Escribió el siempre brillante Thomas Mann que «la belleza, como el dolor, hace sufrir«.
Tanto como eso, quizá no, pero para estar bello o bella -a menos que seas un fenómeno de la naturaleza tipo Brad Pitt, Adriana Lima, Irina Shayk o Heidi Klum, algún sacrificio hay que hacer.
O echar mano de la cirujía, que tanto es tan raro. Para eliminar los depósitos de grasa localizada en distintas partes del cuerpo, la liposucción o lipoescultura es una solución.
La liposucción de ningún modo constituye un tratamiento de la obesidad, ni tampoco un sustituto a un programa nutricional de pérdida de peso y reeducación alimenticia, ni tampoco para estabilizar el peso.
Sin embargo, es un excelente tratamiento de los cúmulos de grasa que no desaparecen ni con la dieta ni con el ejercicio para personas sin sobrepeso importante, siempre y cuando tengan una adecuada higiene de hábitos.
Tiene que quedar claro que no es un tratamiento milagroso o un «punto y final», sino un comienzo y no debe ser entendida por el que se somete a ella como una licencia para «portarse mal para siempre», sino como un estímulo para, mediante una alimentación saludable, ejercicio físico, etc., mantener los resultados.
¿Qué debe valorarse antes de la cirugía?
En la primera visita debe realizarse una historia clínica exhaustiva (estilo de vida, enfermedades, medicaciones, alergias, etc.), para descartar contraindicaciones o precauciones especiales que deban adoptarse y para valorar si es posible llevarla a cabo con la máxima seguridad.
Además se realiza una detallada exploración y medición de las zonas a tratar y también del estado de la piel. Es un estudio imprescindible porque, a veces, cuando existe una gran flacidez o descolgamiento de la piel, sólo con la liposucción no se puede conseguir un buen resultado y es necesario combinarla con otros procedimientos, como por ejemplo, con una abdominoplastia o con estiramiento de la piel del abdomen.
¿En qué consiste esta cirugía?
Una explicación sencilla: la intervención consiste en extraer la grasa, tras prepararla adecuadamente, haciendo unas pequeñas incisiones en la piel mediante unas cánulas finas conectadas a un dispositivo estéril de aspiración.
La liposucción se realiza en quirófano, y es esencial que la paciente se informe sobre la cualificación y titulación del/de la profesional que va a realizar el tratamiento. Igualmente resulta capital que verifique que el tratamiento se realiza en un quirófano con todas las autorizaciones sanitarias y garantías hospitalarias si se requiere hospitalización (en general, nunca más de 24 horas).
Esta intervención puede realizarse de forma ambulatoria, o puede ser necesario el ingreso, en función de la extensión y el tipo de anestesia que sea precisa. Si la cantidad de grasa que se va a eliminar no es importante en relación a su tamaño corporal y su estado de salud, puede realizarse con anestesia local y sedación. Incluso puede hacerse, según el caso, mediante anestesia epidural.
¿Cuánto puede durar la operación?
La duración de la intervención varía en función de la cantidad y las zonas a tratar, pero oscila entre 1 y 2 horas aproximadamente.
Al acabar, en el mismo quirófano se coloca una faja para controlar la inflamación y minimizar el riesgo de amoratamiento. Además, así se ayuda a la piel a amoldarse al nuevo contorno. Es necesario llevar la faja aproximadamente durante un mes. La/el paciente no deberá realizar actividades intensas durante 2 a 4 semanas, ni exponer las zonas intervenidas al sol. La incorporación a la actividad laboral puede ser casi inmediata, o tras 1 ó 2 semanas, en función de la extensión de la liposucción y el tipo de trabajo.
¿Cuándo se aprecian los resultados?
El resultado definitivo se obtiene transcurridos unos meses, aunque al mes el cambio en la silueta empieza a ser muy perceptible.
Como cualquier otro procedimiento quirúrgico, esta intervención puede presentar los riesgos comunes a cualquiera de ellas, como la infección o el sangrado, y jamás deberían aparecer complicaciones graves, que son extremadamente infrecuentes, y en general asociadas a un exceso de extracción de grasa, y al hecho de haber sido realizadas por profesionales no cualificados y/o en centros no autorizados ni equipados adecuadamente.
Con una adecuada técnica e indicación resultan muy infrecuentes los resultados no satisfactorios, tales como ondulaciones en la piel de las áreas tratadas, cambios en su pigmentación o asimetrías, que pueden exigir otros tratamientos posteriores de diferente índole.
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