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Jornada histórica en la Feria de Abril de Sevilla

Morante de la Puebla deslumbra en la Maestranza: dos orejas y una lección de toreo eterno

El torero sevillano reencuentra su mejor versión y arranca una ovación unánime con una faena memorable al cuarto toro

Periodista Digital 02 May 2025 - 07:36 CET
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La tarde del 1 de mayo de 2025 quedará grabada en la memoria de Sevilla y en la historia de la Real Maestranza.

Con el cartel de “no hay billetes” colgado desde temprano, la expectación era máxima para ver a Morante de la Puebla, Juan Ortega y Pablo Aguado frente a los toros de Domingo Hernández.

Sin embargo, fue Morante quien convirtió el coso sevillano en un auténtico hervidero, firmando una faena que desbordó emoción y calidad, logrando cortar dos orejas tras una obra cargada de valor, inspiración y maestría.

Una tarde de vértigo y arte

Desde el ambiente previo se respiraba algo especial. El público acudió con la esperanza de presenciar algo grande y no salió defraudado. La corrida, preferida por muchos desde que se anunciaron los carteles, ofrecía todos los ingredientes para una cita inolvidable: toreros en plenitud, una ganadería de postín y el incomparable marco de la Maestranza.

El protagonista absoluto fue José Antonio Morante Camacho, conocido como Morante de la Puebla, que vestía un terno verde y oro. Tras lidiar con solvencia a su primero —donde la espada le privó de trofeo—, llegó el clímax con el cuarto toro, Bodeguero. Recibió al animal con una verónica rodilla en tierra que evocó estampas legendarias del toreo clásico, desatando los primeros olés rotundos desde los tendidos.

La faena a Bodeguero: clasicismo y genialidad

La lidia al cuarto fue un compendio de tauromaquia. Morante llevó al toro a los medios con temple y conocimiento, desgranando muletazos largos, hondos, cargados de arte y sentimiento. Los ayudados por alto y las series al natural elevaron el nivel artístico a cotas que solo los grandes maestros alcanzan. La música sonó pronto y la plaza rompió en ovaciones cuando Morante toreó a una mano o ligó redondos hasta atrás.

Pese a que Bodeguero no fue un toro completo —justo de fuerza y bravura—, el torero supo adaptar cada lance a sus condiciones, mostrando inteligencia y dominio absoluto del repertorio clásico. El epílogo llegó con una estocada entregada que puso a toda Sevilla en pie: las dos orejas cayeron como reconocimiento unánime del público a una obra que devolvió la sonrisa al diestro tras varias tardes sin alcanzar este nivel en su plaza talismán.

Contrastes y emociones en el resto del cartel

Mientras tanto, sus compañeros firmaron actuaciones dignas aunque sin trofeos. Juan Ortega dejó detalles elegantes con un lote poco colaborador; fue ovacionado tras estocadas efectivas. Pablo Aguado mostró también su buen hacer ante astados mansos y deslucidos, llevándose saludos tras sus intervenciones pero sin opciones reales de triunfo.

La corrida no fue fácil para nadie salvo para Morante, quien supo transformar las limitaciones del toro en materia prima para una faena irrepetible. Incluso hubo momentos dramáticos, como la cogida del banderillero Jorge Fuentes —que pasó a enfermería— e instantes vibrantes como el saludo en banderillas de Iván García, reconocido por su valor.

Reacciones y significado cultural

La reacción del público fue inmediata: pañuelos blancos ondeando sin dudarlo tras la estocada final. El propio Morante recogió puros y ovaciones durante la vuelta al ruedo. Su hazaña fue calificada por críticos como “una lección para el toreo moderno”, reivindicando la vigencia del arte clásico frente a modas pasajeras.

Esta actuación no solo supone un reencuentro personal del torero con su mejor versión sino también un bálsamo para los aficionados sevillanos tras una feria marcada por las exigencias del público más entendido del mundo taurino. Como se escuchaba entre barreras: “Cuando todo eso se une… nace la auténtica belleza, la que nunca sufre apagones: la que nos seguirá iluminando en el recuerdo”.

Claves de la jornada

La Feria de Abril 2025 ya tiene nombre propio: Morante de la Puebla, quien ha recordado a Sevilla —y al toreo— por qué sigue siendo uno de los grandes mitos vivos de nuestra cultura popular.

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