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«La segunda generación de poetas románticos ingleses heredó los frutos de la primera. Byron, Shelley y Keats leyeron y absorbieron los poemas de Wordsworth y Coleridge y les dieron una nueva forma. Los más jóvenes crearon el mito del artista romántico maldito. Los tres partieron al exilio y murieron jóvenes, en las paganas Grecia e Italia. La publicidad y la moda los convirtieron en los héroes sexuales de la alta sociedad europea: eran “personas del sexo” reales, no de ficción; algo que no sucedía en el caso de Blake, Wordsworth y Coleridge. Los poemas de Byron, Shelley y Keats son gestos dramáticos de autodefinición.»
«Las encuestas publicitarias muestran que hay dos palabras que atraen por encima de todo nuestra atención: “libertad” y “novedad” (o “libre” y “nuevo”). Todavía vivimos en la era del Romanticismo. Cuando se adora la novedad, nada puede durar. El culto byroniano a la juventud florece en la música rock, esa ubicua forma artística americana. El estilo emocional y poético de Don Juan se repite en una experiencia clásica americana, la de conducir a toda velocidad por una autopista con la radio a todo volumen. El coche y su conducción constituyen la experiencia sublime americana, una experiencia para la que no hay un equivalente en Europa. Saliendo veinte kilómetros de cualquier ciudad americana, la frontera está abierta ante uno.»
«Byron y [Elvis] Presley rompieron moldes y fueron los dos conductores de una fuerza titánica y, sin embargo, su emotividad y su sentimentalismo fueron profundamente femeninos.»
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