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El torero colombiano, herido de extrema gravedad en Francia

Juan de Castilla, entre la vida y el arte: dos gravísimas cornadas en Bayona

La valentía de Juan de Castilla conmociona al toreo tras una cogida brutal en Bayona, donde cortó una oreja antes de pasar la noche en la UCI

Periodista Digital 01 Sep 2025 - 10:20 CET
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La expectación en la plaza francesa de Bayona era máxima. La «Corrida de la Oportunidad» prometía emociones fuertes, pero nadie podía prever la brutalidad que marcaría el festejo. El colombiano Juan de Castilla se enfrentaba al primer toro de la tarde, de la ganadería de Francisco Javier Araúz de Robles, cuando el destino le jugó una de sus peores pasadas. Un pase de pecho rodilla en tierra, ejecutado con arrojo, terminó en una cogida de espanto: el animal lo prendió y lo mantuvo suspendido en el aire durante varios segundos, ante el asombro y la angustia del público.

Lejos de rendirse, el torero de Medellín se rehízo, finalizó la faena y cortó una oreja, un gesto de profesionalidad que ha sido subrayado por compañeros y aficionados. Sin embargo, tras abandonar el ruedo por su propio pie, se desplomó en la enfermería, víctima de la magnitud de las heridas y el esfuerzo sobrehumano.

Dos cornadas, sesenta centímetros de peligro

La intervención médica confirmó lo que la escena había adelantado: dos cornadas de extrema gravedad. La primera, con doble trayectoria, atravesó la parte posterior del muslo izquierdo, cerca del glúteo, con trayectorias de 25 y 10 centímetros, ambas de carácter muscular, pero sin afectar órganos vitales. La segunda, aún más preocupante, ascendía peligrosamente hacia el ano, quedándose a milímetros de zonas críticas como el intestino, la arteria femoral y el nervio ciático.

La resonancia magnética no mostró daños internos irreparables, pero la exploración quirúrgica fue imprescindible para descartar lesiones invisibles. El equipo médico de la Clínica Belharra de Bayona realizó una intervención de urgencia y trasladó al torero a la UCI, donde pasó la noche bajo estrecha vigilancia. Se espera que, si la evolución es favorable, pueda ser trasladado a planta en las próximas horas.

El apoderado Jesús Salas expresó alivio al confirmar que “la cornada más preocupante le ha pasado a centímetros del ano, pero no le ha tocado ningún órgano vital”.

El milagro de la supervivencia y la ética del toreo

La situación vivida por Juan de Castilla ha sido calificada de “milagro” tanto por médicos como por su entorno. El parte médico remarca la extrema suerte del torero, ya que la segunda cornada rozó zonas vitales sin llegar a lesionarlas. La imagen de la cogida, con el pitón adentrándose hasta perderse casi medio cuerno en el cuerpo del colombiano, impactó a los presentes y ha dado la vuelta al mundo taurino.

El propio torero, en cuanto recuperó la conciencia, preguntó cuándo podría volver a vestirse de luces, pensando en sus próximos compromisos en Dax y Madrid, aunque los médicos han subrayado la necesidad de esperar al menos 48 horas para valorar la evolución.

Una carrera marcada por el riesgo y la resiliencia

No es la primera vez que Juan de Castilla afronta situaciones límite. Su historial reciente incluye cornadas en plazas de máxima exigencia como Madrid, donde ya fue herido de gravedad en la pasada feria de San Isidro. Esta vez, la cogida en Bayona supera en dramatismo y riesgo a las anteriores, consolidando su imagen de torero de valor extremo y resiliencia.

Reacciones del mundo taurino y cultural

La noticia ha generado una oleada de mensajes de apoyo desde ambos lados del Atlántico. Compañeros, aficionados y figuras de la cultura han destacado la entereza de Juan de Castilla y el peligro inherente a la profesión. Las imágenes de la cogida circulan por redes y medios, generando debate sobre los límites del sacrificio en el arte del toreo y el lugar que ocupa hoy en la sociedad europea y latinoamericana.

La evolución del torero colombiano es estable dentro de la gravedad, y el toreo contiene la respiración a la espera de buenas noticias. La historia de Juan de Castilla en Bayona ya forma parte del imaginario taurino contemporáneo, un relato de coraje y supervivencia que interpela más allá de la arena.

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