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La ciudad que nunca murió

Los arqueólogos descubren que la gente retornó a Pompeya tras el desastre del volcan Vesubio

Nuevas excavaciones desvelan curiosidades insólitas de quienes regresaron a vivir entre sus escombros tras la erupción

Periodista Digital 07 Ago 2025 - 16:14 CET
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La imagen de Pompeya sepultada bajo toneladas de ceniza en el año 79 d.C., con sus calles congeladas en el tiempo y la vida detenida de golpe, ha fascinado durante siglos a historiadores y visitantes. Sin embargo, recientes excavaciones han dado un giro inesperado a la historia: arqueólogos han hallado pruebas sólidas de que la ciudad no quedó desierta tras la catástrofe. Según los responsables del yacimiento, “algunos supervivientes y nuevos pobladores, incapaces de empezar de cero en otros lugares, regresaron a vivir entre los restos calcinados” (Le Monde, 2025-08-06).

No hablamos de una reconstrucción al estilo romano, sino de un asentamiento precario, casi improvisado, donde las antiguas plantas bajas se convirtieron en bodegas, hornos y molinos, y la vida diaria se desarrollaba entre las ruinas reconocibles de la Pompeya original. El director del parque arqueológico, Gabriel Zuchtriegel, lo define como “una especie de favela, un campamento gris surgido sobre los vestigios de la ciudad que fue”. La investigación arqueológica confirma que la ocupación se mantuvo hasta el siglo V, mucho después de lo que se pensaba.

De ciudad vibrante a asentamiento de supervivientes

Antes de la erupción, Pompeya era una ciudad vibrante de más de 20.000 habitantes, con foros, teatros, villas y comercios que reflejaban el esplendor romano. El impacto de la erupción fue devastador: se estima que entre el 15% y el 20% de la población pereció. Sin embargo, los supervivientes, lejos de abandonar el lugar por completo, buscaron refugio en lo que quedaba en pie. Y, sorprendentemente, otros forasteros acudieron atraídos por la posibilidad de encontrar objetos de valor entre los escombros, o simplemente porque necesitaban un lugar donde instalarse.

En palabras de los arqueólogos, “la vida regresó, aunque sin las infraestructuras ni los servicios típicos de una ciudad romana”. Las excavaciones recientes han sacado a la luz evidencias de hornos improvisados, molinos y habitaciones reutilizadas en las plantas superiores de las casas, mientras que los niveles inferiores se adaptaban a las nuevas necesidades.

Curiosidades y datos locos: la Pompeya menos conocida

Pompeya no deja de sorprender, y las últimas investigaciones han sacado a la luz detalles tan insólitos como fascinantes:

Pompeya, un laboratorio de la vida y la muerte

La historia de los que regresaron a Pompeya tras la tragedia es, en realidad, la historia de la resiliencia humana. Vivían entre ruinas, rodeados de muerte y memoria, pero también de oportunidades: la tierra fértil para la agricultura, los restos reutilizables y el constante flujo de visitantes que, siglos después, convertirían el lugar en uno de los destinos culturales más impactantes del mundo.

Algunas de las casas más emblemáticas de la ciudad, como la Villa de los Misterios, conservan todavía el eco de aquellos que se negaron a abandonar su hogar, dejando tras de sí huellas de vida en medio del desastre. Los recientes análisis de ADN y los hallazgos materiales muestran que la historia de Pompeya es mucho más compleja y humana de lo que la tradición nos había contado: una ciudad que nunca murió del todo, reinventándose y adaptándose a la adversidad.

El futuro de Pompeya: entre la sostenibilidad y el turismo

Hoy, la Pompeya moderna no solo es un yacimiento arqueológico, sino también un ejemplo de cómo la historia, el arte y la naturaleza pueden convivir. El parque arqueológico apuesta por un turismo sostenible, con rutas ecológicas y actividades que permiten descubrir la ciudad desde nuevas perspectivas, incluso pasando la noche en campamentos ecológicos junto a las ruinas (Ecobnb, 2024-10-16).

La ciudad que fue destruida y luego ocupada de nuevo es ahora, más que nunca, un espejo de la capacidad de adaptación humana, de la mezcla de culturas y de la extraña belleza que surge cuando la vida se empeña en abrirse paso entre los escombros.

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