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UN EMBLEMA MEDIEVAL QUE SE HA CONVERTIDO EN UN ÍCONO POP GLOBAL

De la Inquisición a Wicked: el asombroso recorrido del sombrero puntiagudo de las brujas

De herramienta de humillación y temor a símbolo feminista y viral, el sombrero puntiagudo guarda siglos de historia, persecución y cultura popular

Periodista Digital 24 Nov 2025 - 09:11 CET
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La imagen de un sombrero puntiagudo recortado contra la luna llena es, en la actualidad, un símbolo universal de brujas.

Sin embargo, este emblema, presente cada Halloween y en producciones como Wicked, oculta una historia más intrincada de lo que muchos podrían pensar.

Desde las primeras persecuciones medievales hasta su renacer como símbolo de empoderamiento, el sombrero puntiagudo ha experimentado una evolución tan cautivadora como la figura misma de la bruja.

Lejos de ser una invención moderna, los sombreros cónicos se remontan a la Edad de Bronce, donde sacerdotes llevaban tocados dorados adornados con símbolos astronómicos. En China, las momias de Subeshi (siglos IV–II a.C.) fueron llamadas “brujas” por sus altos gorros cónicos, aunque no tenían relación alguna con la hechicería europea.

El giro sombrío tuvo lugar en la Edad Media, cuando la Iglesia católica y las autoridades utilizaron estos tocados como instrumentos de marginación.

En el siglo XIII, los judíos estaban obligados a portar el Judenhut, un gorro cónico que los señalaba públicamente. Posteriormente, durante la Inquisición española, aquellos acusados de herejía y brujería desfilaban con capirotes o corozas puntiagudas, símbolos de vergüenza y castigo social. Aún hoy, el capirote persiste en la Semana Santa española, pero ya sin ese estigma.

¿Sombrero de bruja o moda pasajera?

A pesar de la fuerza que tiene este imaginario colectivo, los historiadores subrayan que la relación entre brujas y sombreros puntiagudos no es tan sencilla.

En Europa durante los siglos XVI y XVII, los sombreros altos y cónicos eran simplemente parte del vestuario. Pinturas de esa época muestran a mujeres nobles y burguesas luciéndolos con orgullo, sin ninguna conexión con la brujería.

De hecho, en las obras más antiguas sobre brujería, como La bruja de Durero (1501-02) o Vuelo de brujas de Goya (1798), las mujeres son representadas con el cabello suelto, un símbolo de transgresión moral.

El sombrero puntiagudo tardó en establecerse como característica distintiva; su definitiva incorporación se dio gracias al arte, la literatura y los cuentos de hadas entre los siglos XVII y XIX.

Una teoría curiosa sugiere que las cerveceras medievales inglesas conocidas como alewives usaban sombreros altos para ser vistas en los mercados.

Sin embargo, expertos como Laura Kounine consideran que esta conexión es un mito creado posteriormente: durante la Edad Moderna casi todos utilizaban calderos, escobas y gorros; el sombrero puntiagudo no era exclusivo ni para mujeres ni para brujas.

En realidad, lo que realmente identificaba a las supuestas brujas era su cabello desatado y salvaje, visto como signo de desorden y sexualidad peligrosa.

El sombrero puntiagudo en el arte y la literatura

La primera referencia clara a una bruja portando un sombrero puntiagudo aparece en 1693 en The Wonders of the Invisible World escrito por Cotton Mather. Pero incluso allí, el sombrero era un accesorio común del tiempo, no un distintivo exclusivo del mundo mágico.

El verdadero salto hacia la cultura popular ocurrió con la novela El maravilloso mago de Oz (1900) y su famosa adaptación cinematográfica de 1939.

La Malvada Bruja del Oeste, con su piel verde, nariz prominente y sombrero negro cónico fijó una imagen que hoy perdura en el imaginario colectivo. Décadas después, el musical Wicked (1995) junto a su versión cinematográfica han renovado este arquetipo al dar profundidad al personaje de Elphaba, reimaginando el sombrero como símbolo de conexión con la tierra y diversidad.

El negro predominante del sombrero en muchas representaciones refuerza su asociación con la noche, lo oculto y lo demoníaco. Gran parte del simbolismo proviene de grabados en madera que solo podían reproducirse en blanco y negro.

En los cuentos clásicos también se adoptó el sombrero puntiagudo por princesas y hadas, especialmente en versiones pastel (como el hennin medieval), lo cual evidencia su versatilidad simbólica.

El sombrero puntiagudo en cifras

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