Imagina un pueblo antiguo que lograba calcular el año solar en 365,2420 días, una cifra más precisa que la del calendario gregoriano hasta el siglo XVI.
Este fue el asombroso logro de los mayas con su calendario, una maravilla matemática y astronómica que documentaba desde los nacimientos de reyes hasta eclipses. Y lo más sorprendente es que todavía perdura en las comunidades indígenas.
Este sistema no era un único modelo, sino varios interrelacionados.
El tzolk’in, considerado sagrado, abarcaba 260 días utilizando números del 1 al 13 y 20 glifos, destinado a ceremonias y predicciones personales. Por su parte, el haab, de carácter solar, sumaba 365 días distribuidos en 18 meses de 20 días más 5 días adicionales conocidos como uayeb, ideales para las actividades de siembra y cosecha.
Juntos formaban la rueda calendárica de 18.980 días o 52 años, momento en el cual se celebraba la ceremonia del fuego nuevo para renovar el ciclo.
La cuenta larga permitía registrar fechas milenarias: kin (día), uinal (20 kines), tun (360 kines), katún (20 tunes) y baktún (20 katunes).
Este sistema comenzó el 11 de agosto del 3114 a.C. y un ciclo crucial concluyó el 21 de diciembre de 2012, tras completar 13 baktunes. Los mayas ajustaban desajustes como los días bisiestos, logrando predecir el ciclo de Venus en 584 días con un margen de error mínimo y contabilizando 69 eclipses en un periodo de 33 años.
Curiosidades que asombran
Los mayas escondían auténticas genialidades en su calendario que parecen sacadas de una novela de ciencia ficción. Aquí van algunos datos sorprendentes:
- Calculaban el año trópico en 365,2420 días, frente a los reales 365,2422; el gregoriano tardó siglos en acercarse a estas cifras.
- El tzolk’in asociaba nombres al día del nacimiento, definiendo así destino y energía espiritual.
- Utilizaban el Códice de Dresde para predecir eclipses, empleando secuencias de 405 meses lunares para anticipar 69 lunas nuevas.
- Un ciclo de 819 días codificaba posiciones planetarias sin necesidad de telescopios.
- El 25 de julio se celebra como Día Fuera del Tiempo, dedicado al perdón y la liberación galáctica.
En Chichén Itzá, la pirámide dedicada a Kukulcán cuenta con 365 escalones, uno por cada día del año. Su precisión astronómica alineaba equinoccios con serpientes descendiendo.
Uso actual y precisión viva
En la actualidad, en Guatemala, el cholq’ij (tzolk’in quiché) sigue siendo una guía para rituales, siembras y nacimientos. Los ajq’ijab (sacerdotes) lo consultan para llevar a cabo ceremonias. El próximo reinicio mayor está programado para el 25 de agosto de 2026. Las comunidades mayas combinan este sistema con el haab para su vida cotidiana, manteniendo viva su esencia tanto espiritual como práctica.
Los mayas concebían el tiempo como algo cíclico: el final de un ciclo era simplemente el comienzo de otro, no un apocalipsis. Su invención del cero junto con las barras-puntos les permitía hacer cálculos exactos. Si lo comparamos con el calendario gregoriano:
| Aspecto | Calendario maya | Calendario gregoriano |
|---|---|---|
| Año solar | 365,2420 días | 365,2425 días (ajustado XVI) |
| Ciclo Venus | 584 días (error 0,08/481 años) | Calculado posteriormente |
| Eclipses | 69 en 33 años | Sin predicción antigua |
| Uso diario | Ritual + agrícola | Civil moderno |
Esta tabla ilustra por qué su precisión sigue sorprendiendo: superaban a los europeos en términos astronómicos.
El ocaso maya y lecciones del tiempo
Mientras su calendario brillaba intensamente, un colapso clásico tuvo lugar entre los siglos IX y X. Entre los años 871 y 1021, la región de Yucatán padeció hasta 8 sequías severas, una prolongándose durante 13 años; estos datos han sido revelados por estalagmitas encontradas en cuevas. Estas crisis agudizaron la escasez hídrica e impulsaron migraciones del sur hacia el norte, llevando al abandono de ciudades emblemáticas como Tikal y Chichén Itzá.
La deforestación exacerbó las sequías: las selvas taladas provocaron erosión y disminuyeron la capacidad para retener agua. A esto se sumaron guerras y fracasos comerciales; sin embargo, fue el clima lo determinante. Las inscripciones en Chichén Itzá cesan durante las sequías, confirmando así su impacto. A pesar de ello, los mayas postclásicos persistieron al norte y su calendario logró sobrevivir.
Rankings de precisión maya
Para ilustrar su genialidad calendárica, aquí tienes un ranking sobre sus logros:
- Año solar: Error mínimo frente a los estándares científicos actuales.
- Ciclo Venus: Predicción precisa utilizada para guerras y rituales.
- Eclipses: Tablas registradas en códices durante siglos.
- Cuenta larga: Fechas desde el año 3114 a.C., sin desfasajes significativos.
- Rueda calendárica: Un periodo de 52 años sin repetir ningún día dentro del ciclo.
Estos sistemas no solo contaban el tiempo; también le conferían un carácter sagrado. Concebían universos en tres niveles –inframundo, tierra y cielos– que influían sobre sus lecturas temporales. Su legado perdura: en Guatemala se han hallado calendarios murales correspondientes a los años 2025-2026 que guían a las comunidades locales.
El calendario maya es una prueba palpable de cómo una precisión ancestral puede derribar mitos antiguos mientras conecta nuestro pasado con los rituales contemporáneos dentro de un ciclo eterno.
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