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Las sensaciones experimentadas por algunas personas son debidas a los cambios que experimenta el cerebro por algunas enfermedades o en situaciones extremas

Neurocientíficos explican la ‘luz al final del tunel’ y otras experiencias cercanas a la muerte

Periodista Digital 25 Sep 2011 - 10:45 CET
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El cine las ha plasmado en celuloide en numerosas ocasiones y muchos conocen a gente que dice haber experimentado ver cómo el alma se separaba del cuerpo, sentido una indescriptible paz interior, vislumbrado una intensa luz al final de un túnel o visto pasar en décimas de segundo todo su vida por delante.

Según ha explicado el neurocientífico Dean Mobbs, de la University of Cambridge’s Medical Research Council Cognition and Brain Sciences Unit, a la revista Scientific AmericanPeace of Mind: Near-Death Experiences Now Found to Have Scientific Explanations–:

«Muchos de los fenómenos asociados con experiencias cercanas a la muerte pueden ser explicadas biológicamente, ya provienen de un mal funcionamiento de la dopamina y del flujo sanguíneo, creando sensaciones inexistentes durante un proceso traumático.»

La sensación de estar muerto no sólo la han vivido aquellos que han estado cerca de morir. Los pacientes con el síndrome de Cotard tienen la certeza de que han fallecido después de un trauma muy fuerte o en etapas muy avanzadas de algunas enfermedades, como la fiebre tifoidea y la esclerosis múltiple, debido a cambios en la corteza parietal y prefrontal.

«La corteza parietal está relacionada con los procesos de atención, y la corteza prefrontal está implicada en los delirios observados en enfermedades psiquiátricas como la esquizofrenia. Una posible explicación es que los pacientes que padecen el síndrome de Cotard tratan de dar sentido a las extrañas experiencias que están teniendo.»

El equipo de neurocientíficos ha determinado que las experiencias extracorpóreas –la sensación de que el alma se separa del cuerpo– son comunes en la parálisis del sueño, que consiste en un período de inhabilidad para realizar movimientos voluntarios al inicio del sueño o al despertarse, en la que uno se siente paralizado al mismo tiempo que es consciente del mundo exterior.

La parálisis del sueño fue detectada en un 40% de las personas que fueron objeto del estudio y que afirmaban haber vivido alucinaciones como flotar por encima de su cuerpo alrededor de una habitación. Un estudio de 2005, según afirma Scientific American, encontró que estas experiencias pueden inducirse artificialmente estimulando áreas concretas del cerebro.

El reencuentro entre la persona que ha pasado por una muerte clínica o una experiencia cercana a la muerte y sus seres queridos puede ser explicado desde un punto de vista científico. Los pacientes de Parkinson a veces afirman ver fantasmas o monstruos. Esto puede ser debido a un funcionamiento anormal de la dopamina, un neurotrasmisor que puede provocar alucinaciones.

LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

En referencia al túnel con una luz cegadora al final, la explicación que da el grupo de neurocientíficos de la Universidad de Cambridge es que el flujo sanguíneo y de oxígeno se agota en el ojo, algo que podría producirse ante una situación extrema cercana a la muerte.

El posible culpable de la experiencia más común, la de revivir los momentos más importantes de la vida, podría ser el locus coeruleus, una región anatómica del tallo cerebral que libera noradrenalina, la hormona del estrés que se segrega a niveles más altos durante un trauma. Esta región del cerebro está muy conectada con otras regiones destinadas a controlar las emociones y la memoria, como la amígdala cerebral y el hipotálamo.

La investigación demuestra, además, que algunas drogas, como la ketamina, pueden desencadenar euforia, experiencias extracorpóreas y alucinaciones. Esta droga afecta al sistema opioide del cerebro, que puede llegar activarse de forma natural cuando cualquier animal es atacado o, en el caso de los humanos, cuando sufren un gran trauma.

 

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