Imagina un enorme bloque rocoso del tamaño de una montaña atravesando el vasto espacio, acercándose a nuestro planeta como un vecino que pasa sin detenerse.
Eso sucedió el 12 de enero de 2026, cuando el asteroide 2005 UK1 alcanzó su punto más próximo a la Tierra a las 11:26 hora peninsular. Los astrónomos estaban al tanto de cada movimiento, y aunque su etiqueta de «potencialmente peligroso» puede sonar digna de una película de acción, la verdad es mucho más calmada: no hay ninguna amenaza real.
Este objeto celeste fue descubierto en octubre de 2005 por el Catalina Sky Survey en Arizona y forma parte de los asteroides Apollo.
Estas rocas errantes tienen trayectorias que cruzan la órbita terrestre alrededor del Sol, lo que las convierte en objeto de estudio para los expertos.
Con un diámetro estimado entre 600 metros y 1,4 kilómetros, el 2005 UK1 se sitúa entre los más grandes de su tipo, pero ayer se mantuvo a unos 12 millones de kilómetros, una distancia equivalente a más de 32 veces la separación entre la Tierra y la Luna. En palabras de Gregorio de la Fuente Frutos, coordinador del Museo Elder de la Ciencia y Tecnología en Gran Canaria, «Preocupación ninguna, interés todo el del mundo», y no le falta razón, ya que este no es su primer encuentro con nosotros.
No es la primera vez que este asteroide nos visita. Ya hizo una aproximación en abril de 2018, aunque a mayor distancia, y se espera que regrese en diciembre de 2029, brindando a los científicos una nueva oportunidad para recopilar información sobre su composición y trayectoria. Cada encuentro representa una ocasión valiosa para perfeccionar los modelos orbitales y probar sistemas de monitoreo. Agencias como la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) están al tanto de miles de estos objetos, con alrededor de 800 asteroides cercanos a la Tierra catalogados solo en Europa. La clave está en detectar cualquier posible riesgo con tiempo suficiente: cualquier amenaza real sería identificada con años por delante.
Surge la pregunta: ¿por qué lo llaman «potencialmente peligroso» si no hay motivo para alarmarse? Esta clasificación es técnica y específica. Un asteroide entra en esta categoría si supera los 140 metros de diámetro y su trayectoria lo acerca a menos de 7,5 millones de kilómetros en algún momento futuro. Esto no significa que haya un inminente choque, sino que requiere vigilancia continua. En este caso concreto, las probabilidades de impacto son inferiores al 0,3%, incluso para objetos mayores de 100 metros, según profesionales como De la Fuente. Es similar a etiquetar un coche deportivo como «potencialmente rápido»: se necesita atención, pero no tiene por qué estrellarse contra tu garaje.
Los asteroides como el 2005 UK1 son vestigios del nacimiento del Sistema Solar, formados hace unos 4600 millones de años a partir del colapso de una nube gaseosa y polvorienta. Mientras los planetas se formaban, estos restos quedaron atrapados en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, orbitando sin llegar a convertirse en cuerpos mayores. Algunos miembros del grupo Apollo se aventuran más cerca del Sol y, por ende, también más cerca nuestro. Su estudio no solo apacigua inquietudes; también impulsa el avance científico: misiones como las sondas que han aterrizado sobre asteroides están probando técnicas para desviar estos cuerpos si alguna vez fuera necesario.
Es crucial reflexionar sobre el potencial destructivo sin caer en pánico desmedido. Un impacto por un objeto mayor a 100 metros podría desencadenar tsunamis locales; si supera el kilómetro, las consecuencias serían regionales con efectos climáticos globales. Recordemos al coloso que acabó con los dinosaurios hace aproximadamente 66 millones de años, que medía alrededor de unos 12 kilómetros. Por fortuna, el tamaño del 2005 UK1 es mucho menor. Las agencias espaciales están experimentando con métodos para desviarlo: desde impactos cinéticos hasta láseres o «tractores gravitatorios» mediante naves que tiren suavemente del asteroide hacia otra órbita. Todo depende del tipo exacto –rocosa, metálica o helada– así como su tamaño y coloración, lo cual influye en cómo reaccionaría ante un empujón.
Este acontecimiento subraya los avances logrados en defensa planetaria. Programas como los impulsados por la NASA monitorean el 95% de los grandes objetos cercanos a nuestro planeta; cada evento como el ocurrido ayer valida además tanto telescopios terrestres como espaciales. En Canarias y Andalucía, observatorios locales aportan al esfuerzo global. No se trata simplemente ciencia ficción: es parte rutinaria del trabajo astronómico que fascina mientras protege.
Para facilitar la comprensión visual, veamos algunos datos relevantes presentados en una tabla comparativa:
| Característica | Detalle del 2005 UK1 | Comparación con otros |
|---|---|---|
| Tamaño | 0,6-1,4 km | Dinosaurios: 12 km |
| Distancia ayer | 12 millones km (32x Tierra-Luna) | Luna: 384.000 km |
| Familia | Apollo (órbita cruza la Tierra) | Cinturón principal |
| Descubrimiento | 2005, Catalina Sky Survey | – |
| Próximo paso | 2029, más lejos | 2018: similar |
Ahora conectemos esto con nuestra realidad: mientras el asteroide pasaba cerca ayer, telescopios alrededor del mundo lo observaban atentamente para medir su rotación y reflectividad. Estos datos son claves para predecir comportamientos futuros y perfeccionar simulaciones sobre posibles impactos. Imagina cómo se sintieron los científicos al escuchar: «Está controlado», tal como aseguró El Debate tras ese «roce» matutino.
Los expertos insisten en desmitificar esos temores infundados por el cine. Hollywood nos ha presentado asteroides asesinos; sin embargo, desde el ámbito científico llega un mensaje claro: hay interés sí; pánico no. Este paso refuerza nuestra preparación global ante tales eventos; misiones como la iniciativa DART llevada a cabo por la NASA demostraron en 2022 cómo desviar exitosamente un pequeño asteroide mediante impacto.
Y para finalizar con algunas curiosidades científicas que alegran nuestros días:
- ¿Sabías que los asteroides son verdaderas «cápsulas del tiempo»? Contienen agua y compuestos orgánicos que podrían haber contribuido al origen de vida en nuestro planeta primitivo.
- El asteroide más famoso tras la extinción masiva es conocido como Apophis, que pasará aún más cerca (31.000 km) en 2029; su apodo “Dios del Caos” fue escogido humorísticamente.
- En 2013 ocurrió una explosión atmosférica provocada por un meteoro (19 m) sobre Chelyabinsk (Rusia), hiriendo a unas mil quinientas personas sin previo aviso; esto nos enseña que los pequeños son impredecibles mientras que grandes cuerpos como el 2005 UK1 cuentan con exhaustivo monitoreo.
- Existe un asteroide con forma peculiarmente parecida a un hueso canino llamado 361843 WuTian, descubierto también en 2005; parece que el universo tiene sentido del humor.
- La NASA ha nombrado varios asteroides rindiendo homenaje a personalidades célebres; uno lleva el nombre del icónico cantante Freddie Mercury (312136), orbitando eternamente.
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