicho farmacológico, hasta que en 2004 Elaine Fuchs, directora del Laboratorio de Biología Celular de Mamíferos en la Universidad Rockefeller de Nueva York, descubrió cómo aislar células madre de la piel de ratones y observó que estas células conservaban la capacidad de diferenciarse en piel y folículos.

Ese resultado marcó el despegue de un área de investigación ahora muy activa.

Los folículos capilares son hoy fuente de células madre no solo para la investigación contra la calvicie sino para entender «cómo las células madre se comunican con el entorno».

LOS CALVOS ESPAÑOLES

La tendencia indica que cada vez son más los españoles que tienen predisposición a desarrollar lo que todos conocemos como calvicie común.

Así lo han demostrado los resultados de un estudio genético realizado por Svenson que indica que el 60% de la población de más de 18 años tiene alta predisposición a padecer alopecia.

En lo que se refiere a sexos, los varones tienen un mayor riesgo de tener calvicie, con cifras que llegan incluso al 89 por ciento, pero es importante señalar que el 16 por ciento de las mujeres, según los datos de este estudio, también tienen un alto riesgo de problemas de caída de pelo.

En lo que se refiere al reparto geográfico, los castellano leoneses son los más propensos a padecer pérdidas de pelo.

En este sentido, las mujeres de esta región alcanzan un porcentaje de riesgo del 33 por ciento, mientras que en los hombres este porcentaje de riesgo alcanza a casi la totalidad de la población masculina, según los resultados obtenidos. Por el contrario, los hombres gallegos son los que tienen un riesgo menor de quedarse calvos.

El test realizado a la población, consiste en un «frotis bucal», del que se toman muestras de ADN que se analizan posteriormente. La prueba reúne información genética tanto del padre como de la madre, por lo que tiene una gran capacidad predictiva.

De esta forma, en hombres cuyo padre tienen una mínima pérdida de cabello y que dan positivo en la variante G del gen asociado a la alopecia, tienen un 80 por ciento de probabilidades de desarrollar este tipo de calvicie.

Por el contrario, para aquellos que sus padres no tienen signos de alopecia y que han dado negativo para la variante de este mismo gen, el riesgo de tener calvicie es sólo del 10 por ciento.

 

 

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